Mad Men 7.07 “Waterloo”

Mad Men Waterloo

La Luna es de todos

En cierto modo seguimos sentados a la mesa de Burger Chef junto a Don, Peggy y Pete. “Waterloo“, la mid-season finale de Mad Men (nos vemos en 2015) continúa explorando el amplio concepto de familia que desarrolló en el episodio anterior, para levantar un final alrededor de un (otro) acontecimiento histórico que cambiará el mundo para siempre: el primer alunizaje el 20 de julio de 1969. En “Waterloo” observamos, casi como si estuviéramos llevando a cabo un estudio antropológico, a los distintos núcleos familiares de Mad Men sentados al televisor, reunidos para presenciar el primer paso del hombre en la Luna, el último y definitivo símbolo a finales de los 60 de que el futuro ya ha llegado. Un instante eterno cuya trascendencia resuena en el silencio más absoluto y elocuente de los personajes.

Una de esas familias que cenan viendo cómo Neil Armstrong hace historia es la de los creativos de Sterling Cooper & Partners, que se han embarcado en una última aventura aérea (no hay duda, Mad Men está “redefiniendo el término primera clase“) para vender su anuncio de televisión a Burger Chef y captarlos como clientes. Antes del viaje, Jim Cutler entrega a Don un aviso por incumplimiento de contrato. En este episodio, Cutler actúa más que nunca como si fuera el villano de la función -aunque sabemos que en el fondo lo que pasa es que él es quien menos reparos tiene en mostrar abiertamente sus prioridades, seguido muy de cerca por Joan. El aviso lleva a Don a evaluar su futuro en la agencia, y también el de Peggy. En un precioso y desinteresado gesto (desinteresado, pero no exento de la satisfacción de volver a desobedecer las órdenes de Cutler & co.), y con el bache entre los dos definitivamente atrás, Don cede la presentación a Peggy, abrazando así el cambio y reconociendo la importancia de su trabajo en la agencia, así como el largo camino que ha recorrido -“Nunca has visto una presentación mía” “He oído cosas”. La sincera mirada de orgullo que Don regala a Peggy es mucho más que un testigo profesional, es el momento más importante de su relación.

Mad Men Waterloo Burger Chef

Peggy se lamenta porque no hay alcohol en su habitación del hotel para calmar los nervios –Elisabeth Moss debería romper la norma y llevarse el Emmy a mejor actriz cómica y dramática por la misma serie. No importa, al día siguiente Peggy realiza una presentación impecable, de las que ponen los vellos de punta, un discurso tan desnudo y vulnerable como calculado y profesional. Una historia llevada a su terreno, redimensionada por su dulcemente asertiva voz, en la que canaliza su dolor personal (la acongojante despedida de su vecino, que simboliza una vez más su renuncia a la maternidad años atrás), y conecta con el acontecimiento que unió a todo el país la noche anterior para entonar un pitch perfect. Como una prodigiosa narradora, como una publicista aún mejor. Es decir un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la mujer.

Lo que lleva a Don a retirarse de los focos es una serena y melancólica conversación telefónica con su mujer, una despedida ahogada por la derrota del matrimonio, por el que Megan ya no puede luchar más y que Don finalmente acepta, no sin antes recordarle (la naturaleza de) su amor por ella: “Siempre cuidaré de ti“. Gracias a las palabras de su mujer, Don comprende que el último movimiento de ficha de Cutler para deshacerse de él podría ser la señal definitiva para asumir que va siendo hora de pasar página, algo que ella necesita hacer con su relación. Pero ya sabemos que si hay algo por lo que Don cree que merece la pena luchar es por su trabajo, por aquello que le ha propiciado la fachada bajo la que vive desde que dejó de ser Dick Whitman. Por eso recurre a su amigo Roger, que orquesta una suerte de golpe de estado para ayudar a Don a recuperar su status en la agencia mientras él conserva su lugar en la cadena de mando. Se trata de una nueva fusión empresarial, una compra externa que garantiza la inmunidad de Don, y hace millonarios a los socios. Joan y Pete, con símbolos del dólar en sus ojos, aceptan encantados la oferta; Ted, abatido porque desea abandonar el mundo de la publicidad, no tiene más remedio que comprometerse cinco años más con la vida de la que necesita huir -“No tienes que trabajar para nosotros, pero tienes que trabajar”; y Cutler opone resistencia, pero acaba votando al partido ganador, porque “es mucho dinero” (lo que decíamos de las prioridades). Por otro lado, Harry Crane, oficialmente el saco de boxeo de la agencia, se pierde la fiesta por poco, para gozo de Roger y los demás (nosotros incluidos).

Mad Men Waterloo Cooper

El último voto, el de Bertram Cooper, queda nulo por su repentina muerte durante la noche de la llegada del Apolo 11 a la Luna. Según cuentan, el tierno y pintoresco Cooper fallece en el sofá, junto a su familia (la criada) y después de haber oído el que probablemente sea el mejor eslogan de la historia (“Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”). Cooper se marcha de SC&P cuando la agencia ingresa en una nueva etapa de cambios estructurales, contribuyendo a ellos (técnicamente no es una season finale, pero esto nos indica que en realidad lo es), y Matthew Weiner nos tiene reservada una despedida para el personaje que será difícil olvidar. En la última escena de “Waterloo”, Don vuelve a estar en lo más alto, vuelve a ser el Don Draper triunfador, el que todos respetan y admiran, pero la ilusión dura muy poco. En una visión que vuelve a conectar a Don con la muerte, Cooper se le aparece como fantasma y le dedica un número musical (¿cuando las ensoñaciones se vuelven más vívidas y estrambóticas quiere decir que está más cerca de Ella que nunca?) En lo que es un homenaje a la etapa profesional de Robert Morse como actor de Broadway, Cooper protagoniza un optimista y a la vez agorero número musical coreografiado ante la atónita mirada de Don, bajándole de la nube y recordándole que “la Luna es de todos” y “las mejores cosas de la vida son gratis“. Sin ir más lejos, una de esas cosas es aquel “te quiero” de Sally, a la que su padre llama en la familiar noche del 20 de julio. Puede que Don haya conseguido lo que quería, pero, ¿es lo mejor para él? Esa niña que es “muchas personas” pero empieza a saber quién las lidera y encuentra su camino, que se hace mujer y mimetiza a su madre al fumar pero conserva la determinación y autoridad de su padre (Sally besa al nerd, no al jock) lo es.

Con la secuencia musical que cierra “Waterloo”, Mad Men nos recuerda que las mejores series son aquellas que poseen (y conservan a lo largo de los años) la capacidad para sorprender, y no cabe duda de que estamos ante una de las series más consistentemente sorprendentes de la historia de la televisión. Este año hemos confirmado que con Mad Men podemos llorar (por todas las razones del mundo), reír (a carcajadas)… y, por qué no, también bailar. Así que para celebrar el fin de esta etapa y pensar en “lo mejor de la vida”, apagad la tele. Y danzad, danzad, malditos.

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Comentarios (4)

 

  1. la malou dice:

    como nunca el self-made men que es Don, resurge…
    en el fondo filosofía americana pura y dura, la del trabajo…

  2. Luz Sánchez dice:

    Me encantó la despedida de este personaje y me hizo conocer la faceta del actor en los musicales.

  3. Miguel Ito dice:

    lo que puedo decir de este capítulo (a modo de recuerdo gracioso) es la reacción de un amigo mío al pensar que era el final de la serie. aquella respuesta en tono de cabreo y decepción pero al mismo tiempo admiración, aún lo escucho en mi cabeza, jajaja. (si te preguntas a cuento de qué pongo esto, es por el concurso, jajaja 🙂

  4. Almudena Rodríguez dice:

    Sin duda, la actuación de Bert fue memorable! Un punto y seguido perfecto!!

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