Crítica: Escobar – Paraíso perdido

Josh Hutcherson Escobar

Un pequeño pueblo costero de Colombia, una playa de ensueño, arenas blancas, mar cristalino y olas perfectas, el lugar ideal para alguien como Nick (Josh Hutcherson), surfero canadiense que viaja con su hermano y su cuñada a este paraíso que parece a todas luces aún virgen. Allí, Nick conoce a María (Claudia Traisac), chica autóctona de sonrisa irresistible y encanto natural. Es amor a primera vista para Nick, y para ella también, aunque tarda un poco más en darse cuenta. Ambos inician una bonita relación, lo que lleva a Nick a entrar a formar parte de la familia de María y conocer a su tío, el líder popular Pablo Escobar (Benicio del Toro). Todo marcha bien hasta que Nick descubre los trapicheos de Escobar y se adentra en su red de narcotráfico sin saber hasta qué punto llegan los crímenes de su tío político. El paraíso colombiano en el que Nick se enamora se transforma en un infierno del que parece no poder escapar.

Escobar Paraíso perdido cartelEscobar: Paraíso perdido es la ópera prima del actor italiano Andrea Di Stefano, un trabajo de sorprendente temple narrativo e introspección que escapa hábilmente de las garras del biopic común. Escobar no está concebida como una biografía cinematográfica al uso, sino como un thriller con elementos de romance protagonizado por otra persona, en este caso el muy solvente Josh Hutcherson. El mayor acierto de Escobar es por tanto haber relegado al capo de la mafia colombiana a un segundo plano, en lugar de ponerlo en el diván del psicoanalista para humanizarlo y darle sentido a su salvaje comportamiento (tendencia habitual de este tipo de películas). Así, el personaje interpretado con precisión mimética por Benicio del Toro se convierte en una amenaza en la sombra, el hombre detrás del telón, lo que aumenta la sensación de desasosiego y temor hacia él. Escobar opera a través de sicarios mientras él no se mancha de sangre y se dedica a cultivar su imagen pública como político del pueblo y para el pueblo y hombre de familia, lo que brinda una oportunidad de oro para cultivar el suspense en la película.

Situándonos en todo momento en el punto de vista de Nick, Di Stefano logra transmitir el terror de la incertidumbre y la desesperación tras descubrir por fin quién es en realidad Pablo Escobar Gaviria. Después de una primera mitad de exposición e idilio romántico, Escobar estalla en una serie de escenas en las que El Patrón nunca está de cuerpo presente, pero se siente en cada uno de los planos de la película, como si fuera el mismísimo diablo (a destacar la visita a la mina en la que el protagonista recibe un encargo imposible). A medida que Nick trata de salir de las fauces del lobo, su implicación en el Cartel de Medellín es aún mayor, sin que él pueda hacer nada por evitarlo. Esto resulta en un intenso e impactante tramo final en el que Josh Hutcherson hace un gran trabajo luchando para salir de la pesadilla y nosotros deseamos salir con él.

Valoración: ★★★½

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