Mad Men 7.01 “Time Zones”

Megan Time Zones

Las cuatro P de Mad Men

Después de seis años de cambio y evolución, decir que Mad Men regresa a sus orígenes con su última temporada no es exactamente acertado. Pero lo que sí es verdad es que, tras una sexta temporada ahogada en la oscuridad y la turbación, caracterizada por el descenso a los infiernos de sus protagonistas (recordad, La Divina Comedia de Dante sirvió como armazón narrativo), la serie de Matthew Weiner vuelve decididamente más luminosa y relajada con su temporada final. Es sin duda el efecto del sol de Los Ángeles, esa ciudad tan “plana y fea” que sin embargo tiene el poder de cambiar a (casi) todo el mundo, y sobre todo, de hacer ver el tiempo pasar de otra manera. Pero no os confundáis, esto sigue siendo Mad Men al 100%.

Con “Time Zones“, Weiner se relaja en cuanto al fuerte simbolismo y a las constantes metáforas de las que se ayuda para contar su historia, y que cobraron una importancia capital durante las dos temporadas anteriores. Deja así mayor libertad a sus personajes, para que estos se muevan por su propio impulso, y no tanto por los designios del creador que maneja sus hilos. No es que Mad Men haya renunciado al clásico tejido narrativo de dobles (y triples) sentidos, ni a su brillante trabajo de caracterización literaria, nada de eso (seguimos asistiendo a la creación de un relato televisivo de precisión suiza), pero es como si Weiner se hubiera dado cuenta de que sus personajes necesitaban respirar, y ha decidido darles algo de aire y un poco más de espacio en este arranque de temporada.

Roger Time Zones

“Time Zones” es el amanecer después de una noche en vela atormentados por nuestros demonios, por las decisiones erróneas y las consecuencias de sucumbir siempre al comportamiento equivocado (lo que define sin duda a casi todos los personajes de esta serie). Una nueva mañana para retomar el trabajo, seguir adelante -hacia arriba a poder ser- y si queda tiempo, para pasearse en slow-moPorque Megan Draper es mucho, pero es mucho más a cámara lenta. Ese contoneo de la mujer de Don Draper saliendo del deportivo para recoger a su marido en el aeropuerto, a golpe de beat, con el sol haciendo brillar su imponente y vaporoso vestido azul, es quizás la escena más memorable de este “Time Zones”, lo que indica que, efectivamente, no pasa nada si nos tomamos las cosas con un poco de calma (como tampoco si nos reímos un poco a costa de la percepción de profundidad de Ken Cosgrove). Para ello, os invito a echaros en la hamaca para recordar las cuatro P de Mad Men, los puntos que nos ayudarán a reubicarnos en la historia y ver hacia dónde se dirige, pero sin agobios ni presiones, ¿de acuerdo?

Publicidad. “Time Zones” comienza con un pitch de Freddy Rumsen mirando a cámara, una ruptura de la cuarta pared que sirve de algún modo para reencauzar la serie y recordarnos (aunque no se nos haya olvidado en ningún momento) la importancia de los mecanismos publicitarios, de sus técnicas de engaño y seducción, en el desarrollo de los personajes (especialmente en Don), y ya de paso inaugurar oficial y explícitamente el último capítulo de la gran novela americana de Matthew Weiner: “Are you ready? This is the beginning of something”, nos dice el autor. En efecto, este es el principio del fin. Y por eso es importante regresar a donde comenzó todo, rascar hasta encontrarnos con la tesis original de la serie, solo que un tanto descargada de tragedia y gravedad: No importa quién eres, sino cómo te vendes. Así empezó esta historia, y esta es la idea que sigue dando cuerda al relato.

Pete Time Zones

Personajes. Desde que Don se encuentra de excedencia obligatoria, los personajes carecen de un contrapunto esencial en sus vidas, y esto les afecta positiva y negativamente. Sin Don, Peggy no tiene a ese mentor que le indique sin rodeos (pero desde el respeto y los celos profesionales) que también se equivoca. Sin Don, Joan parece más libre (también algo desubicada) para seguir avanzando como socia de la agencia, aunque le toque empezar por abajo, con clientes que acaban de dejar la pubertad. Es decir, Peggy necesita la mano dura de Don para desarrollar su potencial y tomar el control, Joan todo lo contrario, no necesita ningún hombre que la siga viendo como una secretaria. Y por último, sin Don, Roger está completamente sumergido en la vida loca de los 70 -aunque todavía estamos en enero de 1969. Ya vaticinamos que se acercaban las key parties, pero Roger se ha pasado directamente a la vorágine psicodélica del amor libre y multitudinario (Mad Men también vuelve más cochina que nunca, para muestra, la escena post-orgía de Roger). Claro que este itinerario ya estaba tomado antes de que Don se marchase de Nueva York. No hay duda, la revolución sexual ha estallado.

Los recientes cambios en Sterling Cooper & Partners y el paso a “bicostal” de algunos personajes ha afectado a la dinámica de la agencia (más dispersa que de costumbre) y evidentemente a los caracteres y comportamientos de los personajes. Pete está pletórico en su papel de yuppie soltero de oro (bañado en oro, se entiende) y ha asimilado el estilo angelino como la esponja que es (rubia de bote del brazo incluida). Y Megan lucha por su carrera como actriz, lo que continúa ensanchando la brecha generacional con su marido, y sigue sirviendo a Weiner como mecanismo para dirigirse a su audiencia y proporcionar jocosos comentarios metanarrativos: “No hace falta que te arreglemos los dientes”.

Peggy Time Zones

Peggy Olson. Ya hemos establecido en multitud de ocasiones que Peggy es la verdadera protagonista de Mad Men, por eso se merece su P aparte. Ella es el ejemplo más significativo de cambio en la serie (aunque también se ajuste a la fórmula publicitaria de crearse un yo para venderse mejor). Sin duda es el personaje que más ha prosperado desde el principio de la serie. Por eso es especialmente descorazonador contemplarla en su estado más vulnerable. En “Time Zones” vemos cómo Peggy se desenvuelve en SC&P con su nuevo jefe, que es otro tipo de sexista del que está acostumbrada a recibir órdenes. Y comprobamos que tiene sus límites y sus defectos: Peggy es terca como una mula, se cree intocable, y es muy mala perdedora, da igual si lo es de manera justa o no. Pero no es hasta el final del episodio, al quedarse sola en su apartamento, cuando se viene abajo y nos desvela hasta dónde llega la impotencia que siente por haberse topado con un muro blindado de acero que le corta el camino. El alcance de la desesperación de Peggy se manifiesta en un sutil instante en el que mira hacia arriba de rodillas llorando en el suelo, recordándonos que proviene de una familia profundamente católica. Elisabeth Moss nos regala con esta escena (y con todas las que la preceden) una de sus mejores interpretaciones hasta la fecha.

Don Time Zones

Paso del tiempo. Una de las grandes preguntas de Mad Men (y del 80% de las ficciones televisivas de calidad) es “¿Podemos cambiar?” y en concreto “¿Puede Don Draper cambiar?” No hace falta ser muy avispado para darse cuenta de que el título del capítulo no solo se refiere a las zonas horarias entre las que ahora se mueven los personajes, sino a los distintos “tiempos” en los que viven. Como comprobamos el año pasado, Don y Megan no habitan en el mismo tiempo. Mientras el resto de personajes avanzan al compás de las transformaciones sociales del país, Don contempla cómo todo a su alrededor cambia y lo asimila pasivamente, dejando que el presente lo entierre poco a poco. Por eso en “Time Zones” seguimos viendo al protagonista recostado en el sofá mirando la tele en varias ocasiones. El mundo se mueve, pero Don Draper no se mueve con él. Y cuando decide dar un paso es para tropezar otra vez con la misma piedra.

Hasta hace poco, Don se ha esforzado por mantener en pie esa fantasía manufacturada por él mismo, pero cada vez tiene menos sentido seguir engañándo(se). Como le dice al personaje de Neve Campbell -que evoca al de Linda Cardellini y corrobora que Don tiene un tipo de mujer muy definido: “Ella sabe que soy un marido terrible”. Pero ese personaje no está ahí para hacerle recaer en sus vicios (de momento), sino para cumplir el ya tradicional papel de fantasma de las navidades futuras que avisa a Don, a través de analogías increíblemente concisas, del futuro que le espera si continúa afrontando así el paso del tiempo: “Estaba sediento. Murió de sed“. Volvemos a la secuencia de apertura del episodio y corroboramos lo que ya sabíamos. Durante el ensayo de pitch de los relojes Accutron (no hace falta señalar lo obvio), se está estableciendo un diálogo entre Freddy Rumsen y Don Draper, que, desolado y congelado en la terraza de su apartamento en Nueva York, también rompiendo la cuarta pared, se enfrenta a la gran pregunta que abre este capítulo final de Mad Men: “¿Tienes tiempo para mejorar tu vida?”

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Comentarios (5)

 

  1. Fenix dice:

    Esta vez me ha gustado más tu análisis que el capítulo. El jugo que le sacas a algo que a mí me ha dejado bastante igual (entrada en escena de Megan aparte) es impresionante. Siendo la última temporada espero que vaya teniendo un poco más de chicha en los próximos capítulos.
    Tu fiel lectora 😉

  2. la malou dice:

    se te ha olvidado el discurso de Nixon de fondo

  3. ZouBisou dice:

    Perdon pero este capitulo me resultò un poco confuso.
    ¿A que se refería la mujer en el avion con “muriò de sed” ? y ¿que fue lo que pasó con Joan y que la fabrica de zapatos queria abandonar la agencia y luego no? Espero la respuesta!!! Gracias

  4. Andrea Moss dice:

    Buen comienzo de temporada. Y puntos para Matthew Weiner por el cameo de Neve Campbell 🙂

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