Crítica: The Zerø Theorem de Terry Gilliam

The Zero Theroem

Texto escrito por Daniel Andréu

Seguro que no éramos pocos los que asistíamos a la inauguración oficial del II Nocturna Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid atraídos por el nombre y la magia del maestro Terry Gilliam, que se da en pantalla grande cada demasiado tiempo. Afortunadamente, medio año después, Sony Pictures recupera la cinta y la estrena en salas comerciales. Una segunda oportunidad para disfrutar de Gilliam en el cine. Con The Zerø TheoremTito Terry regresa al futuro para contar la historia de un trabajador, una pieza dentro del gigantesco mecanismo de una sociedad pasada de tuercas, que vive obsesionado esperando una llamada que nunca va a llegar, y que conforme deja entrar a gente en su vida, ve cómo esta se va desmoronando. El realizador ha contado esta historia en diversas ocasiones ya, en 12 Monos o sobre todo en Brazil. Esta última ya fue una visión gilliamizada de la célebre novela de George Orwell 1984, pero The Zerø Theorem comparte incluso más puntos en común con aquel clásico literario. El anterior largometraje de Terry Gilliam, El imaginario del Doctor Parnassus (2009) tuvo un problema principal que fue el abuso de los efectos digitales. Este error se ha enmendado con su nuevo film, pero se ha vuelto a cometer otro que lastra el conjunto. Se trata del guión. Pat Rushin firma su primer trabajo para la gran pantalla, y aunque imparta clases de escritura creativa en la universidad, en este negocio todavía es un principiante. Su principal pecado a la hora de escribir el libreto ha sido estar pensando desde un principio en que lo iba a dirigir Gilliam, queriendo imitarle en todo momento, lo que provoca un choque negativo que hace que la película en general se quede a medias. Con un director así hay que dejar que la absorción de la historia se haga de forma natural. Desde la primera escena ya se nota demasiado el esfuerzo que hace el guionista por llevar a la pantalla las marcas de un autor que no es él, por ser el más absurdo, el más barroco, el más inventivo. En ese intento por crear un mundo futuro lo más enrevesado posible, Rushin se pierde, al igual que se pierde intentando abarcar demasiado. Es una pena porque la película tiene unas cuantas ideas que habiéndose centrado un poco más habrían dado mayor fruto, como el propio “Teorema Cero”, la locura del protagonista o la organización de la sociedad.

Zero

Terry Gilliam vuelve a crear un delicioso paisaje futuro como a él le gusta, sin esparajismos formales pero con un exceso patente en cada plano. Como señalábamos, la visión de ese futuro imaginado en es muy cercana a la que creó hace casi 20 años en 12 Monos. Por aquel entonces se trataba de un futuro post-apocalíptico, pero en The Zerø Theorem podríamos pensar que estamos viendo las mismas calles de esa Philladelphia del año 2034, solo que con muchas pantallas y con más gente caminando por ellas. Aunque no haya apocalipsis, se nota que la decadencia y la ruina han avanzado tanto como la tecnología. A un admirador como yo le gustaría pensar que los paralelismos con aquella obra maestra de 1995 no son casuales, como la iglesia en ruinas en la que vive el protagonista, que podría ser el centro comercial abandonado que visita James Cole en su primera expedición a la superficie, el aparato cilíndrico que guarda los tubos de datos que es casi idéntico a la máquina del tiempo en la que viaja Cole… O algo que me puso los pelos de punta, el personaje que llama Bob a todo el mundo, justo lo que hacen el mendigo de 12 Monos y la locura interior del Personaje de Bruce Willis. Este futuro se afronta desde una actitud de viejo cascarrabias que conoce pero no acepta el tiempo al que nos dirigimos. Demuestra más claramente su postura en esas fiestas tan ultramodernas como añejas en las que todo el mundo está con su tablets y sus auriculares individuales. Acostumbrados a otras representaciones más estilizadas, esto puede parecer menos natural, pero también es un futuro más probable.

Qoen Leth

Otra parte importante de la película son sus actores, un Christoph Waltz que no sabe darle autenticidad y naturalidad al desequilibrio que requiere su Qoen Leth. Brillan más sus compañeros, destacando el joven Lucas Hedges, que junto a Mélanie Thierry y el resto de secundarios se integran en el filme mejor que Waltz. Pero tampoco hay que quitarle todo el mérito al oscarizado actor alemán, que realiza un trabajo correcto que consigue llegar al corazón con su necesidad de afecto, que es a lo que se reduce todo finalmente. A él le tenemos que agradecer esa playa virtual, escenario de la secuencia que consiguió ponerle los ojos húmedos a un servidor: Qoen Leth entrando en el agua y cogiendo el Sol con sus manos para crear un bello atardecer al ritmo de la versión de “Creep” cantada por Karen Souza. Puro Gilliam. Entre tanto vaivén de llegar y no llegar a su objetivo, The Zerø Theorem sí que es capaz de dejar una sensación de tristeza y desasosiego en el espectador que se deja llevar, y eso es fruto del trabajo colectivo capitaneado por Gilliam que, sin haber conseguido una película perfecta, sí que ha dado un paso adelante respecto a su anterior trabajo. Esperemos que ensaye bien su reunión con los Monty Python y que cuando termine se ponga manos a la obra para entregarnos de una vez su versión de Don Quijote.

Valoración: ★★★★

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Comentarios (3)

 

  1. near dice:

    Estuve muy de acuerdo en lo que dijiste, salvo la crítica a Cristoph Waltz. Si bien aquí y en cuanto a la crítica juega mucho la opinión de cada uno, me parece que el papel que interpreta es fenomenal, siempre adaptándose a lo que respecta. En si concuerdo con el resto de tu crítica, pero las actuaciones y la dirección creo que estuvieron de maravilla con una muy buena dirección fotográfica. Pero en fin una crítica que comparto mucho, saludos

  2. Delator dice:

    Excelente Terry Gilliam con The Zero Theorem.
    Una metafora sobre el sujeto cartesiano y el paso a su caída como paradigma en la física y filosofía… es una pelicula muy filosofica, con el excelente Christoph Waltz .
    parece que el buen Terry Gilliam se puso a leer.
    Supo plasmar en su película, aunque el guion no es suyo, la problemàtica filosófica que encierra el tema de los debates en cuando a la naturaleza de los hoyos negros y el matemático sujeto cartesiano, con las consecuencias que recaen sobre ellas cuando surge la filosofía posmoderna.. además del existencialismo en cuanto tal..
    Recomendadísima para ponerse filosóficos

  3. Andres dice:

    Un somnífero horrible.

    A los 15 minutos estaba dormido. Traté de avanzar la película, pero seguía el mismo bodrio. Mi esposa casi me pega por comprar esta basofia.

    Maldita la hora en que compre esta mierda.

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