Reivindicando tres nuevas comedias canceladas antes de tiempo

comedias canceladas

La temporada televisiva 2013-2014 ha sido un año duro para la comedia de network. Todas las sitcoms que NBC lanzó en otoño han acabado canceladas, y aunque About a Boy les ha salvado el año, no cabe duda de que el clásico Jueves de Comedia ha dado ya sus últimos coletazos -el fracaso de los comebacks de Michael J. Fox y Sean Hayes y la cancelación de Community tras varios años agonizando han sido los últimos clavos del ataúd. Por otro lado, en Fox siguen confiando en sus comedias mucho más que la propia audiencia, y avalan series como (la excelente) The Mindy Project, (la olvidada) New Girl o (la todavía muy verde) Brooklyn Nine-Nine, como si fueran grandes éxitos de público y crítica, a pesar de que no las ve nadie (y de que ese Globo de Oro a B99 fue evidentemente comprado). Y por último, ABC ha experimentado en general un bajón enorme en sus índices, lo que ha afectado particularmente a sus comedias. No ha tenido reparos en cargarse Suburgatory, a pesar de que su audiencia era mayor que la media de sus sitcoms, quizás porque iba siendo hora de hacer purga. La cadena no levanta cabeza (tampoco en drama), aunque se consuela con que su comedia estrella, Modern Family, sigue funcionando muy bien.

En este panorama desolador para la comedia televisiva en abierto intentaron salir a flote tres series que, ya sea por mala política de programación, nula promoción o la falta de interés del público, han acabado canceladas a pesar de rebosar potencial. Tres comedias que han sido sobrevividas por sus hermanas de menor talento, y que no han tenido oportunidad para brillar y convencer a la audiencia de que, si se les daba un voto de confianza, tenían cuerda para muchos años de buena (o al menos divertida) televisión. Son dos series de ABC y una de Fox. Ninguna de las tres alcanzará estatus de serie de culto, pero son mucho mejores de lo que parece, y bien merece la pena echarles un vistazo, sobre todo ahora en temporada estival, que puede que andéis buscando series con las que llenar vuestras tardes tirados junto al ventilador. Ya sabéis, son cortas, son fáciles de ver, muy simpáticas, y a ratos pueden llegar a ser verdaderas joyas:

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Enlisted (13 capítulos)

Otro ejemplo de que Fox sigue siendo la cadena que peor programa sus series, y la que peor trata a su audiencia. Enlisted recibió su sentencia de muerte cuando se le asignó la franja horaria de la muerte (death slot) en la parrilla de la mid-season: los viernes, conocidos en las cadenas (sobre todo en Fox) como “El saco donde echamos todas las series en las que no confiamos y/o de las que nos queremos deshacer”. Enlisted, creada por Kevin Biegel (productor de Scrubs Cougar Town), es una sitcom pseudo-bélica que recupera la tradición de M.A.S.H., pero adaptada a las nuevas sensibilidades seriéfilas. Sigue las aventuras y desventuras del destacamento de retaguardia del Ejército situado en Florida, un grupo de soldados que se encargan de aguantar el fuerte en territorio americano, y se dedican a entrenar, tratar con las familias de los militares en el extranjero y a otros asuntos burocráticos. El centro de atención recae en tres hermanos, Pete (Geoff Stults), Derrick (Chris Lowell) y Randy Hill (Parker Young), irresistibles niños grandes cuya relación es el corazón de la serie, algo que se traslada fuera de la pantalla.

Enlisted no es una obra maestra ni de lejos, pero lo que hace lo hace muy bien. Es un entretenimiento más que digno (y estúpido a partes iguales, pero ahí está la gracia) en el que prima el buenrollismo por encima de todo, y que evita meterse en política a pesar del tema que trata. La serie tiene ese aire a workplace comedy que tan buenos resultados ha dado en NBC, con series como The Office Parks and Recreation. Aunque Enlisted no es un mockumentary, sino una comedia single-cam que recuerda inevitablemente a Community o la malograda Go On, pero salvando las distancias con ambas (con Community porque no alcanza en ningún momento su nivel, con Go On por todo lo contrario). De hecho también se da un aire a B99, con la que pedía a gritos ser emparejada en la noche de los martes. Pero al parecer la lógica esquiva a los programadores de la cadena.

A pesar del protagonismo del trío fraternal, cuyas peleas y competiciones ocupan gran parte de los episodios, Enlisted pone mucho énfasis en el carácter coral de su reparto, y a medida que avanza la temporada, los secundarios (el equipo de perdedores y freaks que forman el destacamento) empiezan a adquirir personalidad, demostrando gran química juntos. Enlisted daba para muchas temporadas de comedia bobalicona (o tontiligente), tenía un arsenal inagotable de one-liners, había prometedores casos de TSNR, y nos ha proporcionado la mejor carnaza masculina de este año (para muestra, un botón). En especial Parker Young (otro botón), al que otorgamos una medalla por dar vida a uno de los personajes más graciosos del año. Enlisted tenía todo lo que hay que tener para convertirse en comedia de culto, pero no ha podido ser. Eso sí, la serie al menos se despide por todo lo alto, con un último capítulo precioso y una secuencia final increíblemente emotiva elevada a épica por el temazo de M83Outro“. Esperamos volver a ver a los Hill algún día, a ser posible juntos (y si puede ser, en la ducha).

Super fun night ABC

Super Fun Night (17 capítulos)

La australiana Rebel Wilson llegaba a la tele americana para comérsela (no, no pun intended), después de convertirse en revelación de películas como Bridesmaids y (sobre todo) Pitch Perfect. Internet adoraba a la Wilson, era una cómica de culto convertida en imparable fuerza mediática, bordaba las entrevistas en todo late night en el que aparecía, y era uno de los gifs más socorridos de la red. Sin embargo, como suele ocurrir en estos casos, al intentar universalizar algo que funcionaba a pequeña escala, se rompió la magia. Rebel estrenó su serie, Super Fun Night, el pasado otoño, y desde el primer capítulo quedó claro que lo suyo con la audiencia americana no estaba escrito en las estrellas, al menos no por ahora.

Super Fun Night es la historia de Kimmie Boubier, una adorablemente excéntrica chica de Nueva York que trabaja en un buffet de abogados y vive con sus dos mejores amigas del instituto, Helen AliceMarika (¿la rebautizarían en España?). Kimmie es la líder de este trío de parias, freaks vírgenes terriblemente dañadas por sus experiencias en el instituto, pero con muchas ganas de adentrarse en el mundo de los adultos y empezar a vivir por fin la vida. A lo largo de una temporada, Super Fun Night explora la amistad de estas tres amigas mientras Kimmie intenta compaginar la vertiente más seria de su vida, su trabajo, con sus relaciones, y las super fun nights que organiza todas las semanas junto a HA y Marika (por cierto, otra medalla a Lauren Ash por otro de los mejores personajes del año). La disyuntiva entre convertirse en un adulto serio y responsable y seguir comportándose de manera (supuestamente) inmadura es uno de los conflictos centrales de la serie, aderezado como no podía ser de otra manera por la clásica TSNR, en este caso entre Kimmie y su jefe, Richard (Kevin Bishop).

Es cierto que los primeros capítulos de Super Fun Night resultan algo desalentadores. Nunca llega a ser especialmente mala, pero es comprensible que el público norteamericano no se enamorase de Kimmie & co. Una pena que la audiencia mayoritaria no conecte con este tipo de comedia awkward, algo que ya comprobamos con la joyita que fue Don’t Trust the B—- in Apartment 23, otra marcianada con la que Super Fun Night haría una pareja genial. Pero si le damos un par de capítulos, Super Fun Night es capaz de sorprendernos muy gratamente, e incluso emocionarnos. Ya no solo por los impagables momentos musicales que nos depara (se nota que a Wilson le encantan los musicales y quiere que lo sepamos) o por los destellos de genialidad cómica que hay en cada episodio (creo que esta es una de las series con las que más me he reído este año). Sino porque en el fondo, Super Fun Night es una preciosa historia de superación, una serie sobre el patito feo, el gafotas devora-cómics, la fan de Murna: Princesa Guerrera, o la víctima de bullying que deja atrás la pesadilla del instituto, pierde el miedo al mundo y echa a volar. Nos hacen falta más cosas como Super Fun Night, una serie refrescantemente anormativa y motivacional protagonizada por mujeres que no se ajustan a los cánones de belleza y celebra la diferencia con un gran festival de música y color. Freaks and Geeks 4ever.

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Trophy Wife (22 capítulos)

Además de “serie cancelada antes de tiempo”, Trophy Wife ha sido durante 2013-2014 una de las “mejores series que no estás viendo”, y sobre todo, una buena serie con un mal título, siguiendo los pasos de otra comedia de ABC, Cougar Town, que acabó burlándose de lo inapropiado de su título desde su cabecera (“Bad Title, Good Show” llegó a ser su tagline). Efectivamente, Trophy Wife engaña por su título, es más, lo transciende una vez terminado el piloto. Es el problema de muchas nuevas series americanas, que se centran exclusivamente en la premisa, y no piensan a largo plazo (algo que podría ocurrirle a The Good Wife también, por cierto). Lo de “Trophy Wife” parece indicarnos que el conflicto central de la serie va a ser el hecho de que Pete (Bradley Whitford) se haya casado con una mujer mucho más joven que él, o que Kate, interpretada por Malin Ackerman (que también produce), se llevará todo el protagonismo. Pero nada más lejos de la realidad.

Estamos ante una comedia coral en la tradición de Modern Family. De hecho, a primera vista no parece más que uno de los tropecientos clones del hit de ABC que todas las cadenas han desarrollado en estos últimos años, sin ningún éxito. Sin embargo, si vamos más allá de la estructura de la serie (tres núcleos familiares interconectados que generan tres tramas a la semana), nos daremos cuenta de que Trophy Wife es mucho más que un sucedáneo, y que tenía suficientes bazas como para erigirse por sí sola como una de las mejores nuevas comedias de la tele. Una pena que ABC cometiera el mismo error que Fox con Enlisted y no la emparejase con Modern Family, que era lo lógico (en la midseason cometió el absurdo error de darle ese hueco en la parrilla al cáncer televisivo por suerte ya erradicado que fue Mixology).

Lo que hace que Trophy Wife destaque por encima de otras comedias familiares que han fracasado esta temporada (The Michael J. Fox Show, Sean Saves the World, Welcome to the Family, Growing Up Fisher) es su numeroso reparto, a la altura del talento de los monstruos cómicos de Modern Family, y la química natural que los cohesiona (cada capítulo prueba con varias combinaciones diferentes de personajes y todas funcionan a las mil maravillas). Ackerman está sencillamente adorable, pero la eclipsan otros personajes. Especialmente los niños, Warren (alma gemela de Luke y Phil Dunphy) y el increíblemente maravilloso Bert, un saco de ilusión y entusiasmo que afortunadamente no suena a adulto en miniatura en ningún momento -como suele ocurrir con todos los niños de sitcom (ejem Lily ejem). Y sobre todo las verdaderas estrellas de la serie: las ex mujeres de Pete, una absolutamente descaharrante Michaela Watkins y una inconmensurable Marcia Gay Harden. Espero que algún productor se haya percatado de que esta señora DEBE tener una comedia para ella sola. Pero si hay algo que convierte Trophy Wife en una de las pérdidas más trágicas de esta temporada es que era una comedia genuinamente graciosa y divertida, algo cada vez más raro en las networks.

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