Crítica: Begin Again

(L-R) KEIRA KNIGHTLEY and MARK RUFFALO star in BEGIN AGAIN

En 2006, una pequeña película rodada con dos duros provocó que cientos de miles de espectadores en todo el mundo desarrollaran una relación idílica y romántica con el cine y la música durante un tiempo. El musical indie Once, sueño húmedo de euro-dreamers, se convirtió en uno de los sleepers de 2006, gracias a su combinación de romanticismo “alternativo” y su melomanía de factura youtubera. Aquella película enamoró, literalmente, a muchos espectadores, que con ella descubrieron otro tipo de musical, uno íntimo y despojado de ornamentos, que en lugar de celebrar el espectáculo ensalzaba la importancia del proceso de composición musical, y lo utilizaba para contarnos cómo se enamoraban los protagonistas.

Su director, el dublinés John Carney, recupera esta idea para realizar Begin Again, una suerte de nueva versión de Once con presupuesto más elevado, reparto de estrellas y con la Gran Manzana como nuevo escenario. Begin Again es la historia de Gretta (Keira Knightley), una compositora británica que vive en Nueva York a la sombra de su prometido, Dave (Adam Levine), que está inmerso en pleno proceso de transformación en una gran estrella de la música gracias a su participación en una exitosa película (como la vida misma, que diría Carney). Una noche, durante una actuación en un bar del East Village, Gretta es descubierta -muy a su pesar- por el presidente de un sello discográfico, Dan (Mark Ruffalo), que le propone grabar un disco con él al margen de las majors, y de la ley, reclutando músicos amateur, familiares y amigos, y con distintas localizaciones de la ciudad de Nueva York como estudios de grabación improvisados para cada canción.

Cartel BEGIN AGAINBegin Again es una película tan común y predecible como reconfortante y universal, un dulce que no amarga a nadie, vaya. El filme despierta simpatía a base de buenas actuaciones, y echando mano de lugares comunes siempre complacientes -como el del padre ausente que conecta con su hija adolescente (Hailee Steinfeld, cómo no). Carney utiliza la misma fórmula que en Once, para presentarnos un romance en este caso mucho más soslayado que el de Guy y Girl, uno que lleva por derroteros inesperados, sobre todo en su desenlace. Lo queramos o no, Begin Again acaba calando a base de buenas intenciones, y sobre todo gracias a un notable casting y unas interpretaciones que rebosan química y naturalidad (los actores están tan cómodos, que a veces dejan de actuar y se limitan a disfrutar el momento). Keira Knightley rebaja sus cotas de histrionismo (sigue siendo la misma histérica de siempre, pero a menor escala), Mark Ruffalo está idóneo en el papel de rufián encantador (aunque necesite ir al logopeda urgentemente), y Adam Levine, líder del grupo Maroon 5, sorprende en su primer papel importante con una actuación que da con las notas adecuadas, fluctuando acertadamente entre la parodia y la humanidad a la hora de dar vida a su personaje.

Curiosamente, lo menos cuidado de la película son las canciones. Melódicamente funcionan, se quedan en la cabeza, y cumplen su propósito de acompañar emocionalmente a la historia y los personajes, pero fallan estrepitosamente las letras (subtituladas en su versión en castellano, claro está), que parecen haber sido escritas viendo la tele, tremendamente cursis y facilonas, incluso ridículas, tanto que en ocasiones uno se pregunta si estamos ante un elemento paródico. Se salva la inspirada pieza central de la banda sonora, la balada “Lost Stars“, interpretada por Levine. Aún con todo, la música está siempre en el corazón del relato, nos da las mejores escenas (la ruptura de Gretta y Dave, el paseo nocturno compartiendo iPod, la emocionante última grabación en la azotea) y marca el tempo de manera que Begin Again no tiene un solo bajón de ritmo, logrando la hazaña de componer el equivalente a un “disco” sin relleno innecesario. Carney no arriesga en ningún sentido, se limita a mantenerse en su elemento y repetir lo que se le dio bien una vez, incluyendo tímidamente varias reflexiones sobre el estado de la industria discográfica, pero nada más. Lo importante de Begin Again es tanto su relación como la de los personajes con la música, y cómo estos la utilizan para comunicarse y refugiarse, para curar heridas y mirar hacia el futuro. El resultado es una película tremendamente cálida y acogedora que despertará en más de uno la necesidad de perseguir un sueño.

Valoración: ★★★

How Xena Changed Our Lives

NO ESTA

Me hallo sorprendido, emocionado y agradecido después de leer el libro de Nikki Stafford How Xena Changed Our Lives: True Stories By Fans for Fans (ECW Press, 2002), que encontré en una librería de segunda mano de Portobello Road, en un viaje reciente a Londres.

Sorprendido porque no esperaba encontrarme con tantos testimonios valiosos y serios, de gente que va más allá de la mera obsesión (casi material) por un objeto de la cultura popular y que lo utiliza realmente para mejorar su vida. Esperaba leer a muchas fans locas de atar por Xena, freaks sin más, pero me he encontrado con muchos textos escritos desde la sensatez más absoluta, por gente inteligente, totalmente cuerda (no digo que ser superfan sea estar loco, ya me entendéis), con una visión muy certera y equilibrada del mundo y de cómo su obsesión encaja en él. Admirable.

Emocionado por testimonios de adolescentes que encontraron en Xena y en Gabrielle la confianza en sí mismos que les faltaba, de víctimas de bullying que se enfrentaron a sus acosadores con éxito, de chicas que descubrieron un nuevo mundo en el que la mujer podía valerse por sí sola, de enfermos que salieron adelante con la ayuda de la Princesa Guerrera (llamadas de teléfono de la mismísima Lucy Sin ley incluidas), de escritoras de fan fiction que acabaron escribiendo guiones para la serie, y por supuesto, de muchas mujeres que gracias a Xena aceptaron su orientación sexual.

También por leer muchas anécdotas sobre las actrices protagonistas, de la mano de los fans que acudían a las muchas convenciones que se organizaban de Xena: La princesa guerrera a lo largo y ancho del mundo (la de Pasadena de 2001 sale a colación en casi todas las historias, y se equipara en todas a La Meca del xenite, leyéndolas duele mucho habérsela perdido). Me conmueve absolutamente la entrega de estas dos mujeres, y del equipo que tenía alrededor, para con todos los fans de la serie. Esto ocurría sin duda porque eran conscientes del impacto que causaban en la gente, y de lo importantes que eran para tantas personas, algo que por desgracia muchos otros no valoran.

Sorprendido también por leer en todos estos relatos cómo era esto de ser fan en el cambio de milenio. Parece que fue ayer, pero allá por 2001 (cuando se escribieron los relatos de este libro) casi nadie tenía Internet en sus casas y el DVD aún daba sus primeros pasos. Me ha impactado leer historias en las que los fans descubrían Xena porque alguien les dejaba un VHS con capítulos grabados, o que pedían a sus amigos que les trajeran información impresa sacada de Internet en el trabajo de sus padres, o de fans alemanes e italianos a los que les dejaron de emitir la serie por la tele y al no tener manera de ver las últimas temporadas, leían en los foros y miles de webs de Xena lo que había pasado en ellas. También es curioso lo de los arcaicos mailing lists, y cómo se forjaron las primeras amistades y relaciones amorosas a través de Internet, pre-Facebook y pre-Todo.

También impactado por lo muchísimo que devastó a los fans el final de la serie. No había leído textos con tanta ira en muchísimo tiempo. “Friend in Need” desató la furia de la mayoría de seguidores, según ellos, porque Robert Tapert traicionó todos los valores en los que se sustentaba la serie. Los seguidores se refugiaron en el fan fiction, uno de los más importantes de la historia del medio, para “arreglar” y continuar el final ellos mismos, dando lugar a una infinidad de textos que se sumaron a los ya existentes.

Y finalmente, agradecido porque yo formo parte de este, y de otros fandoms, y porque, por tanto, entiendo hasta qué punto puede cambiarte la vida una obsesión sana como esta, y como tantas otras 🙂

¿Qué serie os cambió a vosotros la vida?

Entrada dedicada a mi adorada Patricia Gm (alias /laesculli)

Crítica: Las vidas de Grace (Short Term 12)

Brie Larson Las vidas de Grace

Muchos seriéfilos ya lo sabíamos gracias a su papel en la malograda (e infravalorada) serie de Showtime United States of Tara, pero fue la película Las vidas de Grace (Short Term 12) la que abrió los ojos al resto del mundo: Brie Larson es toda una revelación. De hecho, muchos se sorprendieron al no verla entre la lista de candidatas a Mejor Actriz en la pasada edición de los Oscars. Larson da vida a la Grace del título, una joven que trabaja como supervisora en un centro de acogida para adolescentes problemáticos y desfavorecidos, y que debe compaginar su duro y absorbente trabajo con su vida en pareja. La aparición de una nueva “visitante” al centro de acogida obligará a Grace a entrar en contacto consigo misma y a enfrentarse a sus traumas del pasado antes de dar un paso importante en su vida.

Las vidas de Grace es una de esas películas pequeñas por definición, que se convierten en “pequeñas grandes películas” con el boca-oreja. El filme de Destin Daniel Cretton es tan discreto, tan tranquilo y delicado que es muy fácil pasarlo por alto, pero hacerlo sería un error. Se respira un increíble halo de naturalidad a lo largo de todo el metraje, y su relato discurre sin grandes aspavientos, dando al espectador un lugar donde refugiarse, donde sentirse resguardado y atendido, nunca sobreprotegido o subestimado. Cretton encuentra el balance perfecto entre drama y comedia sin caer en las estrategias sentimentales artificiosas del mal llamado indie USA, manteniendo en todo momento la capa de realismo que hace que nos involucremos al cien por cien con Grace y los adolescentes a su cuidado. A través de las historias independientes, que van tomando forma pausada pero firmemente, Cretton nos incluye en el viaje emocional de sus personajes, revelando un dominio del drama y una velada ambición autorial que contrasta con la factura y el tono tan modesto de la propuesta.

Las vidas de Grace cartel españolLa de Grace es una historia de superación, de entendimiento y comunicación, y también de amor, un amor profundamente anclado en la realidad de la situación de ella y su pareja, Mason -también fantástico John Gallagher Jr.-, que nos presenta una relación franca, condicionada tanto por el trabajo de ambos como por el pasado de Grace. Cretton construye a su protagonista como a una persona dañada, pero nunca tóxica o destructiva, una mujer que aplaca su tristeza y su miedo ayudando a los demás, y que solo se descarga ante la persona que duerme a su lado. Esa es la definición del amor para Cretton, un amor que a veces es un ejercicio de resistencia, un amor que únicamente se materializa y puede sobrevivir si se comparte el dolor, y si se conserva la esperanza.

La atmósfera de naturalismo que envuelve la película nos permite fijarnos en esos pequeños instantes que definen a los personajes, y que marcan el pulso de una historia profundamente conmovedora que, no obstante, rara vez se rinde a los dictados del melodrama. En lugar de eso, se deja que la luminosidad, el optimismo y el buen humor se apoderen del filme -algo que por otro lado hace que sus golpes duelan más. Cretton levanta una película audaz, valiente ya no solo por la crítica social y los dilemas morales que plantea, o por abordar de frente el tema de los niños olvidados y el abusos a menores, sino por la soltura y accesibilidad con la que lo hace.

Pero como decía, Las vidas de Grace es sobre todo Brie Larson, el corazón del relato, y una promesa cumplida gracias a este agradecido personaje. Ella es la personificación de las mejores cualidades de la película, esa inspiradora mezcla de fortaleza y fragilidad, y una inteligencia y sensibilidad convertidas en las mejores armas profesionales. Grace es toda una heroína cotidiana, una mujer real, y una fuente de motivación, al igual que todos aquellos héroes invisibles que, como ella, anteponen el bienestar de los demás al suyo propio, y que nos desvelan una realidad de la que no nos percatamos lo suficiente. Por todo ello, Las vidas de Grace se suma a La clase de Laurent Cantet como una de las mejores películas sobre educadores y trabajadores sociales que nos ha dado el cine reciente.

Valoración: ★★★★

Crítica: Anarchy – La noche de las bestias

Anarchy la noche de las bestias

Si por algo será recordada la primera entrega de The Purge (en España muy explicativamente rebautizada La noche de las bestias) es por ser una de las ideas con mayor potencial más desaprovechadas del cine de terror reciente. James DeMonaco firmaba (como guionista y director) una obra que partía de una premisa tan implausible y absurda como jugosa desde el punto de vista narrativo: En un futuro próximo, el gobierno de Estados Unidos ha declarado una noche al año en la que todos los crímenes (incluidos el asesinato y la violación) son legales. El propósito de tan pintoresca iniciativa es el de “purgar” la sociedad, permitiendo que los ciudadanos liberen a su bestia interior durante una noche, para así escapar a estos impulsos durante el resto del año. Según los informes del gobierno, esto propicia una drástica caída en los índices de criminalidad, y una gran mejora de la economía del país. Pero la realidad es otra, y la purga no se refiere tanto a la experiencia de liberación animal de los que participan en ella como a la aniquilación paulatina de los estratos menos privilegiados de la sociedad. No es más que el plan perfecto para eliminar a los pobres y hacer más ricos a los ricos.

The Purge (La noche de las bestias) fue erróneamente concebida como filme de invasión doméstica, lo que limitaba dramáticamente las posibilidades de la historia, convirtiéndola en una sumamente inepta película de suspense sobre una familia de idiotas encerrados en su propia casa. Cuando uno veía The Purge, no podía evitar tener la sensación de que se estaba perdiendo lo mejor, de que lo más interesante estaba ocurriendo fuera de esa casa, en las oscuras calles sin ley de las grandes ciudades. Afortunadamente, DeMonaco se percató del error que había cometido con la primera película, y se comprometió con la segunda a arreglar todo lo que fallaba, llevando así la acción a la calle y abriendo el relato por completo. El resultado es Anarchy: La noche de las bestias, una cinta que si bien sigue fallando en lo más básico (la consistencia de la propuesta), aprovecha por fin la idea original para realizar una aventura de acción y suspense cuanto menos digna.

Anarchy cartel españolEn lugar de ceñirse a una sola familia, DeMonaco reparte el relato entre múltiples frentes, orquestando una película coral llena de piezas sueltas que se van uniendo a lo largo del metraje. Los caminos de un hombre con sed de venganza, una pareja de jóvenes en crisis a los que se les avería el coche en plena purga y una familia de clase baja formada por una madre soltera y su hija adolescente convergerán mientras todos intentan sobrevivir a la noche en las calles de la ciudad. Anarchy se convierte así en una especie de fusión entre survival horror, fantasía utopico-distópica y película de aventuras nocturnas (¡Jo qué noche!Aventuras en la gran ciudad versión macabra), un filme bien construido, con giros ingeniosos y de pulso ejemplar, con el que es muy difícil aburrirse.

Además de haber dado con el tono adecuado y la estructura óptima para la película, DeMonaco deja de ignorar las implicaciones de la purga, y escribe a sus personajes de manera que estos representen los diversos aspectos de la sangrienta iniciativa, la naturaleza de la venganza, la segregación, la manipulación de los medios y la corrupción de las clases altas. Estas últimas son por cierto las que peor paradas salen, especialmente durante la incendiaria recta final de la película, en la que DeMonaco se adentra por completo en terreno satírico (los ricos son villanos caricaturescos y la purga se convierte en un juego del gato y el ratón al más puro estilo Hunger Games). Solo durante el clímax, al director se le va de las manos su crítica a la sociedad moderna, cayendo en discursos maniqueos y sacando conclusiones demasiado simplistas -que por otro lado, son las únicas posibles en un producto de esta naturaleza. Aún con todo, Anarchy no baja el ritmo en lo que a acción y suspense se refiere, aguantando el tipo de la primera a la última escena, y haciendo algo que no ocurría en la primera parte: establecer una conexión entre el espectador y los personajes, mucho más definidos que en la primera purga.

Anarchy: La noche de las bestias es un reset muy acertado, el verdadero arranque de lo que podría llegar a ser una interesante franquicia de terror. Tiene todos los ingredientes necesarios para desarrollar una historia a mayor escala: un fornido héroe atormentado (Frank Grillo merece ser el rostro de la saga), una gran conspiración de la que aún queda mucho por destapar, y muchos más aspectos de la purga que, ya sea por cobardía o por falta de tiempo, se quedan en el tintero (aunque dudo que se atrevan a desarrollar el escabroso tema de la violación, demasiado arriesgado pudiendo centrarse en la violencia armada, mucho más normalizada en el cine americano). DeMonaco barre bajo la alfombra la primera parte con este “ahora sí”, y pone en marcha la saga que The Purge debió ser desde el principio, construyendo una película muy eficaz, incluso divertida y a ratos trepidante, que cumple su cometido con creces -algo que tiene más mérito si pensamos que se ha llevado a cabo en tiempo récord, sin duda para borrar el rastro de la primera parte cuanto antes. Solo esperamos que con los siguientes capítulos, las cotas de exceso y mordacidad se multipliquen para reflejar fielmente el truculento disparate que es la purga en sí.

Valoración: ★★★

Crítica: Sex Tape (Algo pasa en la nube)

1138130 - SEX TAPE

La trama del vídeo porno casero es muy habitual en la comedia de situación televisiva. Una de cada tres sitcoms la incorporan de una manera u otra, generando malentendidos y conflictos clónicos entre unas series y otras. Lo de siempre, vamos. Ahora imaginad una película en la que esta trama episódica se convierte en el (único) argumento principal, y durante una hora y media se estiran las posibilidades y los gags que suele generar. Si lo habéis hecho, es como si ya hubierais visto Sex Tape (subtitulada en España Algo pasa en la nube en “homenaje” a la Mary de los hermanos Farrelly, *sic*), la historia de un matrimonio de cuarentañeros que deciden reavivar la chispa sexual grabando una sex tape, que, evidentemente, será difundida contra su voluntad, concretamente a través de “la nube” de AppleSex Tape es una carrera a contrarreloj (una suerte de road movie suburbana si gustáis) para evitar que amigos, vecinos, y mundo entero puedan acceder al vídeo de marras.

Cameron Diaz y Jason Segel son Annie y Jay, una pareja de padres modernos con niños y trabajos que consumen todo su tiempo. Responden al mismo arquetipo que hemos visto en películas recientes como Malditos vecinos o Si fuera fácil, desvelando la obsesión reciente de la comedia USA con este tema: adultos que se resisten a dejar el pasado atrás y se niegan a aceptar que no se puede ser un universitario toda la vida. Sex Tape abre con un montaje en el que Annie y Jay practican sexo como animales en celo, en todos los lugares y posturas posibles. Diaz y Segel, enterrados bajo capas de filtros y rejuvenecidos digitalmente, se antojan Sex Tape pósterinadecuados para esta película desde el principio. Él (por muy bien que nos caiga) no posee el carisma necesario y ella está metida en el asunto a medias. Por no hablar de que la película es mucho menos indecente de lo que creen sus responsables, y la desnudez es muy tramposa. De acuerdo, hay escenas más explícitas de lo habitual, pero en ningún momento Sex Tape se atreve a ir más allá del sexo burdamente coreografiado para hacer reír: ella tiene doble, y no enseña los pechos, y él (aunque sí los enseña) fue mucho más lejos en una sola escena de Forgetting Sarah Marshall que en esta película entera. Eso sí, para vender la película, ella aparece en bragas en el cartel, y él con pantalones largos. En fin.

Sin embargo, esta osadía a medias tintas no es lo peor de Sex Tape, sino más bien el hecho de que ya desde la segunda escena sentimos que no hay suficiente historia para rellenar los escasos 90 minutos que dura. La verdadera indecencia es lo mucho que se estiran las escenas, y lo implausible de su recta final: un absurdo chantaje y un ridículo clímax que lleva a los protagonistas a lo más profundo de la industria del porno en Internet. Claro que nada de esto puede compararse al atroz e insultante product placement de Apple, y concretamente del iPad, que se sucede a lo largo de todo el metraje. Una de cada tres palabras del guión es “iPad”, el personaje de Segel va dejando píldoras sobre las increíbles prestaciones del producto (que lleva a salir disparado por una ventana y aterrizar sano y salvo en la calle), y el dispositivo forma parte central del argumento (de manera completamente inverosímil), puesto que es lo que el matrimonio utiliza para grabar su sex tape de tres horas de duración (“¡wow, qué resolución tiene!”). El iPad es el verdadero protagonista de Sex Tape, llegando a eclipsar a Segel y Diaz. Aunque poco hacía falta para eclipsar a esos dos.

Sex Tape tiene ocasionales destellos de ingenio (“nadie sabe cómo funciona la nube”) y de humor absurdo (el personaje de Rob Lowe, y sus cuadros disneyanos son los principales responsables), y a otra cosa no, pero sus actores se entregan completamente a la comedia física, dando como resultado un par de gags alocados que destacan sobre los demás. Sin embargo, el humor es predominantemente mediocre, ofensivamente simplón y vulgar (atención al numerito del perro), lo que choca en ocasiones con el halo de prudencia con el que se maneja el componente sexual (que no estalla verdaderamente hasta los créditos finales), y con el obligatorio desenlace sentimental. En definitiva, no hay una sola razón, más allá de la publicidad de Apple, que explique la existencia de este producto de advertainment difícilmente clasificable como cine.

Valoración: ★½

Crítica: Vampire Academy

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Es muy fácil malinterpretar Vampire Academy. Para empezar, porque ni la propia película sabe cómo quiere ser interpretada. Se trata de la enésima adaptación cinematográfica de una saga literaria para adolescentes, y para más inri, aborda el hiper-manido universo de los vampiros, lo que de entrada invita a que nos aproximemos a ella con recelo, incluso con todas las conclusiones ya sacadas. Pero la eficacia y el éxito de la película de Mark Waters se debe medir en términos relativos. De acuerdo, la película es un caos, pero hay en ella suficientes indicios de que la intención nunca fue la de crear una nueva CrepúsculoLos juegos del hambre, sino reírse de ellas (y si colaba, lanzar nueva franquicia a rebufo de ellas).

Tomad el aspecto “didáctico” de la saga Harry Potter (internado para adolescentes sobrenaturales, clases de magia), una pizca de la fundacional Buffy, cazavampiros (chicas pateaculos y vampiros intensos), y una gran dosis de Chicas malas (la anterior película de Waters). Mezclad y agitad todo en un recipiente con varios litros de autoconsciencia y referencias a la cultura popular, y obtendréis Vampire Academy, una obra sumamente obsesionada con contarnos cómo funciona.

A partir de los libros de Richelle Mead, Mark y su hermano Daniel Waters (que se ocupa del guión) levantan una mitología tremendamente confusa y abarrotada (¿psicosabuesos? WHAT?). Durante la primera media hora de Vampire Academy, los Waters se aseguran de que el espectador no se pierda, y lo hacen con sobre-explicaciones y rótulos que nos guían como si se tratase de la fase tutorial de un videojuego. A partir de ahí, la historia de las BFFs Rose Hathaway (Zoey Deutch) y Lissa Dragomir (Lucy Fry) se desarrolla explicitando en todo momento sus reglas y comentando incesantemente lo que se nos está mostrando.

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Por ejemplo, en esta película se pronuncia más veces la palabra “adolescencia” (o “adolescente”) que “fuck” en Pulp Fiction. Esto no hace sino llamar la atención sobre la realidad del proyecto (y de todos los proyectos de esta naturaleza): detrás de la voz de estos jóvenes hiper-hormonados hay un montón de adultos que solo entienden la adolescencia a partir de los tópicos que el cine teen nos lleva alimentando durante 30 años -cotilleos, guerras de popularidad, superficialidad, sexo y traición- y que no tienen otra manera de exponerlos que poniéndolos en boca de sus personajes, cuyos diálogos a veces se limitan a repetir “iPhone” y “Facebook”, como si estas palabras formaran un lenguaje aparte. Algo falla cuando la protagonista te tiene que decir directamente “No soy una adolescente normal, ¿pero es que eso existe?”, en lugar de que esta idea se transmita a través de la historia. Os reto a buscar a un adolescente real en cuyo vocabulario habitual se encuentre la palabra “adolescente”. Definitivamente, más show y menos tell le habría sentado muy bien a la película.

Aún con todo, Vampire Academy puede (y quizás debe) leerse como fábula -aunque carezca de la mordacidad de Chicas malas-, y sobre todo como parodia de las sagas YA, y por qué no, de la adolescencia en sí misma. La confusión de tonos es predominante, y uno no siempre sabe si se está tomando en serio o no, pero de vez en cuando Waters nos golpea con momentos de sumo cachondeo que llevan la película hacia terreno True Blood. Definitivamente, cuando Vampire Academy se vuelve más alocada, más camp y más cafre es cuando funciona mejor -atención en este sentido al personaje de la divertidísima Sarah Hyland. Por eso agradecemos el (tímido pero contundente) gore, la lascivia (son todos perros en celo, como debe ser: “Tienes experiencia haciéndolo con dos a la vez”, “Quiero que me quite la virginidad”), y las frases lapidarias dignas de la serie de HBO (“Créeme, no querrías operarte la nariz en Montana” o “Podría haber sido modelo. Un hombre en Milán me dio su tarjeta a los 17 años” son algunas de las perlas que escuchamos en el filme), o one-liners que son insultos directos a Crepúsculo, con la que se ensaña a base de bien: “Mi vínculo con Rose es prácticamente un GPS psíquico”; “Dicen que Dimitri es un dios, pues yo soy ateo, y bien armado”. Pura poesía trash.

VAMPIRE ACADEMY

Vampire Academy posee los ingredientes de todas las sagas YA. La amplia y aleatoria mitología fantástica (un desubicado Gabriel Byrne forma parte de ella), una heroína que mola (cuidado, Zoey Deutch es mejor actriz de lo que parece), una banda sonora con temazos (Goldfrapp, M.I.A., Iggy Azalea), y un romance pasado de rosca entre la protagonista y su propio Angel de baratillo (el pelo de Danila Kozlovsky es un crimen a la humanidad). La película de Mark Waters es mala, pero no mala como podría ser CrepúsculoCazadores de sombras, es mala como género. Es decir, pertenece voluntariamente al mismo, o al menos lo intenta. La confirmación de que todo esto no es más que una chorrada suprema, y que no pasa nada si nos descubrimos disfrutándola de algún modo, es el cursi y lacrimógeno discurso final de Lissa (que por cierto, debe ser familia de María Lapiedra), en el que nos habla sobre la sangre, el acoso escolar y el snobismo, invitándonos a reírnos de todo lo que hemos visto hasta ese momento. Si esto no es una parodia, que venga Lindsay Lohan y lo vea. En definitiva, Vampire Academy es tan estúpida y absurda que merece su propio quote-along, y me atrevería a decir que también su propio culto.

Valoración: ★★½

Hemlock Grove (T2): ¿Qué acabo de ver?

Roman Godfrey

No debería sorprendernos ya nada al ver la segunda temporada de Hemlock Grove, porque si nos hemos atrevido a seguir después de aquella indescriptible primera temporada (aquí hago lo posible por describirla), es porque sabemos exactamente lo que la serie de terror de Netflix nos puede ofrecer. Y aún así, es increíble comprobar cómo en estos nuevos 10 episodios las dosis de absurdo aumentan exponencialmente y el caos absoluto que es esta historia (por llamarla de alguna manera) alcanza nuevos límites.

No voy a tratar de resumir la temporada, porque es mejor adentrarse como si nada, y porque no hay sinopsis que valga para que, si no habéis visto esta serie, os hagáis una idea de qué va. Porque nadie sabe de qué va Hemlock Grove, ni los que la vemos, ni los que la hacen. Sabemos que es un cocktail de ingredientes que por separado suenan de lo más atractivo (sexo, poder, vísceras, juventud ociosa y viciosa, divas crepusculares, experimentos genéticos, upirs y vargulfs), pero que juntos conforman el pastiche más extraño e indefinido de la televisión. Como ya sabéis, la serie viene de la mano de Eli Roth, jefazo del torture porn (Cabin Fever, la franquicia Hostel) y auteur de terror (produce mientras duerme, 2001 maníacos, El último exorcismo, etc.). Y se nota, vaya si se nota.

Hemlock S2

Si True Blood (la serie con la que es más fácil compararla) es cerda y cochina, Hemlock Grove es sucia y asquerosa. Y ojo, no lo digo como si fuera algo malo. Si por algo es llevadera Hemlock Grove es por sus altas cotas de gore y su loable empeño en provocar arcadas en el espectador con aberraciones varias (se recomienda no ver la serie comiendo). Hemlock Grove puede ser sensual -ahí están Famke Janssen y Bill Skarsgard para dejarlo patente- pero lo suyo no es la sutilidad o lo sugerente, lo suyo es dar asco, sin motivo, sin explicación, porque quiere y porque puede.

Por eso, además de los contoneos de la Janssen cantando (este año la han convertido en diva de jazz/karaoke) o la fijación por los labios de Skarsgard, esta temporada de Hemlock Grove se ha superado con escenas y bizarradas para el recuerdo: la gigante desfigurada Shelley regalando uno de sus dedos podridos a un niño, Miranda (horrible nuevo personaje) emanando sangre por los pechos, o siendo devorada por Roman (que sigue siendo lo mejor de la serie) provocando una descomunal y preciosa fuente de sangre (sin duda la mejor secuencia de la temporada); todas las veces que Roman se alimenta (y en concreto aquella en la que engulle órganos mutantes en líquido amniótico), o cuando se somete al tratamiento para volver a ser humano (¡agujas en los ojos!); y por supuesto, cuando Peter se transforma en hombre lobo. Extremo, bestia, alucinante. Con diferencia la mejor transformación monstruosa que hemos visto en la tele. Pero la que es sin duda mi escena favorita de la temporada es el cold open en el que ese irresistible Lord Byron que es Roman (atención, la serie es más autoconsciente de lo que parece), acude a un motel de mala muerte y se come las sanguijuelas del torso de un señor mayor como si no hubiera mañana. Precioso. Eso es Hemlock Grove.

Por desgracia, esta segunda temporada ha fallado con el whodunit, ha aburrido con los nuevos personajes, y peor aún, ha dado más peso a la trama de experimentación genética que tiene lugar en la Torre Blanca de los Godfrey, irrisoriamente excesiva hasta para una serie como esta. Hemlock Grove ha rizado el rizo con el regreso de Shelley (que ahora es interpretada por Madeleine Martin de Californication), a la que el doctor Johann Pryce (otro personaje horrible entre tantos, aunque el mejor pronunciando nombres rusos) ha intentado “salvar” trasladando su consciencia al cuerpo de una animadora rubia. Pero bueno, ya hemos visto que con esta serie, todo vale. Sin ir más lejos, en la primera escena de Olivia Godfrey esta temporada, Famke Janssen ha cambiado su acento (antes era supuestamente británico y ahora es yanqui), y se explica como secuela de una operación de lengua. Solo se puede aplaudir.

Hemlock lobo

Hemlock Grove es avariciosamente mala, una producción de tan bajo presupuesto que nunca hay extras y los efectos digitales en 3D parecen hechos en los 90. La seña definitiva de que estamos ante una serie de presupuesto trágicamente ajustado son esas vitrinas Detolf de Ikea decorando las oficinas de la supuestamente vanguardista y multimillonaria White Tower. Pero todo esto forma parte de su encanto, claro. Más que hermana de True BloodHemlock Grove es la respuesta catódica al cine fantástico que vemos en festivales temáticos como Sitges o Nocturna. Un excéntrico cuento gótico, una orgía de nueva carne, un culebrón dinástico (porque en el fondo la serie es toda una telenovela de los 80) sin pies ni cabeza, en el que es inevitable perderse (porque no hay lógica interna para orientarnos), pero que resulta extrañamente magnético. Después de terminar estos nuevos diez episodios -y especialmente después de esa locura de secuencia final en la Torre-, no sé qué he visto exactamente, pero sé que ahora mismo no hay nada igual en televisión, y creo que quiero más.

¡Concurso! Consigue la primera temporada de HOUSE OF CARDS

 Este sorteo ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros sorteos.

House of Cards

Ya está a la venta en España la primera temporada de una de las series más acladamas del último año: HOUSE OF CARDS llega en Blu-ray y DVD de la mano de 20th Century Fox Home Entertainment.

Protagonizada por el nominado al Globo de Oro y al Emmy a Mejor Actor de Drama Kevin Spacey y la ganadora del Globo de Oro a Mejor Actriz de Drama, Robin WrightHouse of Cards es una adaptación de la mini-serie británica del mismo nombre, basada en la novela de Lord Dobbs. Produce esta versión norteamericana David Fincher (Se7en, La red social).

Para celebrar este lanzamiento, 20th Century Fox Home Entertainment y fuertecito no ve la tele os queremos dar la oportunidad de conseguir un pack en Blu-ray de la primera temporada de House of Cards totalmente gratis.

 

Para participar, lo único que tenéis que hacer es responder a esta pregunta:

¿A QUÉ PERSONAJE DE UNA SERIE DE TELEVISIÓN TE GUSTARÍA TENER COMO PRESIDENTE?

También podéis participar en la página de Facebook de fuertecito no ve la tele, respondiendo a la misma pregunta en ESTA FOTO.

 

Bases:

House of Cards temporada 1– De entre todos los participantes elegiremos a un ganador que se llevará totalmente gratis un pack de la primera temporada completa de House of Cards en formato Blu-ray. El ganador lo recibirá en su casa sin ningún gasto por su parte.

– El participante debe incluir su correo electrónico en el formulario de respuesta del blog (no aparecerá público) y se recomienda firmar con nombre y apellido (los pseudónimos son válidos). En Facebook no es necesario.

– Solo contará una participación por dirección IP, las respuestas desde la misma IP con distinto nombre serán marcadas como spam.

– El plazo para participar en el concurso finaliza el jueves 31 de julio de 2014 a las 23:59 (hora peninsular española). El ganador será anunciado al día siguiente en la página de Facebook de fuertecito no ve la tele.

– Concurso válido para solo para España (península e islas).

– fuertecito no ve la tele se reserva el derecho de modificar o anular el concurso si fuera necesario.

¡Mucha suerte!

Claire Underwood

Despiadados y astutos, el congresista Francis Underwood (Kevin Spacey) y su mujer Claire (Robin Wright) no se detienen ante nada para conquistarlo todo. Esta apasionante serie política se interna en el sombrío mundo de la avaricia, el sexo y la corrupción del Washington actual. Kate Mara y Corey Stoll coprotagonizan esta serie de David Fincher y Beau Willimon.

Fuertecito ha dicho sobre House of Cards:

House of Cards es un imponente y sugerente relato que perfecciona el arte del power play como recurso espectacular e instrumento caracterizador de personajes. Un producto de factura impecable que juega según las reglas establecidas de la quality television para ofrecernos una intensa película de 13 horas de duración. Idónea para ver de una sentada, tal y como se concibió.

Crítica: El amanecer del planeta de los simios

El Amanecer del Planeta de los Simios

Han pasado diez años desde los acontecimientos de El origen del planeta de los simios (2011), y en el transcurso de esta década, la “gripe simia” ha acabado con la mayor parte de la población, haciendo retroceder a la Tierra hacia la era pre-tecnológica. En la secuela del éxito de 2011, El amanecer del planeta de los simios (Dawn of the Planet of the Apes, 2014), los supervivientes de la ciudad de San Francisco se hacinan en una pequeña aldea, enfrentándose a la inminente desaparición de los pocos recursos vitales que les quedan -el combustible y la energía se acaban pero cuentan con un enorme arsenal-, y organizados bajo el mando de Dreyfus (Gary Oldman). Mientras, en el bosque vecino, los simios genéticamente alterados de la primera entrega han creado una sociedad que avanza a pasos agigantados, en la que los monos aprenden a comportarse como los humanos bajo el liderazgo de César.

El amanecer del planeta de los simios es un film esencialmente complejo en todos sus planteamientos, pero la cinta de Matt Reeves (Monstruoso) también es un blockbuster de acción y aventuras por definición, una película que diluye con eficacia su enorme carga filosófica en un producto diseñado para el gran público. Es decir, El amanecer… es una de esas películas que dan buen nombre al blockbuster veraniego, una experiencia que aúna espectáculo y reflexión como solo unas pocas saben hacer. Ya desde la impresionante secuencia de apertura, en la que observamos el funcionamiento de la sociedad simia ajena a la existencia de los supervivientes de la raza humana, somos conscientes de que El amanecer… no es una película de acción cualquiera, de que estamos ante una superproducción de inteligencia superior.

El encontronazo con una partida de humanos en el bosque cambia por completo los esquemas de la nación simia, que por primera vez ve su Arcadia amenazada por un “enemigo” exógeno. A partir de aquí, El amenecer… se transforma en una fascinante historia de tintes bélicos sobre el miedo, la comunicación y la confianza, además del relato de una camaradería transformada en profunda amistad, entre César y uno de esos humanos, Malcolm (Jason Clarke). Representantes de la razón y el sentido común, ambos intentan mantener a flote dos sociedades enfrentadas por una serie de malentendidos, y condenadas a la guerra por la existencia del mal inherente que, como César comprueba, no es exclusivo del ser humano. Esto da lugar, como no podría ser de otra manera, a explosivas secuencias de batalla y set pieces que no solo cumplen su función espectacular, sino que siempre están al servicio del objetivo principal de la película: el tratado evolutivo sobre los peligros de alcanzar una inteligencia superior, y la responsabilidad moral que esto conlleva. En este sentido, lo más interesante de la película es observar a César buscando la paz entre ambas civilizaciones, antes de la inevitable guerra.

El Amanecer del Planeta de los Simios_Poster TeaserLa apabullante complejidad y el detallismo (físico, psicológico, fisiológico) de un personaje como César supone uno de los más grandes triunfos del cine de acción de los últimos años. Ni que decir tiene que gran parte del mérito corresponde al excelente Andy Serkis, cuya -fácilmente subestimada- labor interpretativa, en conjunción con la tecnología puntera de Weta Digital, da como resultado los mejores efectos digitales que hemos visto en el cine de Hollywood últimamente. Puede que suene a exageración, pero El amanecer del planeta de los simios no es sino una piedra de toque de la evolución CGI, una película que, al igual que Parque jurásicoAvatar, marca un antes y un después en la historia del cine comercial -aunque seguramente no se le reconozca con el paso del tiempo. Lo que vemos en El amanecer… no lo hemos visto en ninguna otra parte. Desde los paralizantes primeros planos de César hasta el extremo naturalismo del movimiento de los simios (todos actores con motion capture “haciendo el mono”), pasando por las palpables texturas orgánicas, El amanecer… da paso a un nuevo capítulo en el cine.

Por el contrario, los seres humanos de El amanecer del planeta de los simios están (intencionadamente) desdibujados, simplificados, con el propósito de dar mayor énfasis a la transformación de los simios. Y aunque se entienda y se acepte como mecanismo narrativo, esto no hace sino entorpecer la historia (que pierde algo de fuelle y se alarga demasiado al final), sobre todo en las escenas donde solo vemos a los humanos. Por sí solos, personajes como Malcolm o Dreyfus no resultan interesantes. Por no hablar de la mujer del primero, Ellie (Keri Russell), con diferencia el personaje más plano de la película, o el increíblemente estúpido y absurdo Carver (Kirk Acevedo), que se comporta desafiando a la lógica en pos del avance narrativo. Estos personajes solo existen en relación a los simios, y solo con ellos nos dan escenas sobresalientes -como aquella en la que el hijo de Malcolm y Ellie le regala el cómic Black Hole a Maurice y le enseña a leerlo. Pero los humanos son el único punto débil de esta brillante e intensa muestra de ciencia ficción post-apocalíptica, y de eso se trata precisamente, de ilustrarnos, a través del desarrollo de esta civilización naciente, la profunda estupidez del ser humano.

Valoración: ★★★★

Ginger es el corazón (y los pulmones) de True Blood y la séptima por fin arranca

Ginger Pam

Nos estábamos empezando a preocupar mucho. La última temporada de True Blood estaba siendo todo lo contrario a lo que debería ser la temporada final de una serie como esta, o de cualquier serie que ha estado con nosotros siete años. La de Alan Ball siempre ha sido una serie altamente irregular, pero tras una sexta temporada sorprendentemente centrada y bien orientada hacia la recta final, uno esperaba de esta última entrega un poco más de pasión y emoción, un poco más de épica. En su lugar hemos obtenido tres primeros episodios más bien desganados, mediocres, y muy olvidables de no ser por las anticlimáticas muertes que más que conmover o impactar a los fans, los han enfadado por lo deprisa que han ocurrido -aceptamos que por ser la última temporada tengan que caer tantos, pero no de esa manera- y porque no han hecho justicia a los personajes fallecidos. Ah, y este tramo inicial de la temporada también nos ha dejado una de las escenas más memorables de toda la serie, el encuentro erótico de Eric y Jason, un acto de fan service total, gratuito hasta para ser True Bloodpero oye, que no me estoy quejando, que conste. A lo que iba, el caso es que mí ya se me ha olvidado todo lo demás.

Bill 7x04

Todo esto cambia en el cuarto capítulo, “Death Is Not the End“, con el que por fin arranca de verdad la última temporada. Las muertes de Tara, Alcide y la Sra. Fortenberry (además de otros personajes menores) han ocurrido en un abrir y cerrar de ojos, sí. Pero ese no es el problema en realidad (deberíamos estar acostumbrados a que los personajes desaparezcan así), sino todas las circunstancias que las rodean y en general la poca pasión con la que se han acometido. Pero llegados a “Death Is Not the End”, y ya desde su prólogo (que aporta la clausura necesaria), nos damos cuenta de estas muertes no han sido en vano (también narrativamente hablando), que su impacto en los habitantes de Bon Temps, y en especial en Sookie Stackhouse, ha servido como catalizador, para hacerles caminar entre el fuego y adentrarse en la batalla sin pensar en las consecuencias. Ya lo dice el título del capítulo, “la muerte no es el final”. Pero para estos personajes, si lo fuera, no pasaría nada, siempre que esta llegue mientras están luchando. El resultado: Un capítulo intenso y relevante que conjuga humor, drama, acción y camp como mejor se le ha dado siempre a esta serie.

Lafayette Jessica

Pero no todo en “Death Is Not the End” es destacable. No sería un capítulo de True Blood sin sus escenas de relleno, y sus subtramas injustificadamente estiradas. Sobran completamente las escenas de Jason y Sam, y en concreto la interminable secuencia en la que visitan a Rosie (who?) para decirle que su marido, Kevin (who?), ha muerto. No podría importarnos menos, y no podría aportar menos a la historia. Si nos quitásemos esas escenas, y ya de paso a Willa (incluso un poco de Jessica), podríamos tener capítulos de 40 minutos, que le habrían venido muy bien a esta serie. En fin, menos mal que tenemos a Sookie, a quien la muerte de su novio (al que nunca quiso tanto como él a ella) le ha empujado a tomar el mando para rescatar a Arlene. Amiga, estratega y líder, Sookie vertebra este episodio, yendo de casa en casa (con esa camiseta roja enorme y esos pelos de no ducharse en una semana) ayudando a cerrar heridas, a recapacitar, y a quitarles la tontería a todos para que se unan a ella en la operación rescate, o para simplemente dejen de ser un estorbo. Es la hora de la verdad, y no se puede estar perdiendo el tiempo en la cama.

Sookie Eric 7x04

Los dos principales apoyos para Sookie son Bill y Eric. Con el regreso del vampiro vikingo, la Stackhouse vuelve a encontrarse en el centro del triángulo amoroso más importante de True Blood. Pero cuando comparamos sus escenas con uno y otro nos damos cuenta de que el triángulo no es equilátero. Aunque siga sintiendo algo por Bill, es Eric el que la convierte en enferma de amor. A Bill le ofrece su sangre para que este reponga fuerzas de cara a la batalla, y le dice “solo es comida”. Lo suyo queda muy atrás, y aunque haya residuos de aquel gran romance, Sookie no pertenece a Compton. Con Northman es distinto. No hay más que verla cuando este aparece ante sus ojos. Ella apenas se puede controlar (ni quiere), y se precipita a sus brazos demostrando que el vínculo que la une a Eric es más profundo e incontrolable. Sin embargo, Sookie tampoco es de Eric, Sookie no pertenece a nadie. Si algo está aprendiendo después de todo este tiempo (y sobre todo después de la muerte de su novio-por-no-estar-sola) es a valerse por sí misma, a descubrir el alcance de sus poderes (no solo los mágicos), a tomar la iniciativa cuando es necesario, y a no ser una víctima. En el anterior episodio vimos a Sookie silenciando las voces que insistían en condenarla por sus errores, por su “asociación” a los vampiros. En “Death Is Not the End” la vemos elevarse por encima de todo y de todos, y ponerse al frente desafiando a su vieja amiga, la muerte, como haría una verdadera heroína.

Arlene Sookie

Los últimos diez minutos de “Death Is Not the End” son True Blood en estado puro. La operación rescate se convierte en un baño de sangre hepática y vísceras en el que, por primera vez este año, tememos de verdad por la vida de los personajes. Y lo mejor de todo es que ninguno de ellos muere en la batalla. Demostrando que no hace falta cargárselos como moscas para transmitir esa sensación de fatalidad apocalíptica. Basta con hacernos creer que un personaje querido podría pasar a mejor vida para ponernos al filo de nuestro asiento. Es lo que ocurre con Arlene, que con el paso de los años, y sin hacer nada especial ni poseer ningún poder sobrenatural, se ha revelado como uno de los pilares de la serie, y una de las mayores constantes en la vida de Sookie. La escena en la que Sookie pide socorro para salvar a su amiga es la más potente de lo que llevamos de temporada, gracias sobre todo a la interpretación de estas dos mujeres. Además, nos da el último cameo del episodio, Terry Bellefleur, después de otros estupendos homenajes a personajes del pasado, que vuelven para contribuir a ese cierre de ciclo que toda serie longeva debe realizar: Hoyt Fortenberry (Jason le dice “Bubba” y yo me quiero morir) y the Magister, que nos remite directamente a la primera temporada.

Ginger 7x04

Y a pesar de todo este torrente de emociones, lo mejor de “Death Is Not the End” no es su excelente clímax, sino los flashbacks que salpican el episodio de humor, y nos dan a conocer más sobre la historia de los personajes más enigmáticos, magnéticos e interesantes de True Blood: Eric y Pam. Y por extensión, de la mayor diva de la serie (con permiso de Lafayette), el verdadero corazón (y sobre todo los pulmones) de True Blood, Ginger.

A medida que el fin se acerca para Eric, tanto él como su progenie se están ablandando. Y no hay nada mejor que Eric y Pam demostrándose lo mucho que se quieren, algo que beneficia mucho a la serie en general. Los flashbacks de “Death Is Not the End” nos cuentan “La historia de Fangtasia“, y abarcan desde 1986, cuando the Magister convierte a los dos vampiros en regentes de un videoclub local (bravo, bravo, BRAVO) hasta 2006, cuando Ginger tiene la idea de convertir ese palacio del VHS en un palacio de verdad: Fangtasia, la fortaleza de los vampiros en Shreveport (genial Pam lloriqueando: “I hate Shreveport”) con su gran Rey Vikingo Eric Northman sentado en el trono. Con estas fantásticas escenas se brinda homenaje a uno de los personajes recurrentes más divertidos de la serie, y se hace dándole no solo un pasado de lo más jugoso -Ginger como nerd ochentera fan del cine de vampiros y como lolita punk es de lo mejor que me ha dado la serie en estos siete años-, sino otorgándole, en retrospectiva, gran peso en el universo de la serie. Nadie se merecía esto más que ella. Y lo más curioso es que Ginger no grita en “Death Is Not the End”. Sin embargo, la actriz que la interpreta, Tara Buck, lo ha compensado con este genial agradecimiento a los fans de la serie por estos siete años de amor hacia la camarera asustadiza del Fangtasia y hacia esa música celestial que son sus chillidos de terror. Te queremos, Ginger.

Crítica: La cueva

La cueva Eva García Vacas

Si tenéis claustrofobia, os van a dar por culo” se puede oír al comienzo de La cueva, segundo largometraje de Alfredo Montero, tras Niñ@s (2006). Se lo dice entre risas uno de los protagonistas al resto de sus compañeros de viaje, al adentrarse todos en la cueva que ha descubierto junto a la desierta playa de Formentera donde han ido a pasar unas idílicas vacaciones. Sin embargo, no hay duda de que esa frase hace también las veces de disclaimer, un aviso para espectadores claustrofóbicos, hipertensos y aprensivos en general, que lo van a pasar tan mal con esta película como los mismos protagonistas (y los actores) una vez descubran que se han perdido dentro.

La cueva es una acongojante pesadilla espeleológica cuya mayor baza reside en el crudo realismo de lo que tenemos ante la pantalla. Aquí no hay trucos que valgan. La cueva es una localización real, nada de estudios. Se trata de un laberinto de roca cortante, estalactitas, túneles angostos, techos bajos y oscuridad total que pone a prueba los límites de la ficción, y más aún el aguante de unos intérpretes que, una vez metidos ahí dentro, rara vez tienen que actuar de verdad. El compromiso del equipo con la película es tal que, a medida que la pesadilla se desata, ya no podemos hablar de La cueva como una película, sino como una locura extrema hecha cine.

Rodada al estilo found-footageLa cueva recuerda a muchas películas del género en su búsqueda de un nuevo lenguaje del terror, pero va más allá que cualquiera de ellas al no recrear el peligro, sino documentarlo de verdad. Hay una escena en la que uno de los personajes se lanza a un agujero que conecta con el mar, y el fuerte oleaje se lo lleva y lo precipita varias veces contra las rocas. Sabemos que no hay dobles, y que lo que estamos viendo es lo que ocurrió de verdad. Esto hace que la técnica del metraje La cueva pósterencontrado resulte especialmente efectiva, a pesar de las muchas ocasiones en las que se desafía la credulidad del espectador y nos obliga a plantearnos las típicas preguntas que son el eterno sambenito del género. Para empezar, ¿por qué estos cinco jóvenes se adentran en la cueva bien provistos de pilas, baterías para la cámara y cargadores si no es para justificar lo que (ellos no saben que) va a ocurrir, y luego no son capaces de tomar precauciones para no perderse? ¿Por qué Begoña (Eva García Vacas) entra en la cueva si es la aguafiestas que no quiere hacer nada y encima está convaleciente? Y el clásico ¿por qué no se deja de grabar en ningún momento? Claro que, si se desea vivir la experiencia al máximo, debemos pasar por alto estas cuestiones.

La mayor parte del tiempo, la imprevisibilidad de esta excelente localización natural brinda mil y una posibilidades que probablemente no estaban en el guión, lo que propicia algunas de las escenas más impactantes que hemos visto en el terror patrio en mucho tiempo -este film es un ejemplo de la buena salud que disfruta. Sin embargo, hay veces que esto se vuelve contra el proyecto, que a ratos parece ir a ciegas, confiando únicamente en la geografía de la cueva para conducir la historia, hasta que no queda más remedio que introducir el giro que dé lugar al desenlace. Un giro que se antoja algo abrupto y efectista, y que evidencia las mayores carencias del guión: unos diálogos muy artificiales que contrastan fuertemente con el naturalismo de la propuesta. Aun con todo, este clímax de alienación, persecución y supervivencia a toda costa desata una recta final de infarto, en la que Montero ya sí pone en marcha la maquinaria fantástica y recurre a los trucos más fiables del género para asustar al espectador.

Sin embargo, el terror de La cueva prescinde por completo del elemento sobrenatural, y precisamente esto es lo que la convierte en una experiencia tan angustiosa. Montero se adentra en las profundidades del miedo y encuentra al monstruo de la película en el interior de sus propios personajes, dando como resultado una cinta de terror única en su especie que nos obliga a vivir la asfixiante pesadilla de sus personajes en primera persona. Una vez fuera de La cueva, tras compartir la histeria (atención al dolor auténtico de García Vacas) y los ataques de ansiedad de estos jóvenes incautos, recuperamos el aliento y buscamos desesperadamente la luz para asegurarnos de que estamos a salvo.

Valoración: ★★★½

Nominaciones a los Premios Emmy 2014

Mindy Kaling y Carson Daly acaban de anunciar en directo a los nominados en las principales categorías de los Emmy este año.

Aquí los tenéis:

drama

MEJOR SERIE (DRAMA):

Breaking Bad
Downton Abbey
Game of Thrones
House of Cards
Mad Men
True Detective

MEJOR ACTOR (DRAMA)

Bryan Cranston (Breaking Bad)
Jeff Daniels (The Newsroom)
Jon Hamm (Mad Men)
Woody Harrelson (True Detective)
Matthew McConaughey (True Detective)
Kevin Spacey (House of Cards)

MEJOR ACTRIZ (DRAMA)

Lizzy Caplan (Masters of Sex)
Claire Danes (Homeland)
Michelle Dockery (Downton Abbey)
Julianna Margulies (The Good Wife)
Kerry Washington (Scandal)
Robin Wright (House of Cards)

MEJOR ACTOR SECUNDARIO (DRAMA)

Aaron Paul (Breaking Bad)
Jim Carter (Downton Abbey)
Peter Dinklage (Game of Thrones)
Mandy Patinkin (Homeland)
Jon Voight (Ray Donovan)
Josh Charles (The Good Wife)

MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA (DRAMA)

Anna Gunn (Breaking Bad)
Maggie Smith (Downton Abbey)
Joanne Froggatt (Downton Abbey)
Lena Headey (Game of Thrones)
Christina Hendricks (Mad Men)
Christine Baranski (The Good Wife)

comedia

MEJOR SERIE (COMEDIA):

The Big Bang Theory
Louie
Modern Family
Orange Is the New Black
Silicon Valley
Veep

MEJOR ACTOR (COMEDIA)

Louis C.K: (Louie)
Don Cheadle (House of Lies)
Ricky Gervais (Derek)
Matt LeBlanc (Episodes)
William H. Macy (Shameless)
Jim Parsons (The Big Bang Theory)

MEJOR ACTRIZ (COMEDIA)

Lena Dunham (Girls)
Edie Falco (Nurse Jackie)
Julia Louis-Dreyfus (Veep)
Melissa McCarthy (Mike & Molly)
Amy Poehler (Parks and Recreation)
Taylor Schilling (Orange Is the New Black)

MEJOR ACTOR SECUNDARIO (COMEDIA)

Andre Braugher (Brooklyn Nine-Nine)
Adam Driver (Girls)
Ty Burrell (Modern Family)
Jesse Tyler Ferguson (Modern Family)
Fred Armisen (Portlandia)
Tony Hale (Veep)

MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA (COMEDIA)

Julie Bowen (Modern Family)
Allison Janney (Mom)
Kate Mulgrew (Orange Is the New Black)
Kate McKinnon (Saturday Night Live)
Mayim Bialik (The Big Bang Theory)
Anna Chlumsky (Veep)

miniserie

MEJOR MINISERIE

American Horror Story: Coven
Bonnie & Clyde
Fargo
Luther
Treme
The White Queen

MEJOR TV MOVIE

Killing Kennedy
Muhammad Ali’s Greatest Fight
The Normal Heart
Sherlock, “His Last Vow”
The Trip to Bountiful

MEJOR ACTOR (MINISERIE O TV MOVIE)

Benedict Cumberbatch (Sherlock, “His Last Vow”)
Chiwetel Ejiofor (Dancing on the Edge)
Idris Elba (Luther)
Martin Freeman (Fargo)
Mark Ruffalo (The Normal Heart)
Billy Bob Thornton (Fargo)

MEJOR ACTRIZ (MINISERIE O TV MOVIE)

Helena Bonham Carter (Burton and Taylor)
Minnie Driver (Return to Zero)
Jessica Lange (AHS Coven)
Sarah Paulson (AHS Coven)
Cicely Tyson (The Trip to Bountiful)
Kristen Wiig (The Spoils of Babylon)

MEJOR ACTOR SECUNDARIO (MINISERIE O TV MOVIE)

Colin Hanks (Fargo)
Martin Freeman (Sherlock, “His Last Vow”)
Jim Parsons (The Normal Heart)
Joe Mantello (The Normal Heart)
Alfred Molina (The Normal Heart)
Matt Bomer (The Normal Heart)

MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA (MINISERIE O TV MOVIE)

Frances Conroy (AHS Coven)
Kathy Bates (AHS Coven)
Angela Bassett (AHS Coven)
Allison Tolman (Fargo)
Ellen Burstyn (Flowers in the Attic)
Julia Roberts (The Normal Heart)

Podéis consultar el resto de nominaciones en http://www.emmys.com/

Y ahora, a comentar. ¿Cuáles son las sorpresas? ¿Y las grandes ausencias? ¿Hay nominaciones de relleno? Venga, desahogaos.

Californication: …Y así, hasta el final

Episode 712

Esta entrada contiene spoilers de la series finale de Californication. No la leáis si no habéis terminado la serie.

Californication, la serie guarrindonga de David Duchovny, ha tocado a su fin después de 7 temporadas en antena, y su último episodio, “Grace” (7.12), ha sido una auténtica basura maloliente. De hecho, la serie lleva ya muchas temporadas apestando a perro muerto, sin lograr justificar el estiramiento y la repetición que la estancó, si me apuráis, ya desde su segunda temporada. Pero que Californication haya acabado siendo un fiasco, o haber sufrido una temporada final insultantemente mala no es culpa de su creador, Tom Kapinos, ni de Duchovny, ni si quiera de Showtime, que nunca ha sabido y nunca sabrá cuándo y cómo terminar sus series. Culpar a toda esa gente sería como culpar a un búho de lo malo que soy haciendo analogías. La culpa es mía, por haber visto lo que había desde el principio, y aún así haberme quedado a soportar la tortura del “otro año, volvemos a empezar”. Lo que yo hago con mi tiempo es mi responsabilidad, y si Californication me ha hecho perderlo, la culpa es solamente mía.

Pero solo porque admita esto, la serie no se va a ir de rositas. Californication ha tenido sus buenos momentos, sus buenos episodios -de hecho, perfeccionó el arte de la diner party dándonos al menos un gran capítulo de este tipo por temporada-, y se puede dar con un canto en los dientes por no aburrir nunca, a pesar de todo. Sin embargo, llega un momento en el que nada de esto es suficiente para explicar que un producto así haya permanecido en televisión la friolera de siete años. Californication fue una de esas series que no va de nada, pero en el mal sentido. Una historia sin rumbo, sin ton ni son, sin razón de ser, que deambulaba y giraba siempre sobre lo mismo, y rellenaba medias horas con montañas de sal gruesa. Llega un momento en el que el sexo explícito, aberrante y esperpéntico que caracteriza a la serie deja de impactar, y de tener gracia. Y cuando lo único que queda de la serie es eso, mal, muy mal. Californication era mejor cuando se centraba en la “gran historia de amor” de Hank y Karen, pero llegó un momento en el que ya no quedaba nada que contar sobre ella. Sin embargo, lo que no se agota son los dildos, las tetas, las putas, la coca, los chistes anales. No me malinterpretéis, de puritano no tengo nada. De hecho lo que quiero decir es que Californication fue tan pesada con este tema, acabó haciéndolo tan rutinario, que podría curar de espanto a una monja.

Episode 712

Californication fue degenerando temporada tras temporada. Cada año nos ofrecía un nuevo escenario laboral en el que Hank Moody pudiera ser Hank Moody, es decir, para que hiciera lo mismo de siempre, pero con un entorno distinto para disimularlo un poco. La universidad, un estudio de cine, o como esta temporada, la sala de guionistas de una serie de televisión. Todos los años es lo mismo, Hank intenta reformarse a través del trabajo para demostrar a Karen que puede ser un hombre nuevo, pero no hay manera. En cierto modo podríamos entender esta repetición y el carácter cíclico de la serie como reflejo de la personalidad del protagonista, propenso a tropezar siempre con la misma piedra, sin remedio ni capacidad de cambiar y evolucionar. Pero esta idea funciona solo en teoría. Un personaje así puede resultar atractivo e interesante (y desde luego si yo aguanté viendo la serie fue por Moody y Duchovny), pero una serie así acaba cansando muy pronto. Por eso cuando llega su última temporada, y comprobamos que no hay voluntad de clausura, y que va a consistir en el mismo relleno de siempre, nos damos cuenta de que Californication nunca nos quiso contar nada, y que al final ha optado por escudarse en el lugar común de las series “la vida continúa, no tiene fin” para excusar un final pobre, vago, inconcluso y anticlimático.

Ya desde el comienzo de la séptima temporada pudimos ver cómo el buque se empezaba a hundir por completo. La marcha de Becca dejaba la serie coja (quién me iba a decir a mí que iba a echar de menos a esa niñata insoportable), y en vez de centrarse en Hank y Karen, que era la única constante que funcionaba de la serie, se optaba por hacer retcon e incorporar a la serie a un hijo perdido de Moody, Levon, y con él a su MILF, Julia, interpretada por una estupenda Heather Graham (de lo poco verdaderamente bueno que ha tenido esta temporada). Vuelta a empezar. Los Simpson se reiría de este recurso y lo identificará como síntoma del declive definitivo. El personaje de Levon aparecía con la intención de seguir explorando la faceta paternal de Hank, pero acabó sirviendo únicamente para rellenar capítulos con más tramas marranas -aunque sorprendentemente él ha sido quien ha tenido el final más satisfactorio. Y no me hagáis hablar de Runkle y Marcy, dos personajes importantes relegados a segundo plano por los fichajes de última hora, y de esa absurda trama a lo Una proposición indecente que nunca debería haber existido, y ha acabado siendo el único arco final para ellos. Un despropósito absoluto, sobre todo porque la idea no se sostiene de ninguna manera: ¿Cómo nos vamos a creer que el hecho de que el ex de Marcy, Stu Beggs, le quiera pagar un millón de dólares por acostarse con ella suponga algún dilema para esta pareja de libertinos übersexuales que hasta hace poco han estado pasándose por la piedra todo lo que se han encontrado? En una pareja “normal” lo entenderíamos, en su caso no tiene sentido. En fin.

Episode 712

El regreso de Becca en los dos últimos episodios vaticinaba al menos un final que nos diera algún tipo de resolución, uno de esos instantes de introspección, de calma después de la tormenta que hacían que nos reconciliásemos siempre con la serie, aunque fueran siempre iguales. Pero nada más lejos de la realidad. Becca vuelve para anunciar que se casa, y la única escena que comparte con su padre en el final es un sueño. No vemos la boda (que no era imprescindible, pero habría estado bien para dar final al personaje, joder). Claro que lo suyo no es nada al lado de Julia, a la que Hank encasqueta a Rick (Michael Imperioli) en un movimiento de ficha que no se puede explicar dentro de los límites del sentido común, si no es para quitarse de en medio lo más rápido posible al personaje -se suponía que la idea era la clásica disyuntiva entre dos amores, pero ni siquiera esto se ha contado con claridad y coherencia. Una prueba más de que la mala gestión narrativa de la temporada, que se ha dedicado a perder el tiempo hasta que en el último episodio lo ha tenido que calzar todo de manera apresurada -el estúpido desenlace de Marcy y Runkle es más ofensivo que cualquier acto degenerado que los hayamos visto protagonizar a lo largo de estos siete años.

Y como decía antes, ya que en las anteriores seis temporadas nos han contado todo lo que nos tenían que contar sobre Hank y Karen, ya no quedaba nada que decir en este frente. Así que Californication echa mano de uno de los recursos más fáciles de la comedia romántica para terminar la serie (muy final de Friends, por cierto): Un discurso de él hacia ella en el avión a punto de despegar, con el pasaje poniendo cara de “aaaww” (faltó el aplauso). Las palabras de Hank son preciosas, eso está claro, y el gesto de cogerse de la mano es quizás lo mejor que se podía haber hecho llegados a este punto. Pero en general supone un final blandengue donde los haya, y no por su carga dulzona y romántica, que siempre nos ha gustado cuando se trata de estos dos, sino por lo apático y descuidado que resulta todo. Solo los cinco últimos minutos de Californication merecen la pena de este final. Y tiene truco, porque cualquier cosa parece bonita y emocionante con “Rocket Man” de Elton John sonando de fondo. Hank confiesa en su discurso a Karen que le pierden los finales felices. A nosotros también, Hank, pero además nos gusta que sean buenos.

Californication Hank Karen

Sorteo 5 lotes de merchandising de EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (Estreno 18 de julio)

 Este sorteo ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros sorteos.

simios sorteo fuertecito

20th Century Fox España nos trae el próximo 18 de julio a los cines EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (Dawn of the Planet of the Apes), secuela del éxito de crítica y público de 2011 El origen del planeta de los simios, que recaudó casi 500 millones de dólares a nivel mundial.

La crítica mundial ha coronado esta nueva secuela como el mejor blockbuster de este verano, y actualmente cuenta con un impresionante 89 en Metacritic, lo que no hace sino aumentar nuestras ganas de verla.

Para celebrar el estreno el 18 de julio de El amanecer del Planeta de los Simios20th Century Fox y fuertecito no ve la tele os queremos dar la oportunidad de conseguir totalmente gratis uno de estos 5 lotes de merchandising de la película, compuestos por una camiseta de fantástico diseño y una alfombrilla para el ratón.

Para entrar en el sorteo de uno de estos 5 lotes, lo único que tenéis que hacer es contestar a la siguiente pregunta:

¿POR QUÉ TENÉIS GANAS DE VER ‘EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS’?

También podéis participar en la página de Facebook de fuertecito no ve la tele, respondiendo a la misma pregunta en ESTA FOTO

Bases: De entre todos los participantes se elegirá a cinco ganadores al azar que recibirán en su casa el lote de camiseta y alfombrilla sin gasto alguno por su parte.

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Simios_crea_horizontal (Medium)

En EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS una creciente nación de simios genéticamente evolucionados, encabezados por César, se ve amenazada por una banda de humanos que sobrevivieron al devastador virus desencadenado diez años antes. Los contendientes alcanzan una frágil paz pero ésta resulta efímera, pues unos y otros son conducidos al borde de una guerra que decidirá quién emerge como la especie dominante de la Tierra.

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EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS se estrena en España el próximo 18 de julio.

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Teen Wolf: De nuevo por el buen camino

Scott Malia

Teen Wolf es una de las series más irregulares de la televisión. Estamos acostumbraos (que no resignados) a que su creador y showrunner, Jeff Davis, nos dé una de cal y otra de arena. Cierto es que la tercera temporada de la serie fue consistentemente mala, pero aún así nos dio unos cuantos episodios para el recuerdo. Esta cuarta temporada que acaba de comenzar no parecía dispuesta a enmendar los errores de la anterior tanda, sino que daba la sensación, a juzgar por la season premiere, de que la serie iba a seguir incurriendo en los mismos vicios. Sin embargo, me alegra comprobar, después de los siguientes dos episodios, que Davis parece haber escuchado las quejas de sus fans y se ha propuesto llevar la serie de nuevo por el buen camino.

Como espectador, no estoy muy a favor del fan service. Eso de cambiar una serie según las indicaciones de sus seguidores me parece un fenómeno curioso, síntoma de nuestro tiempo, pero también creo que es peligroso, y el creador debería mantenerse lo menos contaminado posible de las corrientes de opinión de Internet, para desarrollar la historia que él y su equipo nos quieren contar, y no la que los fans más vociferantes quieren que nos cuenten. En Perdidos tuvieron que cambiar la trama sobre la marcha, entre otras cosas por las teorías de los espectadores y el odio/amor que estos vertían hacia determinados personajes. Sin embargo, esto no afecta a Mad Men, donde Matthew Weiner hace caso omiso a los fans que detestan a Megan Draper y se ríe de las teorías conspiranoicas que circulan por la red. Pero Teen Wolf es un caso distinto. No estamos hablando de meros caprichos generados a partir del disgusto hacia un personaje, sino de quejas legítimas y fundadas sobre las que había que hacer algo al respecto. En la de MTV más que en ninguna otra serie había que hacer caso a los fans, porque el fan no tendrá siempre la razón, pero el fan de Teen Wolf sí.

Young Derek

Así, en el segundo y el tercer episodio de la cuarta temporada, hemos visto cómo de la oscuridad y el tono agotadoramente épico de la premiere, ambientada en México, se da paso a la luminosidad de la Beacon Hills que conocimos en las dos primeras temporadas. Menos loft de Derek, menos callejones oscuros de la nueva zona de la ciudad (los decorados que se añadieron con la mudanza del set a Los Ángeles) y más instituto. Es lo que queríamos, y se confirma que es también lo que necesitaba la serie. En “117” (4.02), Davis hace lo que debería haber hecho la temporada anterior, encontrar el equilibrio entre humor, romance y terror, que es lo que hizo a esta serie un producto teen muy a tener en cuenta. Y lo hace con un episodio, que al igual que al comienzo de la anterior temporada, se ocupa de un caso en dos partes. En la tercera fue la niña coyote Malia, y en esta el misterio de Derek rejuvenecido, que se resuelve de un plumazo, sin más explicaciones (de momento).

A pesar de la imprescindible intensidad de algunos pasajes, y del ocasional flirteo con el gore, “117” es un episodio básicamente cómico, en el que se explota el estado transformado de Derek para darnos momentos de humor muy conseguidos. Casi todos en relación con Stiles, con el que se establece un juego retro-referencial que nos inunda de guiños a las primeras temporadas -el homo-empotramiento contra la taquilla, el primo Miguel-, y de nuevo sacando provecho del fervor que la audiencia siente por Sterek. El joven Ian Nelson, que se ha pasado sus buenas horas en el gimnasio para hoechlinizarse, realiza un buen trabajo haciéndonos creer que se trata de la versión adolescente de Derek. Tampoco es que tenga que esforzarse mucho, porque el referente no es Meryl Streep precisamente (ella haría mejor de Derek), pero aún así Nelson es todo un acierto de casting -algo que no se podía decir con tanta convicción durante su aparición en la tercera temporada.

“117” será recordado sobre todo por sus dosis de Sterek (aun sin Hoechlin), y concretamente por lo gracioso que está Stiles intentando ocultar quién es en realidad su primo Miguel (como el que quiere hacer pasar por amigo al que en realidad es su novio). Aunque el episodio también nos da buenas dosis de Peter ‘cuello-toro’ Hale – “el Diablo con cuello de pico” igual de diva que siempre, columpiándose entre el humor bobalicón y la grandilocuencia, sin encontrar el punto medio, lo que nos divierte bastante- y Kate Argent, que aparece poco, pero se asegura de dejar huella (o garra), sobre todo con ese tremendamente inapropiado beso con lengua a Derek, que recordemos que tiene ¡15 años! Más que were-jaguar, ¡were-cougar! El regreso de Kate ha sido otro acierto de esta temporada, claramente dispuesta a volver a los buenos tiempos.

El siguiente capítulo (uno de los mejores que nos ha dado la serie últimamente), “Muted” (4.03), centra su acción en Beacon Hills High, devolviéndonos las clases, los vestuarios, los discursos motivadores del entrenador (¡Greenberg!), y sobre todo el lacrosse. Quién me iba a decir que me alegraría tanto de volver a ver a los personajes jugando a este deporte (algo que en las primeras temporadas no era más que relleno). “Muted” usa el lacrosse para presentarnos a un par de nuevos personajes, Liam (Dylan Sprayberry) y Garrett (Mason Dye), dos novatos que amenazan a Stiles y Scott con arrebatarles el puesto en el equipo y en la pirámide social del instituto. Al lado de estos pipiolos, los dos BFF se sienten abuelos, sobre todo Scott, que busca razones sobrenaturales para explicar que alguien lo supere en el deporte rey de Beacon Hills. La carne fresca de Teen Wolf de momento no molesta. Pasamos más tiempo con Liam, con el que Stiles desarrolla ipso facto una fijación extraña que dará para mil y un fan fiction (cuidado Derek, que tienes competencia). Pero queda mucho por saber de los novatos. Espero que no acaben colonizando las tramas como ocurrió con los alfas en la temporada 3A.

Stiles Stilinski s4

En definitiva, “Muted” continúa la tendencia del capítulo anterior hacia el humor, no solo con lo que ocurre en el campo de lacrosse (las caras extremas de Stiles, por favor), sino también con lo que pasa en las clases. Mención especial a Malia. Después de resultar algo forzada en el primer episodio de la temporada, Shelley Henning parece haber encontrado el punto como pez fuera del agua en estos dos siguientes capítulos. Verla “desenvolverse” como estudiante de secundaria, cuando su mentalidad aún está en primaria (su mentalidad, que no su líbido, y si no mirad cómo monta a Stiles a la primera de cambio, cosa que entendemos) es de lo más divertido que nos da este capítulo. Yo ya he aceptado a Malia en la pandilla. También tenemos buenos momentos con Scott y Kira, esos dos cachorritos achuchables que no se han atrevido todavía a DTR, a pesar de que está claro que quieren ser novios, ir de la mano, regalarse pulseras a juego y escribirse poemas. El cambio de Allison a Kira, por mucho que enfurezca a los puristas y por mucho que Arden Cho tenga la expresividad de un cacahuete, es un soplo de aire fresco para la serie, algo necesario entre tanta tragedia e intensidad.

Pero no sería Teen Wolf si no nos intentase hacer pasar un poco de miedo. “Muted” da comienzo con un cold open (¿o debería decir hot open? Auuuuu!) que es Classic Teen Wolf al 100% y que recupera ese regusto por el slasher noventero tipo Scream, con una víctima acechada por un asesino sin identificar. Esta primera escena compendia todo lo que es Teen Wolf, y cuáles son las prioridades de la serie, tan preocupada por el suspense como por sacar el culo del chaval de turno bien centradito en todos los planos. Así sí.

Derek Hale 117

Como suele ocurrir al principio de las temporadas, “117” y “Muted” están sobrecargados de nuevos enigmas, nuevos personajes y criaturas, y unas cuantas relaciones en potencia. Braeden me sobra totalmente, y está ahí para que Derek tenga algo que hacer, y alguien a quien oler el culo (por eso me sobra). No así el ayudante del sheriff, Parrish, que disfruta cada vez de más tiempo en pantalla, y con el que Lydia (más cargante que nunca, por cierto) empieza a desarrollar un caso de TSNR. Por otro lado, tenemos hasta tres seres sobrenaturales que se añaden a las filas de Teen Wolf. Los berserkers, guerreros vikingos aquí reimaginados como terroríficos monstruos gigantes, los misteriosos muted, de los que no sabemos mucho todavía, pero que nos recuerdan indudablemente a los gentlemen y los bringers de Buffy, cazavampiros. Y por último, el wendigo, criatura demónica de la mitología sudamericana, que resulta ser Sean (Glenn McCuen), el chico del cold open -otro nuevo fichaje y el primer shirtless de la temporada. Bravo por los diseños de los tres monstruos (algo en lo que nunca falla esta serie). Y tranquilos, sigue sin haber vampiros en la costa.

Cualquiera podría pensar que nos encontramos de nuevo con un caso de ambición desmesurada que acabará pasando factura a la serie, y seguramente así será, pero de momento, he de reconocer que Davis está encontrando el equilibrio a la hora de combinar todos los elementos de las nuevas tramas. Aunque es verdad que hay demasiados frentes abiertos, y de momento resulta todo muy disperso y caótico (todo sintomático de arranque de temporada), la sensación general no es de estar reviviendo la tercera, sino de haber devuelto la serie, tanto tonal como visual y narrativamente, a la segunda temporada. Crucemos los dedos, o busquemos un hechizo para embrujar a Davis y que la serie no vuelva a descarrilar en los próximos episodios, que no estaría mal descansar durante un tiempo de la bipolaridad que solemos experimentar como fieles de Teen Wolf.

Crítica: El extraordinario viaje de T.S. Spivet

"The Selected works of T.S.Spivet".? Photo: Jan Thijs 2012.

Texto escrito por Daniel Andréu

Jean Pierre Jeunet lo va a tener complicado para quitarse la coletilla de “el director de Amélie”, y más si se embarca en proyectos como el que nos ocupa. El título original de su última película es The Young and Prodigious T.S. Spivet, basada en la novela de Reif Larsen Las obras escogidas de T.S. Spivet. Si ya de por sí el título recordaba al de su gran éxito (aquel Le fabuleux destin d’Amélie Poulin), en España directamente han tenido la genial y sutil idea de rebautizarla El extraordinario viaje de T.S. Spivet.

La primera película en inglés de Jeunet 16 años después de Alien Resurrection podría haber sido una oportunidad para orquestar su gran regreso al mainstream, pero en lugar de ello el director francés ha elegido contar una pequeña  historia familiar, sencilla y con poca intención de hacer ruido. Con la campaña de marketing adecuada se podría haber convertido en un sleeper capaz de capear la marea de taquillazos veraniegos, pero por desgracia poca gente le ha hecho caso.

Spivet PosterLo que empieza pareciéndose demasiado a la estructura de Amélie, concretamente en la presentación de los personajes, va cogiendo forma y entidad progresivamente. El uso de la tecnología 3D resulta bastante acertado para una película tan íntima como esta y proporciona una nueva forma de expansión para el mundo interno del director. Como siempre en el cine de Jeunet, la imagen está saturada de colores y formas (gran trabajo de fotografía de Thomas Hardmeier), y cada plano está cuidado con un preciosista y calculado desorden.

Pero lo más importante aquí es la historia, para la cual Jeunet se traslada a la tranquilidad del campo, un paisaje cinematográfico que recuerda bastante a Tideland de Terry Gilliam, director al que Jeunet le debe bastante. En este bucólico escenario se desarrolla casi toda la acción. Y ese es uno de sus principales aciertos, ya que ayuda a enfatizar en todo momento la importancia de la historia y los personajes. Todos los actores transmiten cercanía y ayudan a componer una relación familiar más que creíble. El pequeño Kyle Catlett (el niño de The Following) aguanta por sí solo y con buena nota el peso de la película. Habrá que ver si su buen trabajo aquí es el principio de una carrera destacada en el cine o si su “cara de palo”, idónea para este papel, es su único registro.

El viaje personal de T.S. hacia el olimpo científico es totalmente implausible, pero no así sus sentimientos y sus intenciones. Es por esto por lo que resulta tan fácil ponerse en su lugar y dejarse llevar por la historia, por muy extravagante que sea. Gracias a él, los miembros de su familia, y a la sensibilidad con la que el director afronta la narración, la película llega a buen puerto y se convierte en una experiencia que, sin mayores pretensiones, resulta más que agradable.

Valoración: ★★★½

Crítica: Mil maneras de morder el polvo

Seth MacFarlane ovejas

Albert Stark no es el típico héroe del Lejano Oeste. Es “el tipo que se esconde entre la multitud y se ríe de la camisa que lleva el héroe del Lejano Oeste”. Pero en Mil maneras de morder el polvo (A Million Ways to Die in the West), este cobarde hombre del montón se ve obligado a pasar a la acción y ponerse frente al cañón de la pistola. En su segunda película como director, Seth MacFarlane decide también ponerse delante de las cámaras y debuta como protagonista, extendiendo así su ego hacia todas las facetas de su producción.

Aunque no nos hacía falta este film para que pusiéramos cara al creador de Padre de familia (una cara por cierto que nos obliga a contemplar el parentesco con Casey Affleck), porque en los últimos años MacFarlane ha ido saliendo progresivamente de entre esa multitud desde la que observaba y se reía del mundo, para ponerse debajo de los focos -hasta el punto de convertirse en el peor presentador de los Oscars de la historia, sí, incluso por debajo de James Franco (Franco al menos no intentaba ser gracioso). Aunque sus productos sean un éxito, MacFarlane es un “autor” muy odiado, por su vertiente de cómico, por su repelente presencia pública y por su humor cáustico y políticamente correcto, con el que no todo el mundo comulga (en muchos casos no porque uno se escandalice, sino porque simplemente no es gracioso). Sin embargo, con Mil maneras de morder el polvo, el creador de Padre de familia (me) lo pone difícil para odiarlo con consistencia.

Mil maneras de morder el polvo

Tras el éxito de la aceptable Ted, MacFarlane decide revitalizar un género muerto, el western, y lo hace de la única manera que muchos se atreven a intentarlo: a través de la parodia. Sin embargo, las películas del Oeste son el único género que escapa a la naturaleza cíclica de los fenómenos y las modas del cine, así que de entrada, Mil maneras lo tenía complicado para hallar el favor del público masivo -y efectivamente así ha ocurrido, dándose de bruces en la taquilla. Una pena, porque como parodia, la película es todo un éxito, desmontando y metacomentando todo lo que define al western a la vez que homenajea certeramente al género de la fotografía decididamente cartoonesca a la fantástica partitura de Joel McNeely, los valores de producción son excelentes. El humor de Mil maneras se basa en el contraste anacrónico del universo idiosincrásico del Far West y la mentalidad y jerga de nuestros días. A partir de esa idea, MacFarlane explora los lugares comunes del western y las peculiaridades de la América de la Frontera para construir unos cuantos chistes recurrentes que, con mucho ingenio y agudeza, van estructurando la historia.

Sin embargo, si hay algo más difícil que ser consistente odiando, es ser consistente haciendo comedia. Y de eso sabe mucho MacFarlane, que a ratos da la sensación de que no entiende cómo funciona el humor. Mil maneras es otro ejemplo de la incontinencia del autor, que dispara mil balas a ciegas esperando atinar con alguna. La película es una sucesión continua de chistes y gags al estilo Family Guy de los cuales funcionan un tercio -debería llamarse Mil maneras de intentar hacer un chiste. Bien es cierto que la carcajada está asegurada con un buen puñado de ellos (normalmente los más estúpidos: “Mila Kunis”, los “ojazos” de la Seyfried), pero el resto nos hace pensar que MacFarlane no tenía a nadie que le dijese cuándo parar (algo que salta a la vista en todos sus trabajos). Y tener carta blanca puede ser algo muy peligroso.

El problema no es la escatología desmesurada del film, aunque esta da lugar a los gags más desinspirados -nunca fue más adecuado referirse al humor de una película como “humor caca-culo-pedo-pis“, porque tenemos en ella al menos uno o dos chistes sobre caca, culos, pedo y pis. Literalmente. Lo malo es que queda patente a lo largo del metraje que MacFarlane es capaz de realizar comedia inteligentemente provocadora y ofensiva (muy geniales los chistes racistas, aunque suene mal decirlo), one-liners brutales y slapstick del bueno (él concibe la acción real como la animación), pero no sabe cómo hacerlo sin rellenar el espacio entre ellos con chistes vulgarmente malos que deberían haber quedado descartados en la sala de edición. Por tanto, el rango de calidad de la comedia que hay en Mil maneras es tan amplio que la película será mejor o peor según los chistes que recordemos.

Charlize Theron Mil maneras

Aún con todo, Mil maneras de morder el polvo es una película que cuenta con muchos aciertos. Y es que más que un western, la cinta es por encima de todo una comedia romántica, la clásica historia del perdedor que consigue a la chica más guapa del instituto. A pesar de ser un impepinable error de casting (por así decirlo), MacFarlane al menos acierta identificándose con el nerd y trasladando los elementos del romance moderno al Lejano Oeste (la mean girl, el matón, la típica trama de emparejamiento para dar celos que acaba en enamoramiento). En este sentido, es Charlize Theron la que le saca las castañas del fuego al director, dando vida con sumo encanto y carisma a la forajida Anna, que hará que nos creamos que Albert es de verdad el underdog encantador y adorable que ella ve, algo que MacFarlane no logra por sí solo.

Mil maneras de morder el polvo es una comedia tremendamente facilona, a ratos insultantemente simple en lugar de simplemente insultante -que es a lo que aspira- y corrosiva por inercia. Además, el talento de su reparto está trágicamente desaprovechado en favor del protagonismo de MacFarlane –Neil Patrick Harris se arrepentirá toda su vida de ese interminable copro-gag, dentro de unos meses nos olvidaremos de que Liam Neeson y Amanda Seyfriend salen en esta película, y Sarah Silverman y Giovanni Ribisi, aunque más cómodos haciendo el cafre, también podrían preguntarse “¿para esto hemos venido?”. Sin embargo, de vez en cuando, en este festival de penes de oveja, gore (sí, gore), semen y cubos de diarrea podemos hallar momentos de verdadera chispa, incluso de dulzura e introspección. Y a pesar de la irregularidad de sus chistes, el film se las arregla para mantener el ritmo la mayor parte del tiempo, constituyendo al fin y al cabo un entretenimiento más que aceptable. Y por si eso no fuera suficiente, Mil maneras de morder el polvo contiene un par de cameos que son todo un sueño húmedo para el cinéfilo y el geek y que harán aplaudir a más de uno. Solo por esos ocurrentes crossovers la película ya merece la pena.

Valoración: ★★★