Crítica: La gran belleza

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La fiesta con la que Paolo Sorrentino abre La gran belleza (La grande bellezza) es una de las secuencias mejor rodadas y montadas de la historia del cine, y funciona como una declaración de intenciones a viva voz. El último trabajo de Sorrentino es una colosal stravaganza felliniana, una extensa y apasionada carta de amor a Roma, a la opulencia y la decadencia berlusconiana, al lujo de las grandes firmas de alta costura conviviendo con el espíritu mamachicho. Un vigoroso y exultante ejercicio estético arraigado en la más profunda de las melancolías. “Roma I love you, but you’re bringing me down”.

Toni Servillo ya había trabajado a las órdenes del italiano en varias ocasiones, incluyendo su anterior cinta, Il divo (2008). Y aunque a priori parezca difícil superar su icónica interpretación del político Giulio Andreotti en aquella película, el actor se apodera de tal manera del relato que nos olvidamos de que el verdadero protagonista es su director. Jep Gambardella es un reflejo contemporáneo (es un decir) de Marcello Rubini y Guido Anselmi, un anfitrión de vueltas de la vida, escritor de un solo éxito que vive en constante bloqueo creativo, que no intelectual. Un hombre hastiado de su relación amorosa con la capital italiana, operada y operática mujer en ruinas que le sigue ofreciendo sustento vital (arte, reuniones sociales, Martini), pero en la que no ha sido capaz de hallar la gran belleza.

Lagranbelleza_ESP_68x98.inddPerformances por las que Marina Abramovic mataría (cuidado, que le damos ideas), paseos nocturnos por una Roma fantasmal que esconde rincones de belleza inusitada, Roma inédita solo al alcance de los más privilegiados, terroríficas visitas a clínicas de bótox subterráneas, guateques crepusculares en las azoteas más lujosas. Jep Gambardella nos conduce a través de esta fascinante parada de los monstruos en una yuxtaposición de episodios a la Dolce Vita (1960) o Fellini Roma (1972), pasando de uno a otro agarrados a snobs y esperpentos en línea de conga. “Los trenes que hacemos son los más bellos de Roma. Son bellos porque no van a ninguna parte”. Pero Gambardella quiere desaparecer. Volver. Bajo esta inspirada y desbordante reflexión sobre lo superficial, y de algún modo sobre el síndrome de Stendhal, La gran belleza es una historia de decepciones, de finales que se retrasan hasta que la piel se da de sí.

Porque detrás de las luces, los labios colagenados y los voluptuosos escotes bronceados, los coloquios existencialistas de espíritu Sálvame, el sarcasmo, el cinismo, y el arte vanguardista que alimenta de aire a las clases altas hay vacío, y hay dolor. Un dolor del que Jep está empezando a ser demasiado consciente. Todo acaba muriendo a su alrededor. Gambardella echa entonces la mirada atrás, 40 años para ser exactos, en busca de esa gran belleza que no encontrará nunca en la ciudad más bella, que solo experimentará fugazmente, cruzándose una noche con la hermosa Fanny Ardant. Sorrentino practica la ilusión del gran cine clásico, regresa al pasado e imita a los maestros inundado de descreimiento y desengaño, para revelar la triste verdad sobre el cine italiano contemporáneo. Porque “las raíces son importantes”. Y la Roma eterna una quimera.

Valoración: ★★★★½

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Comentarios (6)

 

  1. Antonio Bret dice:

    Esta película ya ha pasado a la historia del (mi) cine. Abarca tanto y consigue tanto que es un milagro. Una de esas raras películas que se hacen cada solo cierto tiempo.

  2. Antonio Bret dice:

    “esta cinta que quiere ser una versión 2.0 de La dolce vita cambiando los mambos y el jazz de Nino Rota por el chimpún discotequero”

    Y eso lo firma un crítico profesor universitario. Sin comentarios.

  3. Alicia dice:

    Maravillosa crítica de una maravillosa película. Totalmente de acuerdo, cruzarse con Fanny Ardant debe ser lo más parecido a encontrar la Gran Belleza 🙂
    Si Fellini levantara la cabeza, estoy segura de que se alegraría de ver que su futuro está en buenas manos.

  4. Nota dice:

    Cuando los agoreros decían que el cine había muerto, aparecen películas como El árbol de la vida o La gran belleza que demuestran que el séptimo arte está más vivo que nunca.

    La gran belleza es una obra maestra de dimensiones colosales.

  5. Luis dice:

    Un gran equipo técnico, pero me temo que el guión falla en unos cuantos puntos. Se cita mucho a La Dolce Vita, pero a mi me ha recordado más a Pret a porter.
    En definitiva, he echado en falta que la cinta tenga una doble lectura, no aquélla que el público descubre de inmediato, sino la necesaria para que hablemos de obra poética, que no lo es en absoluto.
    Combinaciones extremas, astutas y grotescas como que una mujer arruinada sea turista en su palacio o una santa se siente en la butaca de una puta. Pero estas imágenes están creadas desde un cerebro 2.0, una poética de lo predecible y condescendiente.

  6. Patricia GM dice:

    Después de ver la peli y leer las alabanzas de todo el mundo, me siento como Jim Carrey en El Show de Truman. Esa unanimidad para encumbrar a esta película a los altares sí me parece una gran performance mundial.

    O_O

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