Tenéis que ver Broad City, ¿vale?

Broad City School Bus

Sin complicarnos demasiado, la comedia televisiva norteamericana se puede dividir en tres simples categorías: Mainstream, de culto, y oculta. Aunque las fronteras entre unas y otras son difusas y podemos circunscribir una misma comedia a dos de ellas a la vez, generalmente está claro a cuál pertenece cada una. En la primera entrarían las comedias sin demasiadas aspiraciones “artísticas”, para todos los públicos (Modern FamilyThe Big Bang Theory2 Broke Girls), en la segunda esas series que no gozan de grandes audiencias pero sí del respaldo absoluto de la crítica y un dedicado grupo de fieles (Girls, Louie, Parks and Recreation, Community). El tercer grupo es el formado por comedias desconocidas por el gran público, principalmente las series (discretas y de bajo presupuesto) de Comedy Central, FX o IFC, con la veterana It’s Always Sunny in Philadelphia o Portlandia a la cabeza. A esta categoría de “comedias ocultas”, que en muchos casos podría llamarse también “joyas ocultas”, pertenece la serie de la que voy a hablaros hoy: Broad City.

Creada y protagonizada por Ilana Glazer y Abbi Jacobson a partir de su webserie homónima (2009-2011), y lanzada a comienzos de 2014 en Comedy Central, Broad City sigue las aventuras, desventuras, alegrías y desgracias de dos veinteañeras intentando sobrevivir en la ciudad de Nueva York. Solo por esta descripción sería lógico pensar que Broad City es otra de esas series utópico-aspiracionales sobre amigos en la gran ciudad que nada tienen que ver con la realidad. O sea, otra comedia del montón. Pero para nada. Broad City ha sido definida a menudo como una versión de Girls para gente a la que no le gusta Girls (pero no es mutuamente exclusivo, ya sabéis que yo soy el fan nº1 de la serie de Lena Dunham y estoy seguro de que Ilana y Abbi también lo son). Aunque quizás sea más acertado describirla como una fusión entre Girls y el humor cafre y escatológico de Always Sunny. Imbuida de la estética hipster-hop de Brooklyn, la Nueva York que Glazer y Jacobson nos presentan en Broad City no es tan decadente como la Philadelphia de McElhenney & co., pero ambas parecen coexistir en el mismo universo. Por otro lado, lo que en la serie de Dunham es autocrítica y sátira existencialista, en Broad City es otro tipo de nihilismo millenial, uno gamberro, zafio y escatológico, según el cual las miserias de los jóvenes del siglo XXI encuentran su metáfora, bastante literal, en litros de sudor, madejas de vello púbico y mojones en los zapatos. Una delicia se mire como se mire.

Broad City

Lo que diferencia Broad City de otras comedias trash es sin lugar a dudas la descripción de la amistad entre las dos protagonistas. La relación de Ilana y Abbi nada tiene que ver con la que sostiene a duras penas a la pandilla de Hannah Horvath. Ilana y Abbi se quieren. Se quieren mucho. Es más, se idolatran, se apoyan incondicionalmente, se arrastran la una por la otra si es necesario, y no ocultan su verdadero rostro o se relacionan desde un plano paralelo de (auto)engaño. Para ser más concretos, es Ilana la que está platónicamente enamistada de Abbi, como se lo hace ver a cada segundo que pasa con ella: Está claro que Ilana seguiría a Abbi hasta el fin del mundo, y viceversa. En este sentido, Broad City recuerda a otra joya semi-ignorada de la comedia televisiva actual, Bob’s Burgers, una serie que contrarresta la sal gruesa y la mala leche con grandes dosis de amor y comprensión entre sus protagonistas. Eso es lo que hace que Broad City funcione tan bien, que no es solo una comedia destroyer (como podría serlo Padre de familia), sino que en el fondo nos está hablando de la importancia de la amistad para estas dos jóvenes en una época de confusión e incertidumbre, y lo está haciendo sobre unos cimientos levantados a base de cariño, dulzura y buen rollo –Amy Poehler es una de las productoras de la serie, y no nos extraña.

Bajo una capa de humor payaso, fumado y decididamente extraño, y un alto contenido en guarradas de toda índole, Broad City esconde valiosas y ácidas reflexiones sobre el trabajo, el futuro de la generación perdida y el papel de la mujer en la actualidad análogas a las de Girls, pero carece de carga dramática y pide no ser tomada en serio en ningún momento. Es fácil hacerle caso cuando tienes a dos cómicas como Glazer y Jacobson, absolutamente entregadas al ridículo y al slapstick. Ilana aporta la nota más excéntrica (ella es indudablemente cool pero no administra muy bien su coolness), mientras Abbi representa con tino absoluto a la everywoman de nuestros días, adorablemente patética y desafortunada –Todos somos Abbi. Ambas forman un tándem perfecto, y la Nueva York, y el mundo, que nos enseñan a través de sus ojos no podría ser más divertido. Es cierto que a la serie le cuesta un poco arrancar (¿a qué comedia no le pasa?), y que los primeros capítulos pueden desconcertar (confieso que no me reí ni una sola vez durante el primero, y estuve a punto de no ver más). Pero si se le da una oportunidad, Broad City acaba sorprendiendo muy gratamente, y provocando carcajadas continuas. Conforme avanza, la serie va ganando confianza en sí misma, cada episodio de la primera temporada (10 en total) es más redondo que el anterior, y para cuando ha terminado, uno está completamente enamistado y perdidamente enamorado de Ilana y Abbi. El sueño de Nueva York que estas dos chicas nos pintan no es tan bonito como nos habían dicho, pero no nos importa si podemos vivirlo haciendo el idiota con ellas.

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Comentarios (1)

 

  1. […] pasar a la ayuda de los blogs porque aún los grandes medios no se han preocupado en analizarla. El blog fuertecito.groarl opina: “Broad City es otro tipo de nihilismo millenial, uno gamberro, zafio y escatológico, […]

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