Crítica: Cuando todo está perdido (All Is Lost)

Robert Redford Cuando todo está perdido

Cuando todo está perdido (All Is Lost) es la historia de un hombre solo, en el mar. No hay mucho contexto. Sabemos que Nuestro Hombre (tal y como aparece en los créditos) tiene hijos, puesto que se dirige a ellos en off durante el prólogo (una de las tres brevísimas ocasiones en las que escuchamos una voz en la película), pero no tenemos muy claro por qué este septuagenario interpretado por Robert Redford se ha aventurado él solo en el Océano Índico. El propósito principal de J.C. Candor (Margin Call) es despojar el relato de interferencias y complicaciones, para centrarse exclusivamente en la supervivencia (todo lo contrario a lo que ocurría en la reciente En solitario, de Christophe Offenstein), en el reto artístico que supone levantar una obra cinematográfica con un solo personaje y en silencio. Si deseamos elucubrar teorías sobre las motivaciones del personaje, o cuestionarnos la verosimilitud de su empresa marítima, es simplemente nuestro problema.

cartel_cuandotodoesteperdidoLa propuesta de Candor es tan austera y cruda como (por tanto) arriesgada, y quizás por eso requiera un compromiso mayor por parte del espectador, al que se le presenta una historia altamente comprometida con el realismo -solo unas cuantas escenas se entregan a lo espectacular, apoyándose el resto del tiempo en la magnífica partitura de Alex Ebert, empleada con absoluto virtuosismo. Cuando todo está perdido es un ejercicio cinematográfico similar en esencia a la reciente Gravity, solo que donde la película de Alfonso Cuarón buscaba el conflicto y la acción constante para compensar las limitaciones del entorno (paradoja teniendo en cuenta que el espacio y el océano se caracterizan por su inmensidad), la de Candor prefiere recrearse en lo observacional, acercándose más a la simplicidad estilística de Gus Van Sant. Así, los primeros 40 minutos se dedican exclusivamente al trabajo de Redford en el barco mientras arregla el agujero que ha causado el choque con un container a la deriva que abre la película. Cuarenta largos minutos de calma naturalista que sirven para caracterizar a Nuestro Hombre como un personaje tenaz, resoluto, y también ingenuo, pero que acaban sumergiendo la película en un tedio que ni la más cruenta tormenta digital es capaz de sobreponer.

Al igual que Tom Hanks en Capitán Phillips, Redford construye una interpretación a base de contención, sin aspavientos dramáticos, en consonancia con el tono del film. Aunque está muy lejos de ser el tour de force que muchos se han empeñado en ver -lo de Hanks sí era una contención magistralmente calculada, lo de Redford se acerca más bien a la inexpresividad. Eso sí, hay que reconocer el empeño que el veterano actor está poniendo últimamente para obtener una validación que por otra parte no necesita (su ausencia entre los nominados de la Academia este año le ha supuesto una rabieta, pero el que esto escribe opina que es bien justa). Hace poco lo vimos poniéndose en evidencia en Pacto de silencio, y en Cuando todo está perdido lo volvemos a observar al límite de sus fuerzas. Solo que esta vez logra sacar provecho del desafío físico que supone la película, transformando su lucha real en la perseverancia, la desesperación y el deseo de sobrevivir que caracterizan a su personaje. Como Ryan Stone, pero con artritis.

Valoración: ★★★

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