Teen Wolf (Temporada 3B): Pesadilla en Beacon Hills

Teen Wolf Season 3B

“You two supernatural teenage boys. Don’t test my entirely un-supernatural level of patience” -Mamá McCall

¿Qué hacemos cuando nos hemos perdido? Volver sobre nuestros pasos, y si es necesario, empezar de nuevo. Jeff Davis se perdió en el bosque el año pasado y, afortunadamente, ha vuelto a encontrar el camino en 2014. Su Teen Wolf se había convertido en un embrollo saturado de datos enciclopédicos, pistas ocultas y sinsentidos que el creador de la serie no supo encajar en la historia que había creado, y que había hecho evolucionar formidablemente durante dos temporadas (de caspa a culto en dos años). Lo importante era demostrar que se había estudiado sus libros de mitología, mandando a tomar por saco la lógica interna y descuidando a sus protagonistas en favor de un montón de nuevos personajes y tramas desmembradas. Todo en busca de la sorpresa a largo plazo y el impacto de una audiencia entregada a la que subestimó trágicamente (si creía que podía colarnos cualquier cosa porque estábamos obsesionados con su serie, la llevaba clara), trazando un plan maestro que solo tenía sentido en su mente. En otras palabras: A Jeff Davis se le subió a la cabeza, y su ambición y fanfarronería estuvieron a punto de cargarse Teen Wolf.

Con los dos primeros episodios de la segunda mitad de la tercera temporada (que es como si fuera una nueva temporada completamente, así que a partir de ahora no volveré a referirme a ella con esa larga descripción), Teen Wolf regresa a los orígenes, para seguir adelante y permitirse ser mejor que nunca. Es el siguiente paso natural de una serie tras encontrar su voz, crecer y perder el norte. En “Anchors” (3.13) y “More Bad Than Good” (3.14) regresamos a la Beacon Hills que conocíamos. Volvemos al instituto (con cada uno de esos icónicos planos en los que los personajes abren vigorosamente las puertas del Beacon Hills High me retuerzo de placer), y al bosque, escenario principal de la primera temporada. Pasan a segundo plano los grandes edificios vacíos de esa metrópolis abandonada que ha resultado ser la parte alta de Beacon Hills (los nuevos decorados en Los Ángeles). Al menos en este comienzo de temporada, los cuarteles generales de la wolfie gang vuelven a ser las aulas del instituto, la cafetería, el patio. Y ver a nuestros personajes favoritos de nuevo en su hábitat natural nos devuelve la conexión que habíamos perdido con ellos.

Teen Wolf Anchors

Es muy pronto para sacar conclusiones, por supuesto, pero si los dos primeros episodios de esta temporada son indicio alguno, Davis ha renunciado un poco a sus fantasmadas para devolvernos a sus personajes. Esto no quiere decir que vaya a dejar de jugar al despiste, de manipular y de buscar a sus Big Bads y sus arcos argumentales en Wiki-Mito. Pero al menos se ha dado cuenta de que lo que más nos gusta es ver a Scott y Stiles interactuar (club de detectives adolescentes FTW), a Lydia descargar bombas de verdad, a Derek colgado de los brazos sin camiseta (nos hemos resignado a verlo sufrir, y él también, parece), los vestuarios del instituto (siempre en penumbra, y mejor llenos de vapor), las hormonas desatadas que hacen que todos los diálogos tengan doble lectura sexual (“We need an alpha who can get it… up”), las bobadas adolescentes (“What’s up with the scarf, Isaac?”). Y el sentido del humor. Sobre todo eso. A pesar de no abandonar su gusto por la tragedia (se las hace pasar canutas al niño de nuestros ojos, Stiles), Davis se deja a un lado el dramatismo grandilocuente (que ni Batman vuelve, vamos) y el forzado clímax permanente de los anteriores episodios para centrarse en la comedia (gracias por Mamá McCall), el suspense y la aventura. Y para ello, los dos primeros capítulos están construidos a partir de un misterio que se abre en un episodio y se cierra en el siguiente. Un nuevo “ataque animal” protagonizado por una niña-coyote, que Davis utiliza para recordarnos el origen de la serie, pero también para hacer avanzar a sus personajes después de los acontecimientos de “Lunar Ellipse” (3.12). Afortunadamente, ellos son su “ancla”, y le han devuelto los pies a la tierra.

Lo que Davis sí ha conservado de la anterior temporada es su impecable sentido estético. Siempre lo he dicho, Teen Wolf es una de las series más visualmente atractivas que hay en la tele, y esta temporada se reafirma en ello. Claro que el showrunner juega con una clara ventaja: sus actores son un regalo para la vista y poco hay que hacer para que un plano en los que salgan ellos sea bello. Sin embargo, con este arranque de temporada, Davis nos sigue demostrando que estos bien parecidos especímenes de adolescentes de 25 son mucho más que trozos de carne con ojos. Con la manada de alfas desarticulada, y sin caer de nuevo en el error de incorporar doscientos nuevos personajes (de momento solo tenemos a Papá Scott y a la pizpireta y adorkable Kira, aunque miedo me da ese plano final en “More Bad Than Good”), queda tiempo de sobra en Teen Wolf para prestar atención a sus protagonistas.

Teen Wolf More Bad than Good

Cual Buffy Summers en las temporadas 2 y 6, Stiles, Scott y Allison lidian con las consecuencias de haber muerto y vuelto a la vida. Allison ha perdido su destreza con el arco, Scott no se puede convertir en hombre lobo sin perder el control y correr el riesgo de convertirse para siempre en animal, y Stiles (que claramente ha dado otro estirón y ha aumentado sus horas de gimnasio, gracias) vive entre sueño y vigilia, sin saber si está despierto o no. Por cierto, Davis sabe que las secuencias oníricas son uno de los puntos fuertes de la serie, y este año ha empezado a usarlas como es debido (mención especial al impresionante prólogo de “Anchors” y a las pesadillas gore de Allison, con Kate Argent como otro de los enlaces al comienzo de la serie). A lo largo de estos dos primeros episodios, el trío original de Teen Wolf encuentra sus anclas y da un paso hacia su reinserción en la vida. Especialmente Scott, que gracias a su BFF vuelve a rugir muy fuerte (previamente Stiles había regresado a la realidad también gracias a su mejor amigo), como el alfa que es, y como Simba, para guiar a la niña-coyote de vuelta a la forma humana (“No ha habido nadie como yo / Tan fuerte y tan veloz / Seré el lobo más voraz / Y así será mi VOZ!). Scott recupera el control sobre sí mismo, y Davis hace lo propio con su serie. Mientras, los apolíneos Derek y Peter Hale son rehenes de un ¿clan? hispano (Derek: “no hablo español”), y evidentemente, se pasan los dos capítulos semidesnudos, empapados de sudor y tensando músculos todo el rato. No cabe duda, esta es mi Teen Wolf. Bienvenida de nuevo.

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Comentarios (1)

 

  1. Rachelpr dice:

    Sin duda, totalmente de acuerdo, no tengo nada más que decir, solo “ainssss dios mio!!”

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