Réquiem por Homeland

Homeland Carrie Brody

Esta entrada incluye spoilers del final de la tercera temporada de Homeland.

Aquello de “todo lo que sube rápido, baja rápido” debería estar escrito en letras grandes en la pared de todas las cadenas de televisión. Sabemos que hoy en día es muy importante que una serie sea buena desde el principio, porque la oferta es demasiado extensa y el espectador del siglo XXI ya no tiene tanta paciencia, ni tiempo. Pero también sabemos que cuando una serie juega todas sus cartas en la primera temporada, ganándose los vítores de público y crítica desde el minuto cero, es inevitable que la trayectoria después de esto sea descendiente. Homeland se ha convertido en el caso modelo para ilustrar esta tendencia. Su primera temporada se llevó de calle a todo el mundo. La segunda entrega, aunque empezaba a renquear, se las arregló para mantenerse fresca, para sorprender y seguir enganchando. Sin embargo, la tercera, que acaba de tocar a su fin en Estados Unidos, ha puesto de acuerdo a todo el mundo en una cosa: Homeland debería haber sido una miniserie.

Pero estamos hablando de Showtime, una cadena conocida por exprimir sus éxitos hasta lo indecible. Y si no mirad lo que hizo con Dexter, que duró ocho años en antena. Showtime ha demostrado que le da igual que la reputación de sus series salga perjudicada mientras estas sigan siendo rentables, y que estirar una cuerda que ya no puede tensarse más no es un problema para ellos. La de Homeland se ha roto esta temporada, y aunque quizás no debamos sacar conclusiones precipitadas, da la sensación de que no tiene arreglo. Muchos achacan el bajón de calidad de la serie al fallecimiento de uno de sus capitanes, Henry Bromell. Y aunque la desaparición de uno de sus principales guionistas puede relacionarse directamente con la trágica desorientación que ha experimentado la primera mitad de la nueva temporada, Bromell había dejado escrito andes de marcharse el episodio “Tower of David”, uno de los peores (si no el peor) de lo que llevamos de serie. Vamos, que el destino de Homeland estaba sellado antes de la muerte de Bromell. Y al final se ha revelado que su mayor virtud, ir a por todas, sin miedo, sin mirar atrás, ha sido también su peor enfermedad.

Homeland

Homeland se ha convertido en el cuento de nunca acabar. La muerte de Abu Nazir al final de la segunda temporada otorgaba cierre al arco argumental más importante de la serie. Pero el terrorismo no se acaba, y la bomba de Langley servía como reset de la historia, que a partir de ahora se dirigiría en otra dirección. Todo estaba bien planeado y atado (el vídeo de Brody, el demencial plan de Saul y Carrie para utilizar a Brody) pero la primera mitad de la nueva temporada incurría en todos los errores de una serie a la que se le ha acabado la mecha y debe seguir a la fuerza. Falta de propósito, tramas secundarias descolgadas, personajes desaprovechados, relleno, repetición. Y en consecuencia: hastío y aburrimiento, esa sensación de estar haciendo los deberes que arruina la experiencia de las que un día fueron nuestras series favoritas. Algo que no pensábamos que Homeland nos daría hasta que Dana Brody atropelló a una mujer junto al hijo del vicepresidente en la segunda temporada. En ese momento se encendió el piloto rojo (¡que te veo, tiburón!). Peligro, Homeland empieza a parecer de verdad un drama Showtime. Y de ahí a la autoparodia hay un paso, como hemos comprobado este año.

Porque Carrie Mathison es un gran personaje, y Claire Danes es una gran actriz. Pero la intensidad de su interpretación y las idiosincrasias extremas del personaje, por muy fascinantes que fueran, corrían el riesgo de cansar. Y así ha sido. Las muecas de Danes son un reflejo de la espiral de repetición en la que la serie se ha perdido. Y la frase estrella de Carrie, “He cometido un error. No volverá a ocurrir”, debería ser su nuevo eslogan. Homeland se ha ido transformado poco a poco en una serie formulaica: Carrie tiene una teoría o un presentimiento, Saul (que aunque parezca lo contrario siempre confía en ella) le da órdenes y ella las desobedece. Siempre acierta, pero hay consecuencias. Vuelta a empezar. Lo que mejor funcionaba de las dos primeras temporadas era esa enervante incertidumbre que nos provocaban los personajes, las dudas que despertaban sus acciones, sus alianzas. No fiarse de nadie era divertido. Pero ese juego de despistes y engaños, magistralmente utilizado hasta ahora, ha desaparecido. Hay un límite de veces que se puede recurrir a la doble jugada. Sí, aunque estemos hablando de una serie de espionaje.

Homeland poster

Haber alargado Homeland ha hecho que la serie pierda verosimilitud trágicamente. A pesar de estar profundamente arraigada en nuestra realidad geopolítica, nunca ha dejado de ser una ficción que ha requerido suspender la incredulidad (y nosotros hemos aceptado encantados, porque el material lo merecía). Pero el pacto que existía entre ficción y espectador empezó a resquebrajarse con los nuevos episodios, y cada vez costaba más hacer la vista gorda con determinados giros y acontecimientos (sin ir más lejos, Carrie paseándose por Teherán mientras Brody lleva a cabo la doble jugada definitiva para asesinar a Akbari… en fin). Muchos se han cansado de participar en este juego, a pesar de que se ha tratado de fundamentar trazando una especie de nuevo núcleo temático: el declive de la CIA (“No creo que nada justifique el daño que provocamos” -Quinn). No está mal, pero ya es demasiado tarde.

A pesar de la pérdida de sutilidad e impacto que ha sufrido la serie, la tercera temporada ha sabido retomar el cauce y terminar con buen pie. De hecho, si no fuera porque sabemos que habrá cuarta temporada, “The Star” (3.12) sería una gran series finale -ojalá lo fuera de verdad. Los productores llevaban mucho tiempo planeando sacar a Nicholas Brody del relato, porque como nosotros, ellos también eran conscientes de que su personaje tenía fecha de caducidad. El problema es no haber aceptado que la fecha de caducidad de Brody era la misma que la de Homeland. Su impactante muerte en “The Star” deja la serie sin uno de sus dos protagonistas (sí, Saul ha tenido más protagonismo este año, pero ya me entendéis), y aunque el centro de la historia siempre ha sido Carrie, con Brody se marcha gran parte de la esencia de Homeland. Se lo dice Javadi a Carrie al final: “Siempre ha sido por él. Querías que todos lo vieran a través de sus ojos”. Por todo esto, “The Star” es un final final. Ese precioso plano de Carrie dibujando la estrella de Brody en el homenaje de Langley es un broche de oro y representa brillantemente qué ha sido Homeland, y quién es Carrie Mathison. ¿Pero ahora qué? ¿Nos interesa una nueva Homeland? ¿Nos convence una relación entre Carrie y Quinn? ¿Merece la pena seguir sólo porque Dana ya no está en la serie? ¿Y si Brody no está muerto y no es más que otra doble jugada? Da igual el camino que tome, la Homeland que conocíamos ha muerto. Descanse en paz.

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Comentarios (5)

 

  1. David Sancho dice:

    Aunque tienes razón, yo me fío de sus creadores. 24 también parecía muerta, más de una vez, y siempre se las apañaban para sacarse un temporadón de la manga.

  2. PequeCol dice:

    “¿Merece la pena seguir sólo porque Dana ya no está en la serie?” Brutal xDDDDDDDDDDD

    La verdad es que sí, yo, como la mayoría que dices, pienso que debería haber sido una mini-serie. La primera temporada fue… uffff… a mí me enganchó cosa mala, pero esta… No sé ni por qué la vi acabar. Cuando vimos el último capítulo, yo me negué a ver la siguiente temporada, porque, ¿ahora qué? En fin… Digo esto pero seguro que le echo un ojo cuando la hagan xD

    ¡Saludos y feliz año, fuertecito! 😀

  3. VontKant dice:

    No me suele gustar saber si las series están renovadas o no mientras las veo, precisamente porque si no sería imposible disfrutar de capítulos como el del final de esta temporada (aunque, claro, después así me pasa, que llevo tres temporadas pensando que Grey’s se acaba).
    El hecho de que Dana ya no esté en la serie es uno de los grandes puntos a favor… el tener la incierta seguridad de que van a liar a Carrie con Quinn y va a poder se papá otra vez y baaaaaaaa… me aburro… quiero darle el beneficio de la duda, pero no me apetece nada que se convierta en mi nueva Fringe (salvando las distancias)…

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