Crítica: Río 2

RIO 2

En el panorama actual del cine de animación podemos dividir las películas en dos grandes grupos: las que tienen cierta ambición creativa más allá de la técnica y las que no son más que productos de márketing ideados por un equipo de comerciales. Casi todas las grandes compañías realizan películas que se pueden adscribir a un grupo u otro. Muy pocas consiguen crear obras capaces de aunar esa visión de mercado con la pasión por contar historias y hacer cine, cine a secas. Por desgracia, no es este el caso de Blue Sky, que, exceptuando alguna honrosa desviación del camino marcado (Epic), siguen haciendo la misma película de siempre, realizada a partir del molde ya gastado del cine familiar CGI, y escrita por un equipo creativo con la tarea de ajustarse lo más fielmente posible al modelo que funciona en taquilla. Ese es exactamente el caso que nos ocupa, Río 2.

Río 2 está escrita por cuatro personas, y ya sabemos lo que suele significar eso. Será difícil encontrar en ella algún atisbo de originalidad. Estamos ante un film en el que todo ocurre cuando tiene que ocurrir, en el que los puntos de inflexión de la historia están calculados matemáticamente y los personajes son los mismos arquetipos, sin apenas variaciones, que nos encontramos siempre. No cabe duda de que Río 2 es un producto excelentemente manufacturado, de hecho, puede que su principal problema es que sea demasiado perfecta e inocua para que muchos (adultos) nos la tomemos en serio como cine. Lo que no se puede negar es que, aunque todo forme parte de una fórmula testada (o precisamente por eso), Río 2 es muy simpática -es más, no se pasa de graciosa como suele suceder con estas películas, y se agradece-, transmite valores educacionales muy valiosos (claro que también son los mismos de siempre, y yo creo que a los niños ya por un oído le entran y por otro le salen), y aunque sobre decirlo, es técnicamente impresionante.

Rio 2En ese sentido, Río 2 supera con creces a su predecesora, que ya era un precioso festival de sonido y color que tapaba una historia mil veces contada. Como mandan las leyes de las secuelas, esta segunda parte multiplica todos los elementos de la primera: la familia de Blu y Perla aumenta con tres retoños y la introducción de la familia política, vemos a muchas más especies animales, no solo aves, que nos dan algunos de los momentos cómicos más inspirados de la película (como la audición en la selva para el Carnaval de Río), y tanto el jolgorio y la aventura como el peligro aumentan exponencialmente. La acción se traslada de las calles de Río de Janeiro hasta la selva del Amazonas, y no se podría haber sacado más provecho del escenario natural que se recrea. Qué belleza.

En cuanto a lo que se nos cuenta -la clásica historia de animales divididos entre la vida domesticada y sus raíces salvajes + el héroe de andar por casa que debe demostrar su valía + la típica lección ecológica-, Río 2 no es una película para el recuerdo, pero merece la pena aunque solo sea por sus exultantes imágenes en la selva y por la excelente animación de la anatomía de los pájaros, sin duda uno de los puntos fuertes de esta franquicia. Otro sería el componente musical, sin duda lo que le otorga su identidad y separa a Río del resto de películas cortadas por su mismo patrón. Río 2 es un musical de altura, una cinta rebosante de samba y bossa nova en la que las sensacionales coreografías de los pájaros en la selva al ritmo de la música compuesta y producida por John Powell (Cómo entrenar a tu dragón) son lo único verdaderamente sobresaliente de una propuesta por lo demás olvidable.

Valoración: ★★½

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