Crítica: Madre e hijo

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Texto escrito por David Lastra

Amor de madre. Legendario tatuaje y tópico favorito de cierto cine europeo que nos encanta. Ya verse sobre santas matronas que soportan a hijos insufribles o de titiriteras de primera que hacen lo que quieren con sus vástagos. Pero ante lo que no puedo resistirme es a las Agripinas que rozan el Münchhausen. Mujeres controladoras y castrantes que aman por encima de todo a sus pequeños varones, sin importarles las consecuencias. Una espectacular(mente enfermiza) Nathalie Baye encarnó ese estereotipo a la perfección en la fascinante e infravalorada, a pesar de hacerse con la Concha de Oro, Mi hijo, de Martial Fougeron. Madre e hijo, galardonada a su vez con el Oso de Oro en el pasado Festival de Berlín, se puede catalogar perfectamente dentro de esta clase de películas tan disfrutables como no aptas para todos los públicos.

Cornelia ha perdido a su hijo. No es una desaparición, sino un rechazo. Nueva casa, nueva pareja. Una nueva vida en la que no entra su madre. Él no quiere saber nada de ella. Cartel“Chúpamela” fue la expresión con la que terminó la última discusión que tuvieron entre ellos. Barbu tiene diecisiete años… un momento, Barbu tiene treinta y tantos años y a lo mejor esas no son las mejores maneras para cortar el pútrido cordón umbilical que le unía a su madre hasta ahora. Si recurrimos al socorrido juego de las referencias, podríamos decir que su comportamiento narcisista destructivo se asemeja al expuesto por Xavier Dolan en Yo maté a mi madre, o al de cualquier otro chaval tocapelotas que tengamos en mente… o a nosotros mismos. Pero a diferencia del drama gritón de Dolan, el cineasta rumano Calin Peter Netzer prefiere centrarse en la óptica de la madre ante el gran problema que nos presenta en su film: Barbu acaba de atropellar a un niño. ¿Será esta tragedia la que vuelva a unir a Cornelia con su pequeño treintañero?

Netzer, acompañado de Razvan Radulescu, guionista de La muerte del señor Lazarescu, marcan un tempo sosegado para mostrar los tejemanejes de una madre que está dispuesta a todo para que su hijo no acabe en la cárcel. Capaz hasta de llevarse bien con su nuera o de decirle a la madre del niño atropellado que no destrocen la vida de su hijo llevándole a juicio. Esta diatriba moral constituye el punto fuerte del film, junto a la consistente actuación de Luminita Gheorghiu, chica Haneke (Código desconocido y El tiempo del lobo) y cara reconocida del nuevo cine rumano (4 meses, 3 semanas, 2 días, Aurora. Un asesino muy común y la citada La muerte del señor Lazarescu).

Valoración: ★★★

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