Crítica: Mejor otro día

A LONG WAY DOWN

Mejor otro día es el título en español de A Long Way Down (así, como siempre, simplificando para el público español, que de otra manera no pica, aunque luego no distingamos las películas por el título, porque son todos igual de simplones). Se trata de la adaptación de En picado (Anagrama), la novela del afamado Nick Hornby, autor de best-sellers como Alta fidelidad (High Fidelity) y Un niño grande (About a Boy) convertidos ambos en queridos largometrajes. Tras el éxito de ambas películas entre crítica y público, el francés Pascal Chaumeil (Los seductores, Llévame a la luna) se encarga de trasladar al cine la novela de 2005, para lo que cuenta por primera vez con un reparto íntegramente angloparlante.

La primera producción en inglés del realizador francés es una comedia tontorrona y optimista, en la línea de lo que nos tiene acostumbrados. Sin embargo, en Mejor otro día Chaumeil se muestra más contenido y centrado, menos propenso al desvarío y el absurdo de su anterior filme, Llévame a la luna. Aunque la historia le da pie a ello, el director prefiere mantenerse en todo momento en la zona segura, componiendo una amable y facilona cinta de autoayudaMejor otro día es la disparatada historia de cuatro desconocidos que en Nochevieja se encuentran en la azotea de un edificio de Londres conocido por su elevado número de suicidios al año. Los cuatro se disponen a saltar al vacío, pero una conversación les lleva a forjar un pacto para seguir con vida: “Prometemos no suicidarnos hasta el día de San Valentín”.

MEJOR OTRO DÍAEste Club de los suicidas está formado por un eficaz reparto lleno de caras conocidas para el público internacional: unos muy loables Pierce Brosnan y Toni Collette (él desprendiendo encanto canalla y ella aportando un poco de espíritu indie), y los jóvenes Imogen Poots y Aaron Paul, que repiten como tándem interpretativo después de la muy reciente Need for Speed, demostrando de nuevo la gran química natural que hay entre ellos. También se dejan ver en la película Sam Neill y Rosamund Pike, que aportan la nota más caricaturesca a la comedia (sobre todo ella, que bien podría ser un personaje de Parks and Recreation).

En general, lo mejor de esta descafeinada farsa buenrollista es su reparto, especialmente Poots, que desde que irrumpe en escena como el demonio de Tasmania hasta el final, se convierte en el objeto brillante que no puedes dejar de mirar. La bonita (e implausible) amistad que se forma entre estos cuatro personajes nos da muy buenos momentos, tanto cómicos como dramáticos, y sirve con eficacia el propósito de provocar la sonrisa, e incluso de conmover ocasionalmente. Sin embargo, la cinta de Chaumeil pierde valor por su terrible banalización de un tema tan delicado como la depresión y el suicidio. Salta a la vista que tiene las mejores intenciones, y no es difícil contagiarse de este encomiable canto de afirmación a la vida. Pero en última instancia, Mejor otro día carece de verdadero poder terapéutico, y se desvanece rápidamente en la memoria como la gran tontería que es.

Valoración: ★★½

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Comentarios (2)

 

  1. herb_b dice:

    A ver si Poots y Paul consiguen proyectos que les asienten en el cine… la una lleva ya demasiado tiempo siendo una semi desconocida, cuando mereceria mas, y el otro, aunque es conocido y reconocido de sobra por Breaking Bad, tiene ahora la dificil papeleta de dar el salto de un medio a otro, y hasta ahora, esta consguiendo proyectos que son muy poquita cosa…

    • Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

      Lo peor en el caso de Aaron Paul es que sus dos papeles más destacados en cine después de Breaking Bad son muy similares en estilo a Jesse Pinkman. Seguramente no quieren contratarlo para otra cosa.

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