Crítica: Las aventuras de Peabody y Sherman

Peabody y Sherman

La nueva propuesta de Dreamworks Animation Studios, Las aventuras de Peabody y Sherman, está basada en unos dibujos animados de finales de los 50 y comienzos de los 60 de escasa repercusión en España (más allá de su cameo en Los Simpson). Mr. Peabody & Sherman era un sketch fijo dentro de El show de Rocky y Bullwinkle (dos personajes animados que ya tuvieron una olvidada adaptación cinematográfica en 2000). En él, Peabody (se pronuncia pí-bodi), un beagle científico famoso por ser el ser más inteligente del planeta, y su hijo adoptivo, un niño humano llamado Sherman, viajaban con su máquina del tiempo y revivían los acontecimientos más importantes de la historia, conociendo a personajes clave como Napoleón, Leonardo Da Vinci o Cleopatra.

Esta adaptación moderna, de la mano de Rob Minkoff (el realizador con menos talento del tándem que dirigió El rey león), conserva la historia original, ajustándola a los parámetros actuales del cine de animación digital. Esto quiere decir que Las aventuras de Peabody y Sherman es una cinta indudablemente enérgica, colorista y bienintencionada, tal y como cabe esperar de cualquier película del estudio, Peabody y Sherman_Poster Oficialpero también tremendamente corriente y formulaica, como ocurre con el 90% de la animación digital hoy en día. Se distancia ligeramente de otras películas animadas por su marcada estructura episódica y sigue la acertada senda del estudio alejándose del fotorrealismo en favor de una simpática animación cartoon, pero en el fondo es exactamente igual que todas las demás.

En Las aventuras de Peabody y Sherman todo transcurre según lo preprogramado. No falta el mismo mensaje y las lecciones de siempre, ni los guiños a los papis (algunos sorprendentemente picantes), que darán el visto bueno a la película por su valor educacional y su capacidad para embelesar a sus pequeños gritones durante hora y media. Y tampoco falla ese factor emotivo ya imprescindible en cualquier película de animación moderna que se precie. Desde que Pixar perfeccionó el arte de tocar la fibra con sus personajes animados, no hay ni una que prescinda de su clímax lacrimógeno. Sin embargo, en Las aventuras de Peabody y Sherman, a pesar de las buenas intenciones, lo sentimental se antoja demasiado calculado y artificial, como un elemento más de la fórmula que se ha aplicado siguiendo el manual al pie de la letra. Solo el ocasional set piece, donde se domina la acción con soltura, y las siempre infalibles paradojas de las historias de viajes en el tiempo, evitan que Las aventuras de Peabody y Sherman caiga en el tedio absoluto. Eso sí, no hace falta viajar al futuro para saber que esta película no durará en nuestra memoria mucho tiempo.

Valoración: ★★½

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