American Horror Story Coven: ¡¡¡Balenciaga!!!

AHS The Seven Wonders

Qué  bien nos lo hemos pasado este año con American Horror Story. La serie de Ryan Murphy y Brad Falchuk comenzó su andadura hace tres años dejando muy claras sus intenciones, jurando fidelidad al exceso, el bizarrismo y la locura, asegurándose de que no habría nada igual, ni parecido, en el panorama catódico. Años después, está claro que sigue sin haber nada como American Horror Story en televisión. Y con esta tercera entrega, Coven, se les ha terminado de ir la cabeza del todo. Después de la intensidad dramática de Asylum, Coven ha sido casi íntegramente una comedia, una celebración continua. Es verdad que no se ha perdido de vista del todo el terror (aunque este año “terror” se haya entendido más como el arte de remover estómagos de asco que el de provocar miedo), pero Coven se ha caracterizado sobre todo por habernos hecho reír con un fabuloso e inolvidable grupo de personajes del que nos habría gustado disfrutar mucho más tiempo.

Coven ha sido un viaje frenético y perturbado que nos ha proporcionado una hora de diversión esquizofrénica a la semana, y esto es lo más importante. Pero no por ello podemos pasar por alto sus profundos errores de estructura. No es nada nuevo. Las dos temporadas de American Horror Story ya sufrían de planteamientos mal desarrollados o simplemente abandonados, de rodeos sobre la misma idea y tramas inconexas. Pero esta temporada nos ha dado a conocer un nuevo nivel de caos narrativo. Hemos perdido de vista el propósito de la historia en casi todos los capítulos, y al final no han logrado cohesionar todas las tramas abiertas. La recta final de la temporada ha desechado uno detrás de otro varios clímax posibles, la guerra entre brujas blancas y negras, y un enfrentamiento entre cazadores y brujas, quitándose tramas de un plumazo para centrarse exclusivamente en la pregunta “¿Quién es la próxima Suprema?” Por muy divertido que haya sido, echando la vista atrás, no podemos evitar plantearnos cómo se podía haber dado más utilidad y sentido a todas esas historias que han acabado completamente descolgadas del desenlace -especialmente las de Marie Laveau y Madame Delphine LaLaurie.

Last Supper

Claro que durante los 13 episodios de Coven, siempre que me he parado a pensar más de dos segundos en lo que estaba viendo, se me ha interrumpido impertinentemente con un golpe de hachazo, un one-liner de levantarse y aplaudir o un plano tan, tan, tan arrebatadoramente bello que me ha dejado la mente en blanco, completamente embrujado (ver: foto de “La última cena”). Benditos golpes de efecto, alabada aleatoriedad, santo delirio. ¡¿Pero qué haces pensando en la historia cuando ese montón de zorras divinas están sacándose los ojos, compartiendo zombies en la cama, contoneándose sibilinas, irreverentes y ociosas, perfeccionando el arte del shade y dándose de comer heces?!

Si me permitís el símil perezoso, Coven ha sido una auténtica montaña rusa. Nos ha mareado con mil vueltas (siempre el mismo loop, una y otra vez) pero cada vez que nos hemos bajado hemos querido más. Murphy y Falchuk empezaron la temporada interesados en la leyenda de las brujas de Salem y levantando a partir de ahí un relato macabro con una pizca de Suspiria y un poco de, bueno, un poco de todo, porque vaya amasijo psicótico de referentes e ideas. Y han acabado entregándose de lleno a la autorreflexión y la autoparodia. Así, “Go to Hell” (3.12) terminaba con las brujas alineadas como las aspirantes a modelo de Tyra Banks, los triunfitos o las BFF de Paris Hilton, preparadas para darlo todo en la última fase del concurso reality para elegir a la próxima Suprema: America’s Next Top Supreme: The Seven Wonders.

Así que la season finale de Coven ha servido como confirmación de la función que ha desempeñado la serie este año: divertir y proporcionarnos momentos icónicos. No importa si estos han tenido sentido o no, o si han respetado algún tipo de coherencia interna o lógica de personajes, porque casi siempre han sido geniales. Este espíritu Coven se puede resumir fácilmente en el ya histórico “¡Balenciaga!”, la última palabra que pronuncia Myrtle Snow antes de ser quemada en la estaca. Es un grito de guerra (también una pista sobre la cuarta temporada, según muchos), un acto de autoafirmación, y un canto a la excentricidad de la serie que el gran personaje de Frances Conroy tan bien ha personificado.

Cordelia Foxx

Ya que Coven se ha reducido en su final a descubrir quién es la sucesora de la pelma de Fiona Goode, hablemos de ello. ¿Quién es la nueva Suprema? Pues ¡oh! “lo teníamos delante de las narices todo el tiempo”. Su hija, Cordelia Foxx, ¿quién si no? La primera mitad de “The Seven Wonders” (3.13) -precedida de una sublime, mágica, preciosa secuencia musical con Stevie Nicks que pone el listón demasiado alto para el resto del episodio- se centra en la competición de las jóvenes brujas para ver quién domina las Siete Maravillas sin sucumbir en el intento y resulta coronada como reina del aquelarre. Estas escenas, entre lo hilarante y lo espectacular, funcionan como exhibición y compendio de lo que ha hecho a estas mujeres tan “maravillosas” (espero que nadie dude de que “Las Siete Maravillas” son y siempre han sido ellas). Como en el resto de la temporada, las brujas mueren y son resucitadas, hasta que Snow cae en la cuenta de que su Cordelia siempre ha sido la Suprema. Es lógico, de acuerdo, pero también un tanto anticlimático, y nos hace plantearnos una vez más: ¿Para qué ha servido todo lo anterior? (Ya sabéis la respuesta).

Después de la competición quedan dos aspirantes vivas, Zoe y Queenie, y dos muertas, Madison, que recibe su justicia poética a manos de Kyle (boytoy hasta el final), y la pobre Misty, que se queda atrapada para siempre en su infierno personal (sin duda controlado por E.T.). Entonces Coven introduce una elipsis brusca como ella sola, da paso a cambios que nos perdemos si parpadeamos (los ojos de Delia, la auto-sentencia de muerte de Myrtle, el nuevo Consejo, todo muy precipitado), y nos da la bienvenida al comienzo de una nueva y esperanzadora era para las brujas. Un futuro en el que Cordelia, cual Lana Banana dando una exclusiva nacional, anuncia a la tele que la Escuela para Jovencitas Excepcionales de Miss Robichaux abre sus puertas para todas las chicas con poderes del mundo (muy “Chosen” esto, por cierto).

Es un cierre que, a pesar de sus muchos defectos, entronca muy bien con el primer episodio, “Bitchcraft“, que introducía este Hogwarts feminazi como hilo conductor de la temporada. Y aunque luego se lo hayan pasado todo por el forro, y hayan desaprovechado tramas, personajes e ideas hasta el final, hemos obtenido lo más parecido al ciclo completo que una temporada tan irregular como esta podía darnos. La muerte (definitiva) de Fiona en brazos de la nueva Suprema es un toque muy bonito -Fiona recibe como castigo pasar la eternidad con el hombre más aburrido de la historia y Delia queda liberada por fin de su Mater Castrantorum para poder desarrollar su potencial, perfecto. Pero el verdadero broche de Coven es algo que nos remite directamente a Asylum. Como Lana Winters, Santa Cordelia Foxx sonríe mirando a cámara, confirmándonos que la temporada ha sido para nosotros, haciéndonos partícipes directos del final. Solo que esta vez sacamos la conclusión opuesta a entonces: “Si miras al bien a la cara, el bien te va a devolver la mirada”.

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Comentarios (2)

 

  1. herb_b dice:

    Pues bastante de acuerdo, aunque quizas mi balance seria un poco (solo un poco) menos positivo, sobre todo en este capitulo final, para mi de los mas fallidos… pero la sensacion general viene a ser muy parecida, muchas cosas que no han funcionado del todo bien, pero aun asi muy disfrutable todo el tiempo, y con grandes aciertos tambien, y todo presentado de una manera tecnica y esteticamente perfecta. Les quedo bastante redondo el final de asylum, eso si, y es donde mas sufre, en las comparaciones, pero desde luego ninguno de los desaciertos que le pueda sacar, me hace dudar ni lo mas minimo de que vere la cuarta.

  2. JK dice:

    Tambièn coincido en que la mejor temporada fué “Asylum”, pero “Coven” tiene un humor, un desparpajo, quizá mucha improvisación y cabos sueltos, pero te enganchan los personajes aunque la trama se desvanece en la bruma con demasiada frecuencia.
    La presencia en esta temporada de Kathy Bates añadió una guinda al elenco de actrices, todas bastante acertadas en sus interpretaciones; Angela Basset, Sarah Paulson, Frances Conroy y Jessica Lange.
    Definitivamente un aplauso a “Coven”

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