Crítica: Lluvia de albóndigas 2

Lluvia de albóndigas 2

Allá por el lejano 2009, una comedia de animación de extraño título, Cloudy with a Chance of Meatballs (increíblemente algo más convencional en español, Lluvia de albóndigas), sorprendía a pequeños y grandes con una original combinación de imaginación desbordada, energía sobrecafeinada y humor tontiligente. Cuatro años después nos llega su inevitable secuela, lógica y estúpidamente titulada Lluvia de albóndigas 2, una película confeccionada con un único objetivo en mente: la taquilla.

Lluvia de albóndigas 2 retoma la historia en el justo punto donde la dejó la primera parte. Tras la catástrofe meteo-alimenticia provocada por el FLDSMDFR, la máquina que convierte el agua en comida inventada por Flint Lockwood, regresamos a Swallow Falls, ahora convertida en una reserva natural de “comidanimales” salvajes. El FLDSMDFR ha sobrevivido y está creando alimentos Lluvia_de_Albóndigas_2_-_Cartel_Finalcon vida, dando lugar a una rica fauna de criaturas a cada cual más estrambótica. Flint, que ahora trabaja para una gran corporación dirigida por un Steve Jobs de las barritas energéticas, regresa con sus amigos a la isla para detener el FLDSMDFR y salvar el mundo de la amenaza que está provocando. Lluvia de albóndigas 2 es una evidente parodia de Parque jurásico, en la que los comidanimales hacen las veces de dinosaurios. Y por si hubiera alguna duda, Sam Sparks (voz original de Anna Faris) va vestida como Ellie Sattler (el personaje de Laura Dern en Parque jurásico).

Meatballs sigue haciendo gala de una enorme creatividad, pero en esta ocasión se reduce únicamente al apartado visual. La secuela es un hiperactivo espectáculo de luz y color que encandilará sobre todo a los más pequeños, gracias en parte a esa adorable animación cartoon que se aleja de todo lo que están haciendo los demás estudios de animación. Sin embargo, la historia que se nos cuenta esta vez viene totalmente constreñida por las normas de la animación digital más formulaica. Lluvia de albóndigas 2 es un déjà vu continuo, no porque técnicamente sea un homenaje (esto es seguramente lo que más satisfacción proporcionará al espectador adulto), sino porque ha desaparecido todo atisbo de la novedad y la frescura que caracterizaban a la primera película. De la misma manera, el sentido del humor ha sufrido una mutación genética: de rápido y agudo a rápido y tontaina. Y no me hagáis hablar del pollo.

Lluvia de albóndigas 2 se reduce a los dos chistes reciclados de siempre (incluido el recurso de los ojos de pena que puso de moda el Gato con Botas de Shrek) y un repetitivo mensaje aspiracional (el de siempre también), que además carece de toda lógica: Flint Lockwood creó un invento que ha cambiado (literalmente) el mundo, pero en esta película no es más que un aspirante hazmerreír que tiene que demostrar lo que vale, una mala excusa para calzar el imprescindible “persigue tu sueño, con esfuerzo puede ser lo que te propongas”. Lluvia de albóndigas 2 es una tosca reformulación de la historia para ajustarse al molde y hacer caja, un producto que se ha quedado con el envoltorio y ha tirado lo que había dentro.

Valoración: ★★½

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