Crítica: Los juegos del hambre – En llamas

Los juegos del hambre Peeta Katniss

Cuando una súper producción, una película para adolescentes o una franquicia basada en YA Novels (Young Adult Novels) apunta más alto de lo habitual y se atreve a desafiar la norma, solemos valorarla en ejercicio comparativo tanto o más que por sus méritos propios. Es el caso de Los juegos del hambre, que engloba las tres categorías mencionadas. Una saga definitivamente muy por encima de cualquier otra película de su género que sin embargo vive bajo el efecto Tumblr: “cualquier cosa que veamos en Internet parecerá mucho mejor de lo que es en realidad”.

En el mundo de las franquicias cinematográficas teen no hay una fórmula infalible. Cada cierto tiempo nos llega un producto con el poder de apasionar y consumir a millones de adolescentes y no tan adolescentes (entre los que yo me encuentro). De entre mil y un intentos fallidos de encontrar la saga que mantenga Hollywood en pie emergió triunfante en 2012 Los juegos del hambre. Ha pasado más de año y medio desde que la primera entrega sorprendiera al mundo entero con una de las mayores recaudaciones de la historia del cine, y la espera (demasiado larga según los estándares de este tipo de cine por capítulos) no ha menguado la expectación, sino todo lo contrario. El fandom ha crecido exponencialmente, y la segunda parte, En llamasllega a los cines rodeada de un hype inusitado y un mareante despliegue publicitario.

KATNISS EVERDEEN

Después de que Crepúsculo abdicara (para desconsuelo de muchos, y regocijo de muchos más), Los juegos del hambre se ha hecho con la corona del cine Young Adult, y la lleva con el porte y la entereza que la saga vampírica de Stephenie Meyer nunca tuvo. Como decía, no hay fórmula que, aplicada a cualquier saga literaria, dé como resultado un éxito. Pero sí sabemos concretamente cuáles son los ingredientes que han hecho de Los juegos del hambre un ardiente fenómeno mundial: una ambientación distópica que la acerca a la ciencia ficción adulta y atrae a un público más heterogéneo, un mayor compromiso ideológico (de nuevo característica del sci-fi clásico), menos remilgos a la hora de mostrar (o sugerir) la violencia, un estelar diseño de producción, interpretaciones por encima de la media, y la figura de Katniss Everdeenheroína carismática, icono y referente generacional que se opone a las lánguidas y pasivas protagonistas de este tipo de cine.

En llamas recupera y amplifica todos estos elementos (desorbitado presupuesto mediante) para llevar a cabo una versión más pulida y contundente de la primera parte. Desde la primera escena se respira el aire más denso que se cierne sobre el Distrito 12 y el resto de regiones obreras de Panem, víctimas del régimen totalitario del Capitolio. Como mandan las leyes de las franquicias fantásticas, esta parte es más oscura, más solemne, más espectacular. En llamas deja entrever el germen de la revolución que culminará en la entrega final, dividida en dos partes. Y lo hace a través de escenas cargadas de tensión que transcurren en dos niveles: el de la lucha interior de Katniss (Jennifer Lawrence descarnada, excesiva, al borde del colapso nervioso) y el del pueblo que está a punto de levantarse contra el gobierno. Francis Lawrence logra entrelazar con acierto ambos estratos en un relato que no deja de ser nunca sobre Katniss Everdeen, pero en el que el verdadero protagonista es el pueblo que la toma como baliza de esperanza. Y además lo hace prescindiendo de la innecesaria cámara en mano de la que abusó Gary Ross en la primera película.

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Pero En llamas es en realidad una iteración paso por paso de la primera película. En esta asistimos a unos Septuagésimo Quintos Juegos del Hambre en los que los tributos son vencedores de ediciones anteriores. Un Greatest Hits compuesto por marionetas controladas por un gobierno que necesita hacer purga de héroes para evitar la rebelión (brillante idea de Suzanne Collins). El funcionamiento es idéntico al de los anteriores Juegos -con creativas variaciones que impiden el hastío en todo momento-, pero las implicaciones son mucho mayores. En llamas consigue dejarnos clavados en la butaca, nos atrapa en su primera escena y no nos suelta hasta que aparecen los créditos. Sin embargo, el impacto de la primera entrega ha disminuido considerablemente y, a pesar de las ominosas palabras de Haymitch (Woody Harrelson) a Katniss y Peeta (un muy notable Josh Hutcherson), no obtenemos la sensación de que efectivamente se enfrenten a asesinos profesionales esta vez. Quizás porque, como se insiste durante toda la película, ellos no son el enemigo. La historia evoluciona, madura, y toma nuevos derroteros.

Por eso precisamente Lawrence se centra menos en la violencia y más en la estrategia durante los Juegos, habiendo explorado el lado más sádico del régimen en la Gira de los Vencedores -donde se encuentran los planos más despiadados de la película. Pero a pesar de mantener la tensión durante todo el metraje (146 minutos que transcurren como si fueran 90), En llamas no desata la conmoción que sentimos al ver a los tributos (niños) siendo lanzados a la Arena en la película original. Eso sí, en compensación obtenemos personajes más definidos y memorables en los “nuevos” gladiadores, entre los que destaca la nueva robaescenas oficial de la saga: Johanna Mason (Jena Malone).

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En llamas planta los cimientos de algo grande, muy grande, y añade capas con sorprendente destreza y sutilidad, desvelando así que Los juegos del hambre es un relato mucho más organizado y profundo de lo que parecía. Pero lo que es un acierto de cara a la estructura global de la historia es un handicap para este capítulo en concreto. En llamas es lo que en el ámbito televisivo llamaríamos “capítulo de transición”. Tan necesario como mermado. Lawrence no persigue en ningún momento la entidad como obra independiente y no tiene reparos en sajar la película, sin clímax, sin conclusión, en favor del plan maestro. La seguridad de que la historia continuará y el espectador regresará convierte En llamas en un episodio de serie en el que solo se echa de menos un “to be continued” -algo que cabe esperar también de la tercera parte. Lo mismo que le pasó a Star Wars y El señor de los anillos con El imperio contraataca o Las dos torres respectivamente. La estrategia del cliffhanger o el final abierto es parte esencial de la experiencia serial (ahora también en cine), pero despoja a esta película de resolución, de sentido de la unidad, de lo que hace que el cine sea cine, revelando los imperantes intereses comerciales tras la obra. Esto no impide que alcemos la mano y nos unamos a la resistencia (es demasiado emocionante como para no hacerlo), pero plantea una cuestión importante: ¿es que en Hollywood ya no están interesados en hacer películas?

Valoración: ★★★½

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Comentarios (2)

 

  1. Eli dice:

    Totalmente de acuerdo. EL final de tu reseña ha sido el punto de lo que yo pensaba

  2. MARIAGRACIA dice:

    ME ENCANTO LOS JUEGOS DEL HAMBRE 1 Y 2 YA QUIERO QUE SALGA LA 3

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