Crítica: 3 días para matar

Kevin Costner 3 días para matar

Está claro que Kevin Costner está deseando encontrar el comeback perfecto para reubicarse en Hollywood como el héroe de acción entrado en años que estaba llamado a ser. Lo hemos visto recientemente como padre de Clark Kent en El hombre de acero y como supervisor de Chris Pine en la fallida Jack Ryan: Operación sombra. Pero lo que a él le hacía falta no era un personaje comparsa o de mentor, sino protagonizar su propio thriller. Para cumplir esa función llega 3 días para matar (3 Days to Kill), comedia de acción dirigida por McG (Los ángeles de Charlie) y basada en una historia original de Luc Besson, que además co-escribe el guión.

3 días para matar tiene el sello Besson en cada uno de sus planos (torpemente montados, por cierto). En ella se respira su peculiar sentido del humor, que se ajusta como anillo al dedo a ese subgénero del cine de acción protagonizado por hombres duros y letales haciendo Cartel 3 días para matarmonerías y/o rudos cowboys americanos chocando con toda persona y cultura con la que interactúen. Ese es a grandes rasgos Ethan Renner (no se me ocurre nombre más idóneo para un personaje así), agente de la CIA cincuentón que descubre que tiene un tumor cerebral y le queda poco tiempo de vida. Esta noticia le lleva a aceptar una misión suicida supervisada por una femme fatale –Amber Heard demostrando una vez más que no tiene talento-, a la vez que intenta reconectar con su hija adolescente, interpretada muy correctamente por Hailee Steinfeld, protegiéndola durante la ausencia de su madre, la noventera Connie Nielsen. Después de conocer el argumento, debemos plantearnos eso de “historia original”. 3 días para matar se columpia constantemente entre la comedia familiar, el espionaje y el melodrama sentimentaloide sin escatimar en clichés. Pero el pastiche, por muy tópico que sea, cumple su función a las mil maravillas.

3 días para matar es sorprendentemente divertida y emocionante, y está llena de chistes y gags eficaces y algún que otro momento de acción trepidante (que a ratos recuerda a Crank, salvando las locas distancias), contribuyendo a un ritmo más que agradecido. Aunque navegue constantemente en las peligrosas aguas de la inverosimilitud y se pase un poco con el almíbar, se mantiene a flote gracias a ese tono paródico con el que Besson impregna todo lo que toca -y, todo sea dicho, que no siempre le da buenos resultados, como hemos visto recientemente en Malavita. Costner está espléndido como héroe gruñón, y muy convincente como padre arrepentido y sobreprotector (la química con Steinfeld es indudable). El actor de Bailando con lobos no es ningún virtuoso, pero su talento suele infravalorarse. En 3 días para matar, Costner domina perfectamente su rango interpretativo, y explota con precisión su galantería, ternura o aspereza dependiendo de la situación o la compañía. El resultado es un personaje tan carismático como cercano con el que es fácil simpatizar, y al que seguimos con gusto a través de un filme con aroma inconfundible a cine de acción de los 90, donde Besson parece vivir eternamente.

Valoración: ★★★

 

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