Crítica: Dos días, una noche

Dos días una noche Marion

Texto escrito por David Lastra

El ser humano es un yonki de las grandes preguntas. Aquellas cuestiones que acarrean graves consecuencias y que no dan pie a ningún tipo de ambigüedades. Desde el blanco o negro, al A o B, pasando por el ensalada o patatas fritas, o el Beatles o Rolling Stones (aunque la respuesta correcta sea la Velvet). Los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne (Rosetta, El niño de la bicicleta) van un paso más allá con su nueva cinta. Dos días, una noche nos convierte en espectadores, valga la redundancia, del juicio y consiguiente veredicto de una atroz elección: ¿qué prefieres: que una persona conserve su empleo o cobrar la paga extra? Tras las primeras risas malignas ante la posibilidad de largar al compañero/a pesado/a de turno, el miedo y la indecisión te golpean… y vaya que si te golpean.

Habiéndonos desquiciado con hijos no deseados, abandonos varios y demás abusos, los Dardenne nos traen su film más luminoso, pero a la vez más espeluznante. Después de una baja por depresión, Sandra (Marion Cotillard) está dispuesta a volver a su trabajo en una fábrica. Días antes de su reincorporación, recibe la noticia de su posible despido. En un arrojo de chantaje capitalista justificado por la crisis, su jefe ha puesto a sus compañeros/as ante la difícil diatriba ya mencionada de elegir entre cobrar su paga extra o que Sandra conserve su empleo. Si votan por conservar su bonus, Sandra irá al paro; si por el contrario, abogan por el compañerismo, dejarán de ingresar un dinero para el que todos/as ya tenían planes. ¿Vale más una persona que una reforma de un patio?, ¿cuántas facturas de la luz pagarías con la vida laboral de una mujer? Ante un primer sondeo negativo, Sandra tiene un fin de semana para intentar convencer a todos sus compañeros/as y conseguir su apoyo en la votación definitiva. Dos días y una noche en los que veremos a Sandra luchar ante una injusticia social (desde el punto de vista de sus apoyos) o mendigar de manera egoísta (para los otros).

Marion Cotillard Dos días una noche

Los Dardenne vuelven a acertar de pleno a la hora de retratar un cuento moral cotidiano, repitiendo unas pautas de autoría que más de uno podría tachar de encasillamiento al no salirse en ningún instante de su espacio creativo de seguridad. Se podría criticar, de igual manera, que sus proclamas son tan marcadas como mascadas, aunque como en el caso de El espíritu del 45, el documental de Ken Loach sobre la sanidad pública en Inglaterra, la necesidad de gritar y plasmar esas ideas, justifica todo tipo de representación idílica (que no buenrollista) de los buenos actos de solidaridad y bondad humana.

La gran novedad de este film dentro de la filmografía de los Dardenne ha sido la inclusión de una actriz de renombre en uno de sus repartos. La oscarizada Marion Cotillard (La vida en rosa, De óxido y hueso) borda la fragilidad borderline de Sandra, haciéndonos empatizar durante todo el metraje con sus bajones y sus momentos de alegría, especialmente en las escenas en el automóvil con el marido, un Fabrizio Rongione (habitual de los Dardenne) que se ve eclipsado totalmente por Cotillard, no estando a la altura en ningún momento. ¿Aunque quién podría estar a la altura de la fiera interpretativa que es Marion Cotillard?

A pesar de que sea una mera coincidencia, no es mala idea que la llegada de Dos días, una noche haya tenido lugar en la temporada de Halloween, ya que supera con creces a niveles terroríficos toda la obra de James Wan, el niño bonito del nuevo cine de Terror (Insidious, Expediente Warren). A ver quién es capaz de mirar a sus compañeros/as de trabajo de igual manera después de haber visto esta película. #TeamSandra

Valoración: ★★★½

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