Awkward.: La historia interminable de Jenna Hamilton

Awkward

¿Cuánto puede, o mejor dicho, cuánto debe durar una serie adolescente? Lo ideal sería que no mucho más que la propia adolescencia. Por definición, esta es una etapa efímera y pasajera, a pesar de que cuando la estamos atravesando nos parece una eternidad, y en muchos casos condiciona el resto de nuestras vidas. De ahí que a algunos nos gusten tanto las series y películas teen -llamadlo nostalgia, estancamiento vital o puro masoquismo. Pero en televisión, el género tiene corta fecha de caducidad, y el espectador, por muy dispuesto que esté, acaba cansándose de los dramaramas melodramas y los white people problems de sus protagonistas.

Recordad Blossom, que dejaba de tener sentido cuando su protagonista se convertía en adulta; O Dawson crece, que una vez acabada su (inolvidable y perfecta) primera temporada empezó a caer en picado; O The O.C., que después de convertirse en un fenómeno cultural en su primer año, cayó inevitablemente en el ostracismo. Si lo pensamos, las mejores series teen son aquellas que han sido canceladas -en teoría- antes de tiempo: Freaks and Geeks My So-Called Life. Dos ejemplos de que una historia sobre adolescentes no debe estirarse durante muchos años, porque entonces pierde toda su razón de ser.

Sadie imitates Jenna

Eso es lo que le lleva pasando a Awkward. desde el año pasado. Su primera temporada fue un soplo de aire fresco en el panorama televisivo actual. La serie nos ofrecía un punto de vista franco, provocativo, y en ocasiones cáustico, de la pesadilla que puede llegar a ser la adolescencia, especialmente en los institutos yanquis. Era una serie sobre las tragedias del día a día -las que desde fuera pueden parecer insignificantes, pero desde dentro se viven como el Apocalipsis- y nos las presentaba de manera mordaz y muy divertida. Pero entonces ocurrió lo inevitable: Awkward. empezó a repetirse, a dar vueltas sobre lo mismo una y otra vez, y se convirtió en un culebrón teen en el que su protagonista, Jenna, se debatía siempre entre dos pretendientes.

Se perdía entonces la esencia de la serie: Jenna, la chica invisible, se comportaba como la reina del instituto, y sus dilemas se reducían a elegir a un chico u otro. Este formato del trío amoroso se fue renovando con nuevos “galanes” (aunque ninguno superará a Matty, #TeamMatty 4Ever), y de esta manera, la serie seguía en punto puerto, girando sobre sí misma. Awkward. dejaba atrás la disyuntiva entre Matty y Jake (menos mal) (por cierto, a ver cuándo sacan del armario a Jake, si es que los guionistas se acuerdan de su existencia), y recurría a nuevos personajes para seguir haciendo lo mismo en lugar de cambiar el chip, haciendo que el principal problema de la serie fuera más evidente. Así, en la tercera temporada, llegó Collin (Nolan Gerard Funk), uno de los personajes más inconsistentes y peor escritos de la serie, y llevó a Jenna hacia su inevitable fase darks (que también ha atravesado este año Rae Earl, de manera más realista e inteligente). Y en la cuarta, que acaba de finalizar, hemos conocido al universitario Luke (Evan Williams), que pone a Jenna en contacto con su yo futuro, un yo que personalmente no estoy interesado en conocer.

Jenna Sadie

A pesar de un par de episodios decentes (sobre todo al principio, “Listen to This!”, “Sophomore Sluts”), esta cuarta temporada -el Senior Year– ha dejado patente que la serie ya ha superado su fecha de caducidad, y que si hubiera un ápice de sentido común en ella, echaría el cierre para darle un final digno antes de llevar a sus personajes a la universidad. Están todos agotadísimos, cada vez más irritantes, cada vez más paródicos y absurdos. Se comportan de manera ilógica solo por la necesidad de generar conflictos y hacer “avanzar” la historia. Mirad a San Matty por ejemplo, convertido este año en un capullo que no ve más allá de sus narices (es simplemente inaceptable que de repente sea tan tonto y esté tan ciego). Y no me hagáis hablar de Tamara. La Six LeMeure de Awkward. era una de sus mayores bazas, y ahora no es más que un dolor taladrante de cabeza, la prueba fehaciente de que la serie está forzando la maquinaria. Es oír su voz y caer rendido de agotamiento. Lo siento, pero el lingo Tamara ha perdido la gracia completamente. Solo Sadie se salva de la quema, porque ella era una caricatura desde el principio, y ha ido humanizándose poco a poco. Además, Molly Tarlov nos sigue dando los mejores momentos cómicos de la serie (impagable imitando a Jenna en el vídeo educativo inspirado en su vida). Nunca falla.

Y luego están los nuevos personajes, que vienen a (intentar) compensar la desafortunada marcha de Ming (y con ella, la trama más divertida de la serie, la de la mafia asiática). El dúo gay -que aporta tanto como Danny, el gayer oficial de Teen Wolf– personajes que están ahí para cubrir una cota, y que ejercen como queerbait. Porque todos sabemos que MTV va de progre y gay-friendly, pero en sus series solo hay homosexuales y bisexuales de pega, o de atrezo. Y por último, Eva (Elisabeth Whitson). ¿Se os ocurre un personaje más insoportable en la tele este año? Eva está ahí porque hacía falta una villana en la serie, ya que Sadie es en el fondo un miembro más de la pandilla (aunque mantenga su jodida mala leche intacta y su odio por los demás igual de vivo). La mala de Awkward. nos enerva, nos enfurece por las razones erróneas. No porque sea una buena villana (tipo Joffrey Lannister o Francis Underwood), sino por todo lo contrario, porque es un personaje raquítico, que no encaja en esta serie (en una de CW puede), porque actúa sin lógica interna, hace que todos a su alrededor se comporten de manera incoherente y que el espectador se pregunte constantemente: “¿Pero es que no lo estáis viendo?” No estaría mal que los guionistas de esta serie contasen con la posibilidad de que su audiencia sea mínimamente inteligente (lo mismo va para los de Teen Wolf).

Eva Awkward

En fin, Awkward. ya no tiene mecha, se ha apagado completamente, y lo más importante, su protagonista ha pasado de ser la voz de la audiencia a ser esa persona odiosa y tóxica a la que evitarías a toda costa en la vida real -quizás sea una percepción personal, pero me da que parte de la culpa la tiene Ashley Rickards, a la que nunca vemos con sus compañeros de reparto en los actos promocionales de la serie. Por eso no es de extrañar que el mejor episodio de este año haya sido uno en el que Jenna no podía hablar (“Listen to This!”, 4×02). “Snow Job“, el final doble de esta cuarta temporada (la primera sin su creadora y showrunner Lauren Iungerich), fue divertido, eso debo concedérselo, y tuvo grandes momentos (sobre todo gracias a Sadie, como decía antes), pero no es suficiente. Awkward. está pidiendo de rodillas que la sacrifiquen, que MTV asuma que se ha hecho mayor, y que va siendo hora de dejar que otros teens tomen el relevo.

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