Crítica: Exodus – Dioses y reyes

Exodus Moisés y Ramsés

“Todo esto ha pasado, y volverá a pasar”. No cabe duda de que estamos condenados a vivir la misma historia una y otra vez. Las ideas originales escasean, y Hollywood se abastece de remakes y reinterpretaciones (que no son tal cosa) de relatos clásicos llevados al cine en numerosas ocasiones. Es más, los ciclos son cada vez más cortos -¿cuántas veces nos van a contar las historias de Spider-Man, Peter Pan o Batman, lo que ocasiona una constante sensación de déjà vu y consecuente hastío en el espectador. Por eso, de entrada la nueva película de Ridley ScottExodus: Dioses y reyes, se nos antojaba a todos innecesaria. ¿Por qué contar una vez más el relato bíblico de Moisés y Ramsés si no es para proponer algo distinto que justifique pasar por la enésima iteración de la historia? Sobre todo cuando ya existen películas como Los diez mandamientosEl príncipe de Egipto (o aquel genial episodio de historias de la Biblia según Los Simpson). Pues bien, después de ver la película, esa pregunta sigue sin respuesta. Aunque eso no quiere decir que Exodus sea un desastre, nada más lejos de la realidad, solo significa que no tiene razón de ser.

Scott, que a estas alturas no necesita ningún tipo de validación artística por sus decisiones profesionales (total, generalmente se le niega por defecto antes de ver sus películas), se ha limitado a orquestar con mano maestra una superproducción clásica, muy clásica, un péplum de los de toda la vida, sin cuestionarse por qué. Exodus es un espectáculo cinematográfico totalmente desprovisto de riesgo y originalidad que sin embargo funciona porque sus aspiraciones se circunscriben exclusivamente a las del blockbuster complaciente y digerible. Esto no se asemeja Exodus_Posterni remotamente al Noé de Darren Aronofsky, sino que propone un regreso a lo conocido, a la seguridad del Hollywood de los estudios y el Star System. Claro que a pesar de esto, Scott y los cuatro guionistas acreditados en Exodus (sí, cuatro, y se nota) se permiten ciertas licencias con respecto a cómo se ha trasladado tradicionalmente el segundo libro de la Biblia a la pantalla. Los cambios más significativos son la manifestación de Dios como un niño (estupendo el actor infantil, chocante la decisión), la separación del Mar Rojo, que tiene lugar de manera natural en lugar de por arte de “magia”, y básicamente que Moshé no obra milagros, sino que se comporta como un guerrero, un líder militar, incluso un héroe. Generalmente, Scott opta por cimentar el film en la historia y la ciencia, evitando el género fantástico al que sí se entregó la mencionada Noé, y dejándose en el camino ciertos pasajes y elementos de la Biblia (una espada sustituye a la Vara de Moisés), con la intención de realizar una película más cercana a Gladiator que a Los diez mandamientos.

Narrativamente, Exodus sale perjudicada por un evidente exceso de tijeretazos en la sala de montaje (¿pensando quizás en el Director’s Cut?), sobre todo en el apresurado desenlace, en el que las Tablas de la Ley son introducidas con calzador. Es obvio que faltan escenas (el personaje de Aaron Paul queda reducido a un par de intervenciones sin apenas diálogo, a pesar de su peso en la historia), y sobran otras tantas (la mitad de tiempo en pantalla de María Valverde es para nada). Esto hace flaco favor a un guión ya de por sí anémico, en el que los personajes son entes planos (Ben Kingsley y Sigourney Weaver no tenían nada mejor que hacer) y los vínculos que los unen apenas existen. Salta a la vista sobre todo en la relación entre Moisés y Ramsés, (supuestamente) el núcleo de la película. Christian Bale y Joel Edgerton llevan a cabo un trabajo interpretativo notable (Edgerton más del lado de la caricatura), pero ni así son capaces de extraer la vida necesaria de un libreto que no sabe plasmar las verdaderas implicaciones psicológicas y familiares de la historia -como vemos también en la nula relación de Seti (John Turturro) con sus hijos. Y a pesar de todo esto, es Ridley Scott, alzándose por encima de las circunstancias, quien sí logra exprimir las posibilidades cinematográficas que brinda la liberación del pueblo hebreo de los egipcios, para enarbolar un producto técnica y visualmente impresionante con cierto aire a cine de catástrofes, una gran epopeya en la que las impecables secuencias de las Siete Plagas y el Mar Rojo (¡un tsunami!), así como su excelente factura (diseño de producción, vestuario y la música de Alberto Iglesias), nos ayudan a obviar las carencias del guión.

Valoración: ★★★

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , ,

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas