Crítica: El tour de los Muppets

MUPPETS MOST WANTED

La gente detrás de Los Muppets es perfectamente consciente de que el éxito de la película de 2011, 13 años después de la última incursión cinematográfica de los personajes creados por Jim Henson, podía desvanecerse pronto, y efectivamente, así ha sido. Por eso, la secuela de Los Muppets, titulada El tour de los Muppets (Muppets Most Wanted en su versión original), no se sustenta tanto en la nostalgia como su fantástica predecesora, sino que es consciente de que la entusiasta re-acogida de estas marionetas en la era digital, por muy merecida que fuera, era más bien una ilusión pasajera.

No hay más que ver la brillante secuencia musical de apertura, la declaración de intenciones “We’re Doing a Sequel“, que retoma la acción en el justo instante donde la dejó la película anterior, con las calles de Hollywood abarrotadas de fans de los Teleñecos que vitorean el regreso de sus personajes favoritos. En El tour de los Muppets se desvela que todos estos fans no eran más que extras, y la compañía de la rana Gustavo va a tenerlo un poco crudo para mantenerse en el candelero. Así es cómo comienza este (otro) inspirado ejercicio metatextual de autoafirmación en el que los Muppets insisten en su fórmula clásica, tal cual: humor autorreferencial, bobalicones juegos de palabras, chistes tipo “¿por qué la gallina cruzó la carretera?”, slapstick, cameos y ese sentimiento de cariño, compañerismo y pertenencia al que siempre acaban regresando.

MUPPETS MOST WANTED

En El tour de los Muppets los personajes se convierten sin saberlo en cómplices de un fraude perpetrado por el villano Dominic Badguy (Ricky Gervais), un malhechor que se aprovecha de la inocencia y el anhelo de los Muppets por volver a los escenarios, y orquesta un golpe a gran escala para robar las joyas más importantes de los museos de distintas capitales europeas, que casualmente son adyacentes a sus teatros más célebres. De esta manera, Los Muppets practica todas las tradiciones de las segundas partes (aunque técnicamente esta sea su octava película en el cine), y en esta ocasión se da el salto al viejo continente, aumentando las localizaciones -que incluyen un Madrid dolorosamente estereotipado y confundido con Sevilla-, complicando las tramas y convirtiendo a los Teleñecos en héroes de acción protagonistas de sus propias escenas de riesgo (con un poco de ayuda del amigo ordenador, todo hay que decirlo).

En cuanto al reparto de carne y hueso, en El tour de los Muppets tenemos a un trío de grandes nombres de la comedia actual, que presiden las tres tramas entrelazadas de la película y se lo pasan en grande en sus papeles. Al mencionado Ricky Gervais se suman una divertidísima (d’uh!) Tina Fey en el papel de guarda de la prisión siberiana en la que Gustavo es encerrado al ser confundido por el criminal ruso Constantine, y Ty Burrell (Modern Family), como un atolondrado detective francés  encargado de investigar los robos de joyas junto al patriótico Sam el Águila. El personaje de Burrell es evidentemente un homenaje al Inspector Clouseau y ejerce como parodia del francés medio según ojos yanquis.

MUPPETS MOST WANTED

Y como es tradición, a lo largo del metraje se asoman infinidad de rostros conocidos: humoristas (Zach Galifianakis, Jermaine Clement), actores en boga (Tom Hiddleston, Saoirse Ronan), estrellas internacionales (Christoph Waltz, la mexicana Salma Hayek representando a España, porque si cuela, cuela) y personalidades del mundo de la música (Lady Gaga, Sean Combs), por nombrar solo unos cuantos (ir descubriéndolos forma parte de la magia de la película). Pero si un cameo se lleva la palma es el de Celine Dion, que protagoniza junto a Piggy el momento musical más destacado del film, “Something So Right“, un sorprendente número reminiscente del “Man or Muppet” ganador del Oscar, que sin embargo no eclipsa al resto de canciones de Bret McKenzie (Flight of the Conchords), sin duda a la altura de las composiciones originales de Los Muppets (2011).

En las labores de dirección repite James Bobin, artífice junto a Jason Segel (que no aparece en la secuela) y McKenzie de devolver la magia a los Muppets y adaptar su particular sentido del humor (para muchos anticuado, y no les culpamos) y su clasicismo formal y discursivo al lenguaje del siglo XXI, sin traicionar por un segundo la esencia de los personajes y el espíritu de su show de variedades de los 70. El tour de los Muppets es la prueba de que quizás no hayan conseguido poner de moda de nuevo a los Teleñecos o iniciar una corriente alternativa al mercado CGI, pero sí han sido capaces de levantar otra inteligentemente absurda metacomedia de aventuras. Es cierto que no está a la altura del anterior episodio de los Muppets, pero hará igualmente las delicias de los fans de las marionetas de Henson, que no nos engañemos, ya rondan la edad de Segel, McKenzie o Bobin. Porque sabemos que ellos mismos son el público objetivo de estas películas, y al final, todo queda entre fans.

Valoración: ★★★½

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Comentarios (1)

 

  1. He de reconocer que me lo pasé pipa viendola gracias a un concurso, es divertida, inteligente y sorprendente, pero creo que pierde fuelle respecto a la anterior película de los personajes y eso es una lástima.

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