Crítica: Hércules – El origen de la leyenda

Hércules Kellan Lutz

Solo hace falta ver el trailer de Hércules: El origen de la leyenda (Hercules: The Legend Begins) para construir una crítica detallada y argumentada sobre la película de Renny Harlin. No es mi caso, que conste (para críticas de películas que no ha visto el periodista ya tenéis los diarios), yo la he visto, y sufrido, de principio a fin. Al menos Harlin ha evitado una de las lastras de este cine mal llamado épico, la excesiva duración, reduciendo la tortura a poco más de hora y media. Y aún así, Hércules: El origen de la leyenda, revisión de la historia del héroe y semidiós griego protagonizada por el neumático Kellan Lutz (uno de los vampiros segundones de la Saga Crepúsculo), no tiene redención posible. 2014 acaba de empezar, pero ya tenemos firme candidata a peor película del año.

Sorprendentemente, Hércules no está creada por los responsables de Spartacus, la serie de televisión. Tras el proyecto están el mencionado Renny Harlin, uno de directores de cine de acción más incompetentes en activo, y el equipo de producción de cintas como
Hercules_posterLos mercenarios, John Rambo u Objetivo: La casa blanca. Y aún confirmando este dato, cuesta creer que la película no sea obra de los creadores de la serie de Starz sobre el famoso gladiador. Porque Hércules es básicamente una Spartacus sin sangre y sin desnudos (si los imponentes senos de Kellan Lutz no cuentan como desnudo). Y no hay nada más triste que la copia de una copia. Si Spartacus nació como un pastiche de 300 y Gladiator, Hércules es un desastre épico (en este caso el calificativo viene bien) que amasa sus referentes con desidia en un producto sin atisbo de identidad propia. Y por si las comparaciones no fueran ya inevitables, Hércules cuenta con el mismísimo Spartacus 2.0, Liam McIntyre, como uno de sus protagonistas. No cabe duda pues de que la idea era hacer un Hercules: Lions and Manboobs.

Harlin aplica la perezosa fórmula del cine de acción noventero en el que se ha “especializado” (héroes unidimensionales, malos caricaturizados, argumentos esquema), para presentarnos el conocido relato de los orígenes del semidiós hijo de Zeus y Alcmena un poco menos arraigado en la fantasía y más centrado en la batalla y la lucha cuerpo a cuerpo (con las trágicas incongruencias históricas que fusionan Grecia y Roma ni nos molestamos). Pero la película hace gala de una fisicalidad inocua, sin corromper los abultados músculos (en 3D natural) o la cara atacada de spray bronceador de Lutz, clavando las espadas en axilas para acomodar el teatro de la violencia que rebaje la calificación por edades. Y sobre todo, Hércules evidencia una inutilidad absoluta en todos los aspectos técnicos y artísticos.

Aparatosos cromas, horrendas animaciones digitales que ni las primeras temporadas de Xena, la princesa guerrera (ese león), secuencias de acción mal coreografiadas (¡Hola, doble de Kellan!), primeros planos constantemente desenfocados (para matarte, Harlin), y otras atrocidades hunden Hércules: El origen de la leyenda en el más absoluto de los ridículos cinematográficos. Pero, aunque parezca mentira, eso no es lo peor de todo. Lo peor es que alguien confiara en que Kellan Lutz se convirtiese en actor de la noche a la mañana. Ya sea en sus edulcoradas y mariposeantes escenas junto a Gaia Weiss (ahí está la marca “Summit”) o en los (vergonzosos) discursos ebrios de testosterona a lo Leónidas, Lutz demuestra que sus dotes interpretativas son inversamente proporcionales a su índice de masa muscular.

Valoración: ★

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Comentarios (1)

 

  1. Andrea Ele dice:

    Acabo de leer un comentario estupendo sobre los aspectos mitológicos de la película en la revista gratuita Sarasuati: http://www.sarasuati.com/hercules-el-origen-de-la-leyenda-un-filme-contra-la-mitologia/
    Os los recomiendo

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