Crítica: Cuento de invierno

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Akiva Goldsman es uno de los guionistas más poderosos de Hollywood. A lo largo de dos décadas ha acumulado libretos para sonados fracasos artísticos como las entregas de Batman dirigidas por Joel Schumacher, Perdidos en el espacio o Prácticamente magia, pero ninguno de sus tropiezos le ha parado los pies. Incomprensiblemente llegó a ganar un Oscar por el guión de Una mente maravillosa, ese clásico intemporal que a día de hoy recordamos como una de las obras maestras de comienzos de siglo (NO). Más recientemente se ha encargado de las adaptaciones cinematográficas del fenómeno literario de Dan Brown El código Da Vinci, haciendo que muchos nos cuestionemos por qué Hollywood sigue amparando a este señor (¿un milagro, quizás?). Por si su gran incompetencia escribiendo no fuera suficiente tortura, ahora Goldsman da el salto a la dirección con otra adaptación literaria, Cuento de invierno (Winter’s Tale), basada en la novela de 1983 escrita por Mark Helprin.

Cuento de invierno es una historia de amor bigger-than-life, de destinos cruzados y milagros, uno de esos romances hiperbólicos e hiperalmibarados que desafían el tiempo y el espacio, narrado abarcando más de un siglo y ambientado en Nueva York, como no podía ser de otra manera. Durante un allanamiento de mansión, Peter Lake, ladrón de 21 años interpretado por Colin Farrell (y con eso ya no hace falta decir más, pero aún así seguiré) se prenda de Beverly Penn (Jessica Brown Findlay, quizás el único acierto de la película), la hija mayor de Isaac Penn (William Hurt), millonario editor del periódico The Sun. Como mandan los cánones de los cuentos de hadas, Peter y Beverly se enamoran perdidamente en cuestión de minutos y comienzan una apasionada historia de amor que desafiará mil y un obstáculos, principalmente la enfermedad de ella (se está muriendo de tisis) y la amenaza del mafioso demoníaco Pearly Soames -un bochornoso Russell Crowe pidiendo el Razzie a gritos-, que quiere matar a Peter por traicionarle años atrás. Todo envuelto en un manto de realismo mágico que el realizador claramente no tiene ni idea de cómo utilizar, haciendo que la película caiga inevitablemente en el camp más vergonzoso -acentuado por la penosa partitura de Hans Zimmer.

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Goldsman, a medio caballo entre Frank Capra y Nora Ephron (que me perdonen ambos), se asfixia tratando de condensar la novela en 120 interminables minutos, conectando pasado y presente, e intentando casar los aspectos fantásticos y románticos de la historia. Cuento de invierno es un absoluto berenjenal narrativo, una película atropellada, pesada y confusa que demuestra una vez más que el guionista es incapaz de contar una historia, da igual lo simple que sea (y Cuento de invierno no es que sea Juego de Tronos precisamente). Algo con lo que no está de acuerdo Neil Gaiman, por cierto, que elogia a Goldsman por su trabajo y anima a todo el mundo a ver la película, a pesar de que caiga en el defecto de la mayoría de producciones fantásticas en Hollywood: la sobre-explicación. Esté o no de acuerdo yo con Gaiman (tampoco es que él sea el mejor estructurando historias), hay algo en lo que indudablemente tiene razón. Aquellos que se animen a ver Cuento de invierno probablemente sabrán exactamente lo que van a ver, porque esta no oculta lo que es: Una cinta de fantasía con ángeles, demonios y caballos voladores, cargada de diálogos tan cursis que parecerá que los de Crepúsculo están escritos por David Mamet y bochornosos sinsentidos que la convierten en toda una comedia involuntaria. Ya lo dice el peor eslogan de lo que llevamos de año: “Esto no es una historia verdadera. Es una historia de amor”.

Después de todo, estrenar este desastre épico el día de San Valentín ha sido lo más inteligente que podía haber hecho el estudio: Cuento de invierno está hecha para que no importe lo más mínimo si os perdéis la mitad de la película achuchándoos. Es más, quizás eso sea justamente lo que quieren, que prestéis más atención a vuestra pareja, y que con suerte así no os deis cuenta de lo mala que es la película. Así que si vais a ver Cuento de invierno, adelante, achuchaos, es lo mejor que podéis hacer.

PD: Si al salir del cine sentís un imperioso deseo de acudir a un Dunkin’ Donuts, no os extrañéis. En su tramo final, Cuento de invierno se transforma en un spot publicitario de esta franquicia. Atención a todos los planos en los que la fachada de un Dunkin’ aparece al fondo, convenientemente encuadrada entre Colin Farrell y Jennifer Connelly.

Valoración: ★½

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Comentarios (3)

 

  1. Alici dice:

    Genial, lo del Dunkin me ha dado muchas más ganas de verla 😛

  2. David Sancho dice:

    El bueno de Akiva es muy malo. Esta película ya echaba para atrás desde el trailer, que da mucha grima. Lo único que valoro de la carrera de su director, es su participación en Fringe, that’s it.

  3. Karl Viktor Huganay dice:

    Espantosa. Simplemente espantosa. La gran bazofia del año. Un horror que no tiene por dónde cogerlo. Un atentado al buen gusto, a cómo escribir un guión, a cómo contar una historia, a todo cuanto tiene que ver con una película mínimamente digna.
    Horrorosa de verdad. Quémenla.

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