Ginger es el corazón (y los pulmones) de True Blood y la séptima por fin arranca

Ginger Pam

Nos estábamos empezando a preocupar mucho. La última temporada de True Blood estaba siendo todo lo contrario a lo que debería ser la temporada final de una serie como esta, o de cualquier serie que ha estado con nosotros siete años. La de Alan Ball siempre ha sido una serie altamente irregular, pero tras una sexta temporada sorprendentemente centrada y bien orientada hacia la recta final, uno esperaba de esta última entrega un poco más de pasión y emoción, un poco más de épica. En su lugar hemos obtenido tres primeros episodios más bien desganados, mediocres, y muy olvidables de no ser por las anticlimáticas muertes que más que conmover o impactar a los fans, los han enfadado por lo deprisa que han ocurrido -aceptamos que por ser la última temporada tengan que caer tantos, pero no de esa manera- y porque no han hecho justicia a los personajes fallecidos. Ah, y este tramo inicial de la temporada también nos ha dejado una de las escenas más memorables de toda la serie, el encuentro erótico de Eric y Jason, un acto de fan service total, gratuito hasta para ser True Bloodpero oye, que no me estoy quejando, que conste. A lo que iba, el caso es que mí ya se me ha olvidado todo lo demás.

Bill 7x04

Todo esto cambia en el cuarto capítulo, “Death Is Not the End“, con el que por fin arranca de verdad la última temporada. Las muertes de Tara, Alcide y la Sra. Fortenberry (además de otros personajes menores) han ocurrido en un abrir y cerrar de ojos, sí. Pero ese no es el problema en realidad (deberíamos estar acostumbrados a que los personajes desaparezcan así), sino todas las circunstancias que las rodean y en general la poca pasión con la que se han acometido. Pero llegados a “Death Is Not the End”, y ya desde su prólogo (que aporta la clausura necesaria), nos damos cuenta de estas muertes no han sido en vano (también narrativamente hablando), que su impacto en los habitantes de Bon Temps, y en especial en Sookie Stackhouse, ha servido como catalizador, para hacerles caminar entre el fuego y adentrarse en la batalla sin pensar en las consecuencias. Ya lo dice el título del capítulo, “la muerte no es el final”. Pero para estos personajes, si lo fuera, no pasaría nada, siempre que esta llegue mientras están luchando. El resultado: Un capítulo intenso y relevante que conjuga humor, drama, acción y camp como mejor se le ha dado siempre a esta serie.

Lafayette Jessica

Pero no todo en “Death Is Not the End” es destacable. No sería un capítulo de True Blood sin sus escenas de relleno, y sus subtramas injustificadamente estiradas. Sobran completamente las escenas de Jason y Sam, y en concreto la interminable secuencia en la que visitan a Rosie (who?) para decirle que su marido, Kevin (who?), ha muerto. No podría importarnos menos, y no podría aportar menos a la historia. Si nos quitásemos esas escenas, y ya de paso a Willa (incluso un poco de Jessica), podríamos tener capítulos de 40 minutos, que le habrían venido muy bien a esta serie. En fin, menos mal que tenemos a Sookie, a quien la muerte de su novio (al que nunca quiso tanto como él a ella) le ha empujado a tomar el mando para rescatar a Arlene. Amiga, estratega y líder, Sookie vertebra este episodio, yendo de casa en casa (con esa camiseta roja enorme y esos pelos de no ducharse en una semana) ayudando a cerrar heridas, a recapacitar, y a quitarles la tontería a todos para que se unan a ella en la operación rescate, o para simplemente dejen de ser un estorbo. Es la hora de la verdad, y no se puede estar perdiendo el tiempo en la cama.

Sookie Eric 7x04

Los dos principales apoyos para Sookie son Bill y Eric. Con el regreso del vampiro vikingo, la Stackhouse vuelve a encontrarse en el centro del triángulo amoroso más importante de True Blood. Pero cuando comparamos sus escenas con uno y otro nos damos cuenta de que el triángulo no es equilátero. Aunque siga sintiendo algo por Bill, es Eric el que la convierte en enferma de amor. A Bill le ofrece su sangre para que este reponga fuerzas de cara a la batalla, y le dice “solo es comida”. Lo suyo queda muy atrás, y aunque haya residuos de aquel gran romance, Sookie no pertenece a Compton. Con Northman es distinto. No hay más que verla cuando este aparece ante sus ojos. Ella apenas se puede controlar (ni quiere), y se precipita a sus brazos demostrando que el vínculo que la une a Eric es más profundo e incontrolable. Sin embargo, Sookie tampoco es de Eric, Sookie no pertenece a nadie. Si algo está aprendiendo después de todo este tiempo (y sobre todo después de la muerte de su novio-por-no-estar-sola) es a valerse por sí misma, a descubrir el alcance de sus poderes (no solo los mágicos), a tomar la iniciativa cuando es necesario, y a no ser una víctima. En el anterior episodio vimos a Sookie silenciando las voces que insistían en condenarla por sus errores, por su “asociación” a los vampiros. En “Death Is Not the End” la vemos elevarse por encima de todo y de todos, y ponerse al frente desafiando a su vieja amiga, la muerte, como haría una verdadera heroína.

Arlene Sookie

Los últimos diez minutos de “Death Is Not the End” son True Blood en estado puro. La operación rescate se convierte en un baño de sangre hepática y vísceras en el que, por primera vez este año, tememos de verdad por la vida de los personajes. Y lo mejor de todo es que ninguno de ellos muere en la batalla. Demostrando que no hace falta cargárselos como moscas para transmitir esa sensación de fatalidad apocalíptica. Basta con hacernos creer que un personaje querido podría pasar a mejor vida para ponernos al filo de nuestro asiento. Es lo que ocurre con Arlene, que con el paso de los años, y sin hacer nada especial ni poseer ningún poder sobrenatural, se ha revelado como uno de los pilares de la serie, y una de las mayores constantes en la vida de Sookie. La escena en la que Sookie pide socorro para salvar a su amiga es la más potente de lo que llevamos de temporada, gracias sobre todo a la interpretación de estas dos mujeres. Además, nos da el último cameo del episodio, Terry Bellefleur, después de otros estupendos homenajes a personajes del pasado, que vuelven para contribuir a ese cierre de ciclo que toda serie longeva debe realizar: Hoyt Fortenberry (Jason le dice “Bubba” y yo me quiero morir) y the Magister, que nos remite directamente a la primera temporada.

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Y a pesar de todo este torrente de emociones, lo mejor de “Death Is Not the End” no es su excelente clímax, sino los flashbacks que salpican el episodio de humor, y nos dan a conocer más sobre la historia de los personajes más enigmáticos, magnéticos e interesantes de True Blood: Eric y Pam. Y por extensión, de la mayor diva de la serie (con permiso de Lafayette), el verdadero corazón (y sobre todo los pulmones) de True Blood, Ginger.

A medida que el fin se acerca para Eric, tanto él como su progenie se están ablandando. Y no hay nada mejor que Eric y Pam demostrándose lo mucho que se quieren, algo que beneficia mucho a la serie en general. Los flashbacks de “Death Is Not the End” nos cuentan “La historia de Fangtasia“, y abarcan desde 1986, cuando the Magister convierte a los dos vampiros en regentes de un videoclub local (bravo, bravo, BRAVO) hasta 2006, cuando Ginger tiene la idea de convertir ese palacio del VHS en un palacio de verdad: Fangtasia, la fortaleza de los vampiros en Shreveport (genial Pam lloriqueando: “I hate Shreveport”) con su gran Rey Vikingo Eric Northman sentado en el trono. Con estas fantásticas escenas se brinda homenaje a uno de los personajes recurrentes más divertidos de la serie, y se hace dándole no solo un pasado de lo más jugoso -Ginger como nerd ochentera fan del cine de vampiros y como lolita punk es de lo mejor que me ha dado la serie en estos siete años-, sino otorgándole, en retrospectiva, gran peso en el universo de la serie. Nadie se merecía esto más que ella. Y lo más curioso es que Ginger no grita en “Death Is Not the End”. Sin embargo, la actriz que la interpreta, Tara Buck, lo ha compensado con este genial agradecimiento a los fans de la serie por estos siete años de amor hacia la camarera asustadiza del Fangtasia y hacia esa música celestial que son sus chillidos de terror. Te queremos, Ginger.

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