Mad Men 7.05 “The Runaways”

Peggy Ginsberg The Runaways

“He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura”
-Allen Ginsberg, Aullido (1956)

La dimensión desconocida

A estas alturas, todavía los hay que dicen que en Mad Men no pasa nada. Para ser justos, seguramente estos descreídos son los que se bajaron en la primera temporada y se limitan a repetir la misma cantinela año tras año. Si hay una serie de televisión en la que siempre esté pasando algo, ya sea lo que ocurre ante nuestros ojos o lo (no siempre tan) oculto en las muchas capas que la conforman, esa es Mad Men. Pero además de este constante (y emocionalmente estresante) devenir, la serie de Matthew Weiner nos golpea de vez en cuando con instantes de gran impacto, generalmente relacionados con la violencia (en sus muchas vertientes) y el sexo, que sirven como revulsivo y nos deja al descubierto la realidad sobre esta historia, que no cesa ni un segundo de contarnos algo.

El pezón automutilado de Michael Ginsberg en “The Runaways” nos remite a aquel inolvidable accidente con la cortadora de césped en SCDP (salvando las distancias), nos recuerda otros sangrientos y macabros acontecimientos en la serie, ya sean producto del azar o reflejo de una mente atribulada (Betty escopeta en mano, Peggy apuñalando a Abe con un arpón, Lane ahorcándose) y nos dice que el relato de Mad Men está regido por una enorme violencia contenida que necesita salir a la superficie de cuando en cuando para poder seguir adelante. El nipplegate de Ginsberg nos confirma algo que sabíamos de sobra: En Mad Men todo, hasta lo más insignificante y aparentemente fortuito, ocurre por una razón. Veamos por qué.

Peggy The Runaways

Que Ginsberg no tenía la cabeza bien amueblada es algo que sabemos desde su primera aparición en la serie, en el episodio “Tea Leaves” (5.03). Cuando echamos la vista atrás y recordamos sus palabras, las de un profeta o un loco (tanto monta, monta tanto) a quien nadie toma en serio, todo adquiere sentido. “No elegí esta profesión, ella me eligió. Yo no tuve ningún tipo de control sobre ello” -con el tema del futuro, Mad Men está entregándose ahora a lo literal, Ginsberg lleva haciéndolo desde el principio. Cuando Peggy le dice que se está describiendo como una persona normal, él confiesa que nadie lo había “acusado” de algo así jamás. Ginsberg también cuenta a Peggy -convertida desde ese momento en el recipiente de sus desvaríos- que suele pasar horas hablando a la radio (no por radio), y en el episodio “Far Away Places” (5.06) le confiesa que viene de Marte, en una escena en la que creemos que se nos está hablando sobre ella a través de él, cuando en realidad nos está ocultando a simple vista al verdadero Ginsberg, y adelantado así los acontecimientos de “The Runaways”:

Michael: I’m from Mars. It’s fine if you don’t believe me, but that’s where I’m from. I’m a full-blooded Martian. Don’t worry, there’s no plot to take over Earth. We’re just displaced. I can tell you don’t believe me. That’s okay. We’re a big secret. They even tried to hide it from me. That man, my father, told me a story I was born in a concentration camp. But you know that’s impossible. And I never met my mother because she conveniently died there. That’s convenient. Next thing I know, Morris there finds me in a Swedish orphanage. I was 5; I remembered. And then I got this one communication. A simple order: Stay where you are.
Peggy: Are there others like you?
Michael: I don’t know. I haven’t been able to find any.

Estos arrebatos de franqueza han sido siempre percibidos como el producto de una personalidad excéntrica, impulsiva e inmadura, y también como síntoma inequívoco de una profunda soledad. De una manera o de otra, su esquizofrenia ha sido amortiguada e ignorada, quizá porque la hemos experimentado en relación a la revolución social de los 60, con todos los efectos lisérgicos y psicodélicos que también hemos visto en otros personajes. Lo pintoresco de sus relatos y profecías no lo era tanto comparado con lo que ocurría a su alrededor. Es decir, cuando Ginsberg mostraba su vertiente alucinada y conspiranoica, no nos extrañaba demasiado, porque el mundo entero se estaba volviendo loco. Pero resulta que Ginsberg estaba enfermo de verdad, y ha terminado abandonando SC&P en una camilla, con una protuberancia menos.

Lou Jim The Runaways

En “The Runaways” vemos a Ginsberg finalmente vencido por el terror y la paranoia. En una de las escenas centrales del episodio, que parece directamente sacada de una historia de The Twilight ZoneMichael cree desenmascarar la conspiración que existe tras los ordenadores. Extendiendo el homenaje a 2001: Una odisea del espacio que comenzó en “The Monolith“, Michael se convierte por un momento en HAL 9000, y como la inteligencia artificial de Kubrick (el único personaje que muestra verdaderos sentimientos humanos en 2001), intenta leer en los labios del enemigo, en una referencia directa a la película, el complot para destruir la agencia: las máquinas están volviendo homosexual a todo el mundo. Lou y Jim ya han caído, y él ha sido víctima de varios golpes del rayo gayzador que por ahora ha conseguido esquivar. En “The Monolith”, el ingeniero informático (recordad, el mismísimo Diablo según Don) decía que los ordenadores eran una metáfora de aquello que nos aterrorizaba. ¿No será todo esto una manera de bloquear sus propias pulsiones? Tendría sentido si pensamos en que Michael suele proyectar en otros lo que está ocurriendo en su mente.

En otro de los momentos clave de “The Runaways”, Ginsberg pregunta al informático (y al ordenador, que para él tiene consciencia) “¿Qué soy, Casandra?”. En la mitología griega, Casandra recibió de la mano de Apolo el don de la profecía, a cambio de un encuentro carnal que acabó traicionando. Como resultado, la sacerdotisa mantuvo su don de adivinación, pero fue víctima de una maldición por la cual todos la considerarían una loca y nadie creería jamás sus profecías. Aunque huelgue decirlo, sí, Ginsberg es Casandra -y también su análogo en los cuentos de hadas, Pedro y el lobo. Él cree que está advirtiendo a todos de la inminente revolución de las máquinas, de los peligros que les depara el futuro si siguen entregándose a la tecnología de otro mundo -probablemente haya acertado en sus profecías, ya sabemos lo que pasa cuando nadie escucha a un loco que predice el fin del mundo. Pero en realidad, de lo que les estaba avisando todo este tiempo con sus aullidos es de que es él quien no es de este mundo, que se ha desplazado por completo de este plano de la realidad, de esta dimensión.

Megan The Runaways

Aunque parezca que no, en “The Runaways” ocurren muchas más cosas. Don hace un trío con Megan y la mejor amiga de su mujer. La extrema sensualidad de la escena (una de las más provocativas que hemos visto en la serie) se ve contrarrestada por lo que hay detrás: Megan está celosa porque la reaparición de la sobrina de Don le recuerda que ella no es la persona que mejor conoce a su marido, y el trío es su manera de fabricar un secreto, una vida oculta sobre la que ella tenga algo de control, además de una posible solución al problema de faldas de Don -si Megan se encarga de escoger esas faldas, quizás pueda contener el problema.

Por otro lado, Don descubre gracias a Harry Crane que los socios de SC&P planean un golpe para echarlo definitivamente de la agencia, y recuperando su gloria como creativo, traza un ingenioso plan que le garantiza inmunidad en SC&P y de paso deja a sus jefes en pañales. The Man Is Back. Por último, Betty vuelve a sufrir el síndrome de la esposa maniquí cuando recibe un varapalo de Henry por salirse del guión establecido para mantener la fachada de su marido. Betty ya pasó por lo mismo con Don, y empieza a hartarse de vivir así otra vez. Betty quiere que la vean, como Sally. Cuando Henry las reprimenda por pelearse, cual padre que disciplina sus niñas, volvemos a darnos cuenta de que ambas están viviendo simultáneamente su revolución adolescente. Como de costumbre, “The Runaways” es un episodio de Mad Men repleto de acontecimientos y rebosante de subtexto, pero por esta semana el pezón de Ginsberg es el centro del universo, es un agujero negro que se traga la realidad y nos impide desviar nuestra atención hacia otra cosa durante más de un minuto.

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