Crítica: Mindscape

Mindscape Mark Strong

El director Jorge Dorado, curtido en el mundo del cortometraje y con varias nominaciones a los Goya por sus trabajos, presenta su ópera prima bajo el mecenazgo de Jaume Collet-Serra. Mindscape es un thriller fantástico con equipo patrio y reparto internacional (Alberto Ammann tiene un papel secundario) con el que se presenta en sociedad la productora Ombra Films, co-creada por Collet-Serra y Juan Solá con la colaboración de StudioCanal, para auspiciar la creación de películas de género fantástico y de terror rodadas en inglés con equipo español.

Con Mindscape, Dorado sigue los pasos de su productor, así como de otros directores de cine fantástico de nuestro país, ofreciendo una propuesta muy en las lindes del cine de Nacho Vigalondo o Jaume Balagueró. Una cinta de suspense con un pie en la ciencia ficción que plantea un rompecabezas de engaños e ilusiones en el que se juega a confundir realidad y fantasía. Partiendo de una premisa muy a lo Inception, Dorado nos cuenta la historia de John Washington (Mark Strong), un hombre que trabaja para una agencia que se dedica a resolver casos introduciéndose en los recuerdos de las víctimas. Tras vivir una experiencia personal traumática, Washington vuelve al trabajo con un complicado caso, el de Anna (Taissa Farmiga), una adolescente de familia acaudalada que presenta síntomas de sociopatía.

Mindscape

Lo mejor de Mindscape es su aprovechamiento de los universos oníricos (o de los recuerdos, que al caso es lo mismo) para construir una película visualmente atractiva y un relato que engancha, apropiándose con acierto de algunos elementos del whodunnit. Dorado demuestra temple y perspectiva en su salto al largo, sin caer en el error de muchos cortometrajistas a la hora de hacer una película. Mindscape no es un corto alargado hasta la hora y media, es una película, y eso es de agradecer. Además de mantener la atención durante todo el metraje y dominar las trampas y triquiñuelas del género, Mindscape destaca sobre todo por su apartado interpretativo, con la pareja magnética que forman Mark Strong y Taissa Farmiga. Más que las incursiones en la turbia mente de Anna, lo más estimulante de su relación es la extraña química entre paterno-filial y sexual que se establece entre ellos. Es decir, todo lo que ocurre en las escenas fuera de los recuerdos, en la prisión empapelada de rosas en la que vive la niña. Sin salirse del registro de adolescente problemática y extraña, Farmiga demuestra una nueva faceta de su talento con esta Lolita superdotada, confirmándose como promesa a la que no hay que perder de vista.

A pesar de que Mindscape resulta notable en todos los apartados (a destacar la excelente dirección de arte y el ubicuo score de Lucas Vidal), es inevitable experimentar esa sensación de déjà vu que nos deja habitualmente el cine fantástico de coproducción hispano-internacional (en el fantástico de este país, sobre todo en el que va disfrazado de película americana, hay mucha voluntad pero poca personalidad). El trabajo de Dorado es más que correcto, y Mindscape ofrece una sólida hora y media de entretenimiento, pero está limitado por una enorme falta de originalidad.

Valoración: ★★★

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