El fenómeno: Bajo la misma estrella

Ansel Elgort Shailene Woodley

A mí me pirra un fenómeno teen. Los productos audiovisuales orientados a prepúberes y adolescentes del siglo XXI han alcanzado una sofisticación inaudita en los últimos años. Es cierto que muchos de ellos no ocultan su naturaleza prefabricada y disfrazan conformismo de singularidad y rebeldía, pero los que más repercusión han obtenido en los últimos años suelen estar edificados sobre una base de buenas intenciones (más allá de las económicas, se entiende), ruptura de estereotipos y en general, mensajes muy válidos para la chavalada, que debemos acoger con entusiasmo en esta época de cinismo y sobreprotección.

Me gusta Los juegos del hambre porque despierta pasión, conciencia sobre la corrupción del sistema y nos ofrece el modelo alternativo de heroína cinematográfica que necesitábamos desde hace años. Me considero directioner, porque yo también fui adolescente y sé lo importante que es la afiliación a un movimiento fan como este, uno que además lanza el encomiable (y mercantilizado, pero qué más da) mensaje “sé fiel a ti mismo”. Y por supuesto, me gusta Bajo la misma estrella (The Fault in Our Stars), el pelotazo editorial de John Green, convertido en una de las películas más (sorprendentemente) exitosas del año. Por eso, cuando Fox Home me invitó a verla otra vez con un código de descarga de Fox Digital HD, no pude negarme. Me descargué la película, cogí el paquete de kleenex, me abracé a la almohada y me abandoné una vez más al dulce sufrimiento de la épica historia de amor de Hazel Grace Lancaster y Augustus Waters.

BLME

Primero os cuento un poco cómo me descargué la película, por si os interesa. Yo elegí la plataforma iTunes, que es la que suelo usar para descargar música y vídeo, aunque también está disponible en wuaki tv, Google Play, PlayStatio Store y Xboxvideo. Lo mejor de la descarga es que están disponibles las dos versiones de Bajo la misma estrella, la estrenada en cines (9,99€) y la versión extendida (10,99€), con un puñado de escenas adicionales (incluido el cameo del autor del libro, John Green). Yo, por supuesto, he visto la versión extendida en alta definición. Necesitaba saber si esos pasajes del libro que eché de menos en la película habían sido incluidos (la respuesta es “todos menos uno”). Lo dicho, la descarga es muy fácil, inmediata y segura. Introduje el código y al rato ya estaba en mi librería (donde se quedará 4ever & ever y desde donde la compartiré con mi hermana, que es público -supuestamente- objetivo), disponible en varios idiomas, con multitud de subtítulos e incluso contenidos adicionales. La versión extendida son 2 horas y 13 minutos de Hazel y Gus, y como fan irredento de esta pareja de adultos atrapados en los (esbeltos) cuerpos de dos adolescentes que saben lo que es bueno –Buffy y Expediente X-, puedo decir que no sobra ni un segundo de metraje. Okay?

Josh Boone, cuya primera película fue la estimable Un invierno en la playa, dirige la adaptación cinematográfica de The Fault in Our Stars, bajo la supervisión del escritor John Green. El resultado es una película tan fiel al libro en el que se basa que parece que las páginas han cobrado vida en la pantalla. La elección de Shailene Woodley y Ansel Elgort como Hazel y Gus es sin duda uno de los mayores aciertos de casting de los últimos años, uno de esos casos en los que parece que los personajes estaban escritos para ellos, y nadie más. Físicamente, quizá Woodley se asemeja más a Hazel que Ansel a Gus, pero ambos realizan un trabajo interpretativo excelente, trasladando a la pantalla las idiosincrasias de los personajes, convirtiéndose absolutamente en ellos (Woodley rebosa talento, pero el irresistible y carismático Elgort es la revelación de la película). Si acaso, la adaptación se deja en las páginas algo de la agresividad y el humor cáustico que caracteriza a la protagonista, cuya encarnación en el cine es algo más apacible y cordial. Este es el único aspecto en el que se distancia la película del libro, en el que Green describe con asombroso acierto qué es eso de la “rabia adolescente“, y cómo funciona cuando además de los “dolores de crecimiento” se padecen los dolores de una enfermedad como el cáncer. La película no evita adentrarse en los pasajes más oscuros y deprimentes del libro, aunque opta siempre por un acabado limpio y aséptico, más acorde al envoltorio de romance adolescente hollywoodiense que la cubre, utilizando la muerte para hablarnos de la vida y promover el optimismo. Por supuesto.

Film Review The Fault In Our Stars

The Fault in Our Stars puede parecer a simple vista la enésima cinta basada en una novela young adult superventas, y hasta cierto punto lo es. Pero no estamos ante un romance crepusculiano o una Divergente más (saga en la que Woodley y Elgort hacen de hermanos, por cierto), nada más lejos de la realidad. Bajo la misma estrella tiene mucho más en común con esa joya sobre el rito de paso de la adolescencia que es Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower) que con cualquier saga Y.A. Los personajes de Perks bien podrían haber sido amigos de Hazel y Grace de haber compartido barrio (y década). Las voces de todos ellos se asemejan, en tanto en cuanto no son más que las de los propios autores utilizando a sus personajes como vehículos para expresarse y narrar sus experiencias o su visión de la adolescencia. Y aunque esto puede chocar al principio, sin esa forma rebuscada y petulante de hablar (a lo Dawson Leery & co.), no serían los mismos chavales autoconscientes y de vueltas de todo (se están muriendo, ¿cómo van a estar si no?) de los que nos enamoramos en las páginas escritas por Green.

A Bajo la misma estrella se le pueden achacar varias cosas: alguna que otra escena excesivamente almibarada y ridícula (la visita a la casa de Ana Frank) o el hecho de que podría catalogarse fácilmente como “pornografía emocional“. Claro que yo soy de los que piensan que el porno no tiene por qué tener nada malo, sino más bien todo lo contrario. La historia de Hazel y Gus nos invita a realizar un ejercicio de purga, de liberación, y nos permite (casi que nos obliga a) llorar a moco tendido en una emotiva y dolorosa recta final que nos habla tanto de los que se van como de los que se quedan. Pero sobre todo insiste en la idea del primer amor, del amor adolescente, como el evento más importante y transformador de nuestras vidas, magnificado como metáfora por la enfermedad que los personajes padecen. El “infinito” del que Hazel y Gus hablan debería ser un concepto muy familiar para cualquiera que recuerde esa intensa etapa de su vida, pero por si acaso, la película se asegura de que no se nos haya olvidado. Bajo la misma estrella es un fenómeno con derecho a serlo, un producto muy cuidado, inteligente y diseñado para la iconoclastia, una de esas películas que nos llegan de vez en cuando, y que se atreven a retratar la adolescencia con tacto y respeto.

Valoración: ★★★★

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