Crítica: Ojalá estuviera aquí

WISH I WAS HERE

Zach Braff, conocido por dar vida al doctor John Dorian, aka J.D., en la comedia televisiva Scrubs, saltó a la dirección cinematográfica en 2004 con Algo en común (Graden State), una peliculita que, sin hacer demasiado ruido, y contando con la por aquel entonces estrella emergente Natalie Portman, se ganó cierta reputación como cinta de culto. Exactamente diez años más tarde, Braff firma su segunda película para el cine, Ojalá estuviera aquí (Wish I Was Here), para la que ha contado con el mecenazgo de sus muchos fans en Internet a través de la web de crowfunding Kickstarter. Esta especie de continuación en espíritu de Garden State llega pues en una época de transformación para el cine, como refleja la historia de su producción. Sin embargo, ese es el único indicio de que Ojalá estuviera aquí es una película de su tiempo. Braff se apunta al modo de hacer cine de 2014 para hacer una cinta estancada en 2004.

Aidan Bloom (Braff) es un hombre de 35 años, eterno aspirante actor y casado con dos hijos, que se resiste a abandonar el sueño de Hollywood mientras su mujer, Sarah (Kate Hudson), trabaja para sustentar a la familia. Bloom vive la mayor parte de los días con un pie en el mundo real y otro en su fértil mundo imaginario, donde sigue convirtiéndose en el guerrero espacial que creó cuando era pequeño. Su imaginación le ayuda a sobrellevar el paso de los días y a enfrentarse a sus verdaderos problemas, pero nunca con el mismo resultado que en sus ensoñaciones. Cuando Aidan se entera de que su padre (Mandy Patinkin) se está muriendo, él y su hermano Noah (el omnipresente Josh Gad) deciden salir del estancamiento de sus vidas para empezar a vivirlas de verdad. Cada uno a su manera. Aidan se centra en la educación de sus hijos, a los que lleva en un road trip de aprendizaje y (auto)conocimiento, mientras Noah saca todo su potencial creativo para diseñar el mejor cosplay de la Comic-Con de San Diego.

cartel ojalá esutviera aquíOjalá estuviera aquí es un asunto de familia. La película está escrita entre hermanos (Zach y Adam Braff), y durante la mayor parte del metraje se apoya en la satisfacción de ver una cara conocida, desde Jim Parsons a Donald Faison, amigo y hermano de Braff desde Scrubs, que tenía un asiento reservado en esta reunión familiar desde el principio. Por eso, el film de Braff es algo así como un regalo a sus seguidores, una oda a la amistad profesional, y un guiño continuo, salpicado de calidez y espíritu geek. Pero Ojalá estuviera aquí también es una historia que aspira a algo más grande. Brach se atreve a reflexionar sobre la paternidad, la religión (su relación con el judaísmo proporciona los momentos más simpáticos), la adolescencia, llegando incluso a cuestionarse el sentido de la vida. Las respuestas, por muy ciertas que sean, se presentan como una sarta de topicazos, lecciones vitales de tres al cuarto, y lemas de póster motivacional. Entre pasajes oníricos, “inspiradores” montajes musicales y diálogos sobre dejar de ser Peter Pan, Ojalá estuviera aquí nos bombardea con leitmotivs varios. Los de siempre. Ya sabéis, carpe diem, no dejes nunca de perseguir tu sueño, hay que decir “te quiero” mientras se puede, nunca es tarde si la dicha es buena, la vida es lo que te pasa mientras haces planes (“Life is happening all around you”), y así hasta el infinito y más allá.

Aunque Ojalá estuviera aquí es un trabajo realizado con amor, y esto es algo que salta a la vista (tanto en el tratamiento de la historia como en el cuidado e iconoclasta apartado estético), el resultado es una obra tan bienintencionada como terriblemente convencional y falta de originalidad. Perdonamos a Braff por este manual de autoayuda porque al menos su película nos regala un puñado de buenas interpretaciones: empezando por él, muy acertado y contenido ¿interpretándose a sí mismo?, siguiendo por Kate Hudson, que nos desvela que en realidad es una muy buena actriz que escoge mal sus proyectos, sin olvidar al sublime Mandy Patinkin, y destacando sobre todo a la pequeña Joey King, una gran fuerza vital con un brillante futuro por delante.

Valoración: ★★

Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,

Comentarios (1)

 

  1. Mara dice:

    Sale Mandy Ptinkin. La veo y punto.

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas