Crítica: Las vidas de Grace (Short Term 12)

Brie Larson Las vidas de Grace

Muchos seriéfilos ya lo sabíamos gracias a su papel en la malograda (e infravalorada) serie de Showtime United States of Tara, pero fue la película Las vidas de Grace (Short Term 12) la que abrió los ojos al resto del mundo: Brie Larson es toda una revelación. De hecho, muchos se sorprendieron al no verla entre la lista de candidatas a Mejor Actriz en la pasada edición de los Oscars. Larson da vida a la Grace del título, una joven que trabaja como supervisora en un centro de acogida para adolescentes problemáticos y desfavorecidos, y que debe compaginar su duro y absorbente trabajo con su vida en pareja. La aparición de una nueva “visitante” al centro de acogida obligará a Grace a entrar en contacto consigo misma y a enfrentarse a sus traumas del pasado antes de dar un paso importante en su vida.

Las vidas de Grace es una de esas películas pequeñas por definición, que se convierten en “pequeñas grandes películas” con el boca-oreja. El filme de Destin Daniel Cretton es tan discreto, tan tranquilo y delicado que es muy fácil pasarlo por alto, pero hacerlo sería un error. Se respira un increíble halo de naturalidad a lo largo de todo el metraje, y su relato discurre sin grandes aspavientos, dando al espectador un lugar donde refugiarse, donde sentirse resguardado y atendido, nunca sobreprotegido o subestimado. Cretton encuentra el balance perfecto entre drama y comedia sin caer en las estrategias sentimentales artificiosas del mal llamado indie USA, manteniendo en todo momento la capa de realismo que hace que nos involucremos al cien por cien con Grace y los adolescentes a su cuidado. A través de las historias independientes, que van tomando forma pausada pero firmemente, Cretton nos incluye en el viaje emocional de sus personajes, revelando un dominio del drama y una velada ambición autorial que contrasta con la factura y el tono tan modesto de la propuesta.

Las vidas de Grace cartel españolLa de Grace es una historia de superación, de entendimiento y comunicación, y también de amor, un amor profundamente anclado en la realidad de la situación de ella y su pareja, Mason -también fantástico John Gallagher Jr.-, que nos presenta una relación franca, condicionada tanto por el trabajo de ambos como por el pasado de Grace. Cretton construye a su protagonista como a una persona dañada, pero nunca tóxica o destructiva, una mujer que aplaca su tristeza y su miedo ayudando a los demás, y que solo se descarga ante la persona que duerme a su lado. Esa es la definición del amor para Cretton, un amor que a veces es un ejercicio de resistencia, un amor que únicamente se materializa y puede sobrevivir si se comparte el dolor, y si se conserva la esperanza.

La atmósfera de naturalismo que envuelve la película nos permite fijarnos en esos pequeños instantes que definen a los personajes, y que marcan el pulso de una historia profundamente conmovedora que, no obstante, rara vez se rinde a los dictados del melodrama. En lugar de eso, se deja que la luminosidad, el optimismo y el buen humor se apoderen del filme -algo que por otro lado hace que sus golpes duelan más. Cretton levanta una película audaz, valiente ya no solo por la crítica social y los dilemas morales que plantea, o por abordar de frente el tema de los niños olvidados y el abusos a menores, sino por la soltura y accesibilidad con la que lo hace.

Pero como decía, Las vidas de Grace es sobre todo Brie Larson, el corazón del relato, y una promesa cumplida gracias a este agradecido personaje. Ella es la personificación de las mejores cualidades de la película, esa inspiradora mezcla de fortaleza y fragilidad, y una inteligencia y sensibilidad convertidas en las mejores armas profesionales. Grace es toda una heroína cotidiana, una mujer real, y una fuente de motivación, al igual que todos aquellos héroes invisibles que, como ella, anteponen el bienestar de los demás al suyo propio, y que nos desvelan una realidad de la que no nos percatamos lo suficiente. Por todo ello, Las vidas de Grace se suma a La clase de Laurent Cantet como una de las mejores películas sobre educadores y trabajadores sociales que nos ha dado el cine reciente.

Valoración: ★★★★

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