Crítica: Le Week-end

Le Weekend Directed by Roger Michell Starring Lindsay Duncan and Jim Broadbent

Crítica escrita por David Lastra

Si ahora nos encontráramos en un tren, ¿te parecería atractiva? Pero tal y como soy ahora. ¿Te pondrías a hablar conmigo? ¿Me pedirías que me bajara contigo?. En pleno hiato helénico, Celine le espetaba a Jesse sus dudas ante el erotismo de las carnes fláccidas haciendo referencia a su primer encuentro ferroviario.  El tiempo lo destruye todo, las relaciones y, mucho más, la turgencia. Ese es el punto de partida de Le week-end. Roger Mitchell se atreve a mostrarnos lo que bien podría ser (salvando las distancias) el sexto o séptimo capítulo de la saga de LinklaterDelpyHawke, mostrándonos una relación amorosa en uno de sus últimos estados: el amor en la vejez.

Que desaparezcan las muecas de desagrado por parte de los jóvenes, el realizador de Notting Hill no nos trae la enésima comedieta buenrollista de viejecitos retozones sino que, asimilando el modelo de citada la trilogía Antes de…, construye una interesante cinta dramática con grandes momentos cómicos sobre la degradación de la relación por el roce (no carnal) basado en diálogos inteligentes, una química brutal de sus protagonistas y el rechazo absoluto a la pornografía sentimental. No obstante, el encargado del guión no es otro que Hanif Kureisihi, guionista de Mi hermosa lavandería y con el que ya trabajó en The MotherVenus, la dos entregas anteriores de lo que podríamos llamar su trilogía geriátrica. Los protagonistas están encarnados por dos leyendas del cine británico el omnipresente Jim Broadbent, Concha de Plata por su labor en este film, y la encantadora (Julie Delpy circa 2021) Lindsay Duncan, galardonada en los British Independent Film por este papel y que también vimos hace poquito en Una cuestión de tiempo.

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Nick y Meg son una pareja británica que decide revitalizar su matrimonio visitando los lugares en los que estuvieron hace décadas durante su luna de miel parisina. Si el tiempo hace estragos en los seres humanos, imaginad lo que Cronos combinado con la especulación turística puede haber hecho en una ciudad como París. Habitaciones más pequeñas, escalones más empinados, propinas desmesuradas, menús más caros, mujeres más jóvenes y atractivas, intelectuales más pedantes y egocéntricos (personificados en un divertidísimo y trasnochado Jeff Goldblum). Pero sobre todo, los que no son los mismos son ellos. Celos, discusiones, aversión física, hijos sacacuartos, envidias,… o realmente todo esto no es ningún cambio y todos seguimos igual. “Pensamos que vamos evolucionando, pero tal vez no cambiamos tanto”. Palabra de Celine.

Le week-end es una esperanzadora oda a la evolución y/o adaptación (no confundan con sumisión) de las relaciones amorosas a lo largo del tiempo, un tiempo que no nos cambia tanto como creemos. La prueba de que no hemos cambiado tanto es que nos siguen gustando las mismas cosas (bonitos homenajes su pasado francófilo en forma de collages y especialmente con el Madison a lo Band à part en un bar con Duncan y su sombrerito a lo Anna Karina incluido) y, sobre todo, que nos sigue molestando lo mismo. Si quieres amor verdadero, esto es lo que hay. Esta es la vida real, no es perfecta pero es real. Jesse, punto final.

Valoración: ★★★★

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