Crítica: Grace de Mónaco

Nicole Kidman Grace de Mónaco

El francés Olivier Dahan, realizador de La vida en rosa (Edith Piaf), era a priori un candidato ideal para llevar a la gran pantalla la glamourosa historia de Grace Kelly, la icónica belleza de Hollywood que renunció a su carrera en el cine en los años 50 para convertirse en la Princesa de Mónaco. Sin embargo, la experiencia de Dahan en la biografía de Piaf ha resultado ser insuficiente para levantar Grace de Mónaco, un proyecto condenado desde el principio por la elección de su actriz protagonista, Nicole Kidman (en un cuestionable movimiento publicitario parecido al de su amiga Naomi Watts en Diana), y por la mala reputación que arrastra el género del biopic, sobre todo cuando se centra en figuras de la alta sociedad como la que nos ocupa.

Grace de Mónaco no abarca la biografía completa del personaje, sino que, al igual que la mencionada Diana o la reciente Hitchcock de Sacha Gervasi, acota su cronología de manera que asistimos únicamente a una etapa de su vida -en un sorprendentemente corto metraje de apenas hora y media. En el caso de Grace, se trata de la que transcurre a comienzos de la década de los 60, seis años después de la boda con el príncipe Rainiero III de Mónaco (interpretado en la película por un Tim Roth venido a menos), y abarca hasta la gala benéfica de la Cruz Roja, celebrada en 1962. Poco más de un año en la vida de la princesa, que explora los acontecimientos alrededor del punto de inflexión más importante en su historia, cuando Alfred Hitchcock le ofrece volver a Hollywood para interpretar a su Marnie, la ladrona. Dahan utiliza esta disyuntiva para retratar a un personaje dividido entre dos mundos, una mujer que aún siente la llamada del arte pero está comprendiendo la responsabilidad que conlleva ser la esposa de un mandatario y la imagen de un estado, y establece un acertado paralelismo entre su labor interpretativa en el cine y como consorte del líder monegasco: “Este es el papel de tu vida“.

Grace de Mónaco cartel españolDesde el comienzo de Grace de Mónaco, con un aviso que aclara que estamos ante un relato de ficción basado en hechos reales, y a lo largo de todo el metraje (de la manera más machacona y repetitiva), se insiste en la idea de la vida de Su Alteza Serenísima como la de una princesa de cuento de hadas. Y así se refleja tanto en el etéreo y preciosista acabado del filme como en el excelente diseño de vestuario, peluquería y escenografía. Dahan trabaja para reforzar esta percepción de la historia, pero a la vez trata de acercarnos a la realidad del personaje en un periodo de tumulto, durante el conflicto por el intento de asimilación de Mónaco por parte de Francia. Pero por muchos intentos de dotar a la historia de enjundia y trascendencia, el realizador no consigue traspasar su enlustrada superficie. Y mira que lo intenta. A través de unos intrusivos (casi pornográficos) primerísimos primeros planos al rostro de Kidman, Dahan busca (desesperadamente) reflejar el tormento interior de Grace. El resultado es efectista, un capricho estético más -como esas ocasionales secuencias al más puro estilo hitchcockiano– en una obra que destaca casi exclusivamente por su cuidadísimo envoltorio.

Efectivamente, Grace de Mónaco no es más que una bella y lujosa farsa repleta de malas imitaciones (atención a Paz Vega o a cualquier político o personaje histórico que aparece en la película), pero nos sirve al menos para constatar de nuevo el (cada vez más infravalorado) talento de Nicole Kidman. La mencionada escena en la que Dahan nos pone literalmente en la piel de Grace, mostrándonos muy de cerca los ojos más hermosamente tristes del cine, siempre lacrimosos y agotados de estar abiertos, como también el clímax en la gala de la Cruz Roja (con diferencia la mejor secuencia del filme), nos permiten disfrutar de la Nicole más vulnerable y delicada, una actriz sumamente conmovedora. Es una pena que en ningún momento seamos capaces de ver en su rostro o de oír en su voz a alguien que no sea la propia Kidman, y mucho menos a la Princesa de Mónaco.

Valoración: ★½

 

 

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Comentarios (1)

 

  1. Reyna dice:

    Si se tiene insomnio, hay que ver esta pelicula.

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