Crítica: Redención (Hummingbird)

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Texto escrito por Daniel Andréu

Jason Statham da vida a Joey Jones (atención al nombre), un ex soldado de las Fuerzas Especiales que vive ahora en la mendicidad por las calles de Londres. Tras una pelea callejera, se encuentra de manera más o menos accidental, suplantando la vida y la identidad de otra persona, y de paso se convierte en un matón/ángel de la guarda en busca de redención por los errores cometidos en el pasado.

Esta es la mejor carta de presentación de Redención (Hummingbird, 2013), que desde esta premisa ya huele a película estancada en el cine de acción de hace 20 años. Pero es eso y mucho más. Normalmente no estoy a favor de criticar minucias si además de ayudar al avance de la acción quedan bien en conjunto. Sin embargo, este largometraje es un continuo de detalles inverosímiles que no se pueden dejar pasar. Es imposible entrar a valorar esta película sin hablar del argumento, ya que para que el lector se haga una idea verdadera de lo que es esta película es necesario entrar en detalle.

Redemption

Statham está caracterizado como mendigo, pero da la sensación de que tiene dinero para ir todos los días al gimnasio; cuando deja las calles, tiene todas las facilidades del mundo, como colarse en la casa de un ricachón mayor que casualmente tiene ropa y calzado de lujo para la talla de un maromo como él; unos vecinos que no se dan cuenta de nada; tarjeta nueva con el pin, llaves del coche y del piso, todo esperando en el suelo de la casa; un relación tórrida y difícil con una monja (Agata Buzek), que también vive atormentada ya que rajó (literalmente) a su profesor de gimnasia infantil porque abusaba de ella. Y así hasta el final de este delirio constante escrito y por primera vez dirigido por Steven Knight, que con esta historia demuestra la suerte que tuvo cuando David Cronenberg se encargó de dirigir y dar dignidad a su guion de Promesas del Este (2007).

No hay nada reseñable en Redención, ningún aspecto técnico, ninguna interpretación, ningún momento concreto de la película. Todo es mediocre, aunque nada cae tan bajo como ese despropósito de guion. Cuando nos encontramos con un film así, la única esperanza es que pueda ser un nuevo título de acción alocada y entretenida protagonizado por el último gran muso del cine de acción y sucesor de Bruce Willis. En cambio, el espectador se encuentra con un drama aburridísimo y que de increíble se convierte casi en ciencia ficción. Ni siquiera el viaje a lo más profundo de la mafia china, que en un abrir y cerrar de ojos convierte a Joey Jones en su matón número uno, ofrece ninguna secuencia de acción que haga más ligero este hastío hasta que llegue el final. Un final que por supuesto entrega el último momento delirante, en forma de escenas pre y post-coito con tono casi de comedia romántica. Ver para creer.

Valoración: ★½

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