Crítica: Líbranos del mal

1175917 - DELIVER US FROM EVIL

Como todas las películas sobre fenómenos paranormales y posesiones, Líbranos del mal (Deliver Us From Evil) está convenientemente basada en una historia “real”, la de Ralph Sarchie. La película, dirigida por el experto en la materia Scott Derrickson (El exorcismo de Emily RoseSinister) cuenta la historia de este policía de Nueva York (Eric Bana), un hombre de familia que lleva a cabo la investigación de una serie de asesinatos vinculados a fenómenos extraños. Movido por lo que su compañero de patrulla llama el “radar”, Sarchie tiene un sentido preternatural que lo vincula personalmente a estos sucesos paranormales, alejándolo a la vez de su mujer (Olivia Munn) y su hija pequeña. Para llegar al fondo del misterio, el agente solicita los servicios del sacerdote Mendoza (Édgar Ramírez), un clérigo poco convencional con sus propios demonios personales.

Líbranos del mal pósterLíbranos del mal sigue al pie de la letra el manual de las películas de casas encantadas y exorcismos, y nos inunda de topicazos con escenas que solemos ver en una docena de películas al año (la niña que mira debajo de la cama, la caja musical de juguete que salta sola) y echando mano de todos los clichés narrativos que buenamente puede (incluyendo el irritante problema del padre absorto en su trabajo que descuida a su familia). Sin embargo, aporta un enfoque menos común, el de la investigación criminal, que resulta en un extrañamente efectivo híbrido de terror moderno y procedimental policíaco clásico que ayuda a que la película se mantenga del lado “real” del género, en oposición a las variantes más fantásticas que hemos visto recientemente. Si en la mayoría de películas de este tipo el espectador se pregunta (muy comprensiblemente) “¿dónde está la policía?”, en Líbranos del mal se reconfortará sabiendo que está en el centro del relato todo el tiempo. En este sentido, Bana hace un trabajo más que aceptable representando de forma gradual y natural el paso del escepticismo a la convicción, algo a lo que no se suele dar tanta importancia en este cine.

Derrick saca provecho de las oscuras, sucias y lluviosas calles del Bronx para ambientar los horrores de la historia en un escenario muy realista, transformando lo cotidiano en terrorífico, y ofreciendo un buen catálogo de imágenes impactantes que se quedará en la retina (y el estómago) de más de uno (el pintor en el sótano, el bebé, el apartamento infestado de cucarachas, la “instalación artística” con el perro y el gato). No obstante, también se preocupa de amortiguar el alto contenido macabro de la película con bastantes golpes cómicos, casi siempre provenientes del compañero de Sarchie, robaescenas interpretado con gracia y carisma por Joel McHale (Community). Claro que, al final, nada de esto es suficiente para que el filme destaque de entre tantos productos clónicos que nos llegan a la cartelera periódicamente. Líbranos del mal acaba cayendo en los vicios de siempre y recurriendo a los trucos más gastados, así como a la mayor cantidad de sustos fáciles posible (da igual que os tapéis los ojos, el sobresalto lo proporciona la música). Esto desemboca en un clímax insoportablemente alargado en el que asistimos a un exorcismo interminable que parece más bien una clase magistral sobre el tema.

Valoración: ★★½

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