Cine en casa: El gran hotel Budapest y Río 2

rio 2

Gracias a 20th Century Fox Home Entertainment España he podido disfrutar de nuevo esta semana de dos películas que se acaban de añadir a su catálogo digital en Fox Digital HD. Se trata de la aclamada El gran hotel Budapest, de Wes Anderson, y la secuela del éxito de animación Río. Ambas están ya en Blu-ray y DVD, aunque yo he podido descargarlas en versión Digital HD. Si no vais a ir al cine esta semana (aunque os lo recomiendo, porque se acaba de estrenar esa maravilla titulada Cómo entrenar a tu dragón 2) estas son buenas alternativas para los que se quedan en casa evitando el horroroso calor de agosto. El gran hotel Budapest es ideal para ver solo y acompañado, y Río 2, como no podía ser de otra manera, es perfecta para ponérsela a los niños.

Además de la comodidad de ver el cine más reciente en casa o en cualquier dispositivo móvil, el Digital HD os permite ver muchos títulos seleccionados, como los dos mencionados, semanas antes de que estas sean lanzadas en formato físico, mediante descarga (almacenándolas en la famosa nube) o en streaming a través de las plataformas Itunes, wuaki tv, Google Play, Playstation Store y Xboxvideo (el precio de las pelis de Fox suele ser de 9,99€). Yo he elegido iTunes para descargar las películas (en un par de pasos ya las tenía en mi nube). La calidad de imagen, por supuesto, es inmejorable, y las películas están en varios idiomas y tienen múltiples opciones de subtítulos, algo imprescindible si, como yo, preferís el cine en versión original. Y lo mejor de todo es que, como mañana me voy de vacaciones (regreso al hogar que me vio nacer), mis hermanos podrán ver también las películas, a las que accederé desde allí con iTunes.

Imagen 86

Sin más, os dejo con lo que me han parecido las películas en el segundo visionado, ahora en casa.

Esta es mi opinión sobre EL GRAN HOTEL BUDAPEST:

El gran hotel Budapest es todo un acto de autoafirmación (otro), una cinta con la que el director de Los Tenenbaums y Fantástico Mr. Fox se mantiene en su elemento, insistiendo en su potente identidad estética y su peculiar sentido del humor, entre lo sofisticado, lo privado y el slapstick más bobo, resguarecido en su zona de seguridad, con sus excéntricos personajes meticulosamente centrados en el plano, dentro de ese universo perfectamente simétrico y casi estático de cuadrados y retablos. La contagiosa iconoclastia de Anderson es lo que le ha convertido en uno de los más venerados autores cinematográficos de la actualidad, y El gran hotel Budapest es otro ejemplo más de su destreza a la hora de fusionar arte y estupidez para darnos un cine que solo él puede hacer.

A pesar de que su campaña promocional pueda darnos la impresión de que estamos ante una película coral, El gran hotel Budapest es la historia de dos hombres, el afamado conserje Monsieur Gustave  y el botones Zero Moustafa, y su amor por el emblemático edificio y una joven repostera, respectivamente. Una rocambolesca aventura llena de acción ala Anderson, protagonizada por un inspiradísimo Ralph Fiennes y el recién llegado a la familia Anderson, Tony Revolori, que entiende el El Gran Hotel Budapest cartelhumor andersoniano como si llevara trabajando con él toda su carrera. Claro que, como no puede ser de otra manera, por el film desfilan infinidad de rostros conocidos, en su mayoría intérpretes fetiche del director que no quieren perderse la fiesta: Bill MurrayOwen WilsonJeff Goldblum, Edward Norton, Jason Scwartzman, Tilda Swinton en una de sus dos magníficas interpretaciones protésicas de este año (en esta y Snowpiercer está para ponerle un monumento). El elenco de secundarios es multitudinario, pero a excepción de la (todavía promesa) Saoirse Ronan y los villanos Willem Dafoe yAdrien Brody, casi todos entran en la categoría de cameo. Están ahí desempeñando la función de un elemento más de lapuesta en escena, objetos colocados por Anderson con la misma minuciosidad que el resto. En este sentido, El gran hotel Budapest sale perjudicada por confiar excesivamente en la mera presencia de estos actores para generar comedia. Funciona, porque No Murray, No Party, pero también refuerza la idea de que Anderson está cada vez más exclusivamente interesado en la forma por encima del fondo.

El gran hotel Budapest es otra porción del universo fársico y absurdo de marionetas que Anderson ha creado a lo largo de los años, ese grand gignol inspirado en el cine mudo, con el que el director ha afianzado su estilo -sobreviviendo en repercusión a muchos de sus contemporáneos-, y que en esta película resulta particularmente exultante y bello (como una descomunal tarta de diseño). Anderson confecciona el film con la precisión que lo caracteriza, perfeccionando sus técnicas cinematográficas: el uso de hermosas maquetas en miniatura, el stop-motion, el estilo cartoon, los paneos horizontales y verticales, los intertítulos, esa estudiada paleta de colores, la planificación por capas y los saltos en el tiempo (que esta vez además coinciden con cambios en el aspect ratio, sin duda una gran idea). Además, el director cuenta de nuevo con una sublime partitura del ubicuoAlexandre Desplat, ya imprescindible en su cine. Todo para crear otra “realidad inventada“, otro exquisito mundo de caos y confusión medido al milímetro; un escenario en el que el director mueve a sus personajes, obteniendo la mejor comedia de ellos gracias a sus cronometrados movimientos de cámara y su montaje. En definitiva, la labor de orfebrería visual y sonora (o de TOC, según se mire) que Anderson orquesta en la película es encomiable, y sin duda hará las delicias de sus seguidores.

 

Y aquí os dejo con la crítica de RÍO 2:

No cabe duda de que Río 2 es un producto excelentemente manufacturado, de hecho, puede que su principal problema es que sea demasiado perfecta e inocua para que muchos (adultos) nos la tomemos en serio como cine. Lo que no se puede negar es que, aunque todo forme parte de una fórmula testada (o precisamente por eso), Río 2 es muy simpática -es más, no se pasa de graciosa como suele suceder con estas películas, y se agradece-, transmite valores educacionales muy valiosos, y aunque sobre decirlo, es técnicamente impresionante.

Rio 2En ese sentido, Río 2 supera con creces a su predecesora, que ya era un precioso festival de sonido y color que tapaba una historia mil veces contada. Como mandan las leyes de las secuelas, esta segunda parte multiplica todos los elementos de la primera: la familia de Blu y Perla aumenta con tres retoños y la introducción de la familia política, vemos a muchas más especies animales, no solo aves, que nos dan algunos de los momentos cómicos más inspirados de la película (como la audición en la selva para el Carnaval de Río), y tanto el jolgorio y la aventura como el peligro aumentan exponencialmente. La acción se traslada de las calles de Río de Janeiro hasta la selva del Amazonas, y no se podría haber sacado más provecho del escenario natural que se recrea. Qué belleza.

En cuanto a lo que se nos cuenta -la clásica historia de animales divididos entre la vida domesticada y sus raíces salvajes + el héroe de andar por casa que debe demostrar su valía + la típica lección ecológica-, Río 2 no es una película para el recuerdo, pero merece la pena aunque solo sea por sus exultantes imágenes en la selva y por la excelente animación de la anatomía de los pájaros, sin duda uno de los puntos fuertes de esta franquicia. Otro sería el componente musical, sin duda lo que le otorga su identidad y separa a Río del resto de películas cortadas por su mismo patrón. Río 2 es un musical de altura, una cinta rebosante de samba y bossa nova en la que las sensacionales coreografías de los pájaros en la selva al ritmo de la música compuesta y producida por John Powell (Cómo entrenar a tu dragón) son lo único verdaderamente sobresaliente de la propuesta.

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas