Crítica: La gran estafa americana (American Hustle)

Christian Bale;Amy Adams

Todo empieza con el mismo sueño: Convertirse en otra persona, y vivir otra vida. Esta es la idea que articula la nueva película de David O. Russell, La gran estafa americana (American Hustle), una explosiva extravagancia setentera poblada por personajes que fingen, timan y mienten para sobrevivir. La secuencia con la que Russell abre American Hustle es de una elocuencia imposible: Irving Rosenfeld (el personaje de Christian Bale) llevando a cabo el ritual diario para ocultar su calvicie bajo una aparatosa cortinilla. Nos lo dice claro en todo momento, y no podemos llevarle la contraria: Todos mentimos, en mayor o menor medida, para conseguir nuestros propósitos. Y todos soñamos en algún momento con la vida de otro. Nos define tanto lo que vendemos como lo que nos guardamos. Al fin y al cabo, Irving Rosenfeld se avergüenza de su calva, pero muestra su barrigón sin complejos y, como todos, no es capaz de dejar el pasado en el pasado.

La gran estafa americana American Hustle cartel español

David O. Russell lleva la trayectoria contraria a Paul Thomas Anderson, uno de sus contemporáneos con el que más se le compara. PTA empezó en el cine jugando a ser Scorsese y ha acabado hallando una senda artística muy personal. Russell ha pasado paulatinamente de hacer un tipo muy concreto de comedia indie con humor marciano (eufemismo de “gracioso para él y dos amigos suyos”), a hacer Casino, película con la que La gran estafa americana guarda más de una similitud. Con American Hustle, el director de El lado bueno de las cosas se apropia del estilo de Scorsese (más que el propio Scorsese de hecho) para realizar una obra aguda y ambiciosa (aunque no tan ambiciosa como las del amigo Martin) que busca por todos los medios convertirse en el próximo gran clásico norteamericano. Y quizás no lo haya conseguido (aunque en Hollywood se empeñen en dorarle la píldora a su director), pero el esfuerzo no ha sido precisamente en balde. American Hustle es sobre todo un triunfo de estilo y dirección de actores -sin duda las dos mayores virtudes como realizador de Russell-, una cinta irresistible y luminosa en la que se respira cine con mayúsculas.

La gran estafa americana se alarga en exceso, pero no deja de encandilar, ya sea por su magnífico apartado estético, por su prodigiosa producción musical -temazos brillantemente insertados en las secuencias, algún singalong a lo Magnolia y un fabuloso “Do the Hustle” entre otros grandes momentos-, o por los inspirados recitales interpretativos de casi todos sus actores. Tan reseñables son los vertiginosos escotes de Amy Adams (más que diseño, ingeniería de vestuario), el tupé de Jeremy Renner o los moños gaudianos de JLaw, como la perfecta ejecución que realizan de unos personajes ambiguos, tristes, oscuros y sociópatas. A destacar por encima de los correctos Bale y Adams unos fierísimos Bradley Cooper y Jennifer Lawrence en papeles más secundarios pero mucho más lucidos que sus protagonistas de El lado bueno de las cosas –este año sí se lo merecen todo, ella por darnos las escenas más descacharrantes, impredecibles y descarnadas de la película, él por llevar el bigudí como nadie. Con su historia sobre el éxito y la supervivencia en tiempos de discoAmerican Hustle engatusa y seduce, como los enlacados timadores que la protagonizan. Y aunque por momentos uno se pueda cansar del confuso juego de embustes y enredos que se traen, el incontestable magnetismo de sus actores nos acaba atrapando una y otra vez. Como el propio David O. Russell, sin duda el mayor embaucador de la película.

Valoración: ★★★★

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Comentarios (1)

 

  1. Fenix dice:

    Pues qué te voy a decir, estoy completamente de acuerdo contigo en todo 🙂 Menos en el parecido con Scorsese, ya quisiera el viejo Martin el sentido del humor que destila esta pelicula, y esos momentos entre el drama, el ridiculo y la ternura

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