Recordando… Wonderfalls

Wonderfalls reparto

Érase una vez una cadena de televisión huraña y antisocial que en lugar de escuchar a sus telespectadores, se paseaba por sus casas sibilina y amenazante, asiendo una guadaña y murmurando a sus oídos: “no te encariñes con esa serie, la vamos a cancelar”. Se llamaba Fox, aunque muchos empezaron a llamarla Axe. No porque oliera bien, sino por su adicción a blandir esa guadaña para decapitar a sus series sin darles tiempo para que pidieran misericordia. Estamos hablando de una remota época de la televisión norteamericana en la que un índice de audiencia considerado fracaso estrepitoso sería hoy en día un éxito incontestable. Una etapa de transición en Fox que nos dio varias series de culto que no pasaron de los 14 episodios. Firefly acapara toda la atención (por derecho propio, claro), pero hay otra serie foxiana cancelada prematuramente que merece todos los elogios del mundo: Wonderfalls.

Wonderfalls proviene de la inquieta mente de Bryan Fuller. Por aquel entonces este nombre no nos decía nada, pero una década después podemos asociarlo a varias series muy queridas por el público. Se encargó de Star Trek: Voyager, pero su primera ‘serie de autor‘ fue Tan muertos como yo (Dead Like Me), que se mantuvo tan solo dos temporadas en antena, ganándose un culto considerable (uno que se ha ido desvaneciendo, eso sí). A continuación llegó Wonderfalls, de la que hablaré a partir del siguiente párrafo. Más recientemente, Fuller ha conseguido labrarse un nombre propio en la televisión USA gracias a su inconfundible estilo visual, ya muy presente y definido en las series mencionadas. Con Pushing Daisies canalizó al Tim Burton más luminoso, encandilando a muchos espectadores (que por desgracia no fueron suficientes para que la serie pasase de su segunda temporada). Y con su serie actual, Hannibal (segunda temporada pendiente de estreno), vuelve a echar mano de los ingredientes que mejor maneja, iconoclastia, plasticidad y color, oscureciéndolos para explorar la vertiente macabra y pesadillesca de su estilo.

Además de Fuller, Wonderfalls también era obra de Tim Minear, conocido sobre todo por ser uno de los guionistas predilectos de Joss Whedon, showrunner de Angel y Firefly, y más recientemente productor ejecutivo de American Horror Story (si lo pensamos, AHS es bastante deudora del estilo Fuller). La premisa era tan original como arriesgada, puro Fuller: una joven recién salida de la universidad se conforma con vivir en una caravana y trabajar en una tienda de souvenirs de las cataratas del Niágara. Un día, los objetos inanimados con forma de animal empiezan a hablar con ella a base de mensajes crípticos que le hacen plantearse si está destinada a algo más grande en la vida. La excentricidad de la propuesta no terminó de calar con la audiencia, y tampoco con la Fox, que extendió la primera temporada a lo largo de 2004 (fue un estreno tardío de mid-season y continuó en otoño), contribuyendo así a que el impacto fuera aún menor. Quizás habría funcionado mejor con episodios de 20 minutos, en lugar de 40, pero eso nunca lo sabremos.

Wonferfalls greetings postal

Wonderfalls nació en una época de la televisión en abierto en la que aún quedaba espacio para la creatividad y las series no se clonaban siguiendo un patrón diseñado según estadísticas y cifras de audiencia. Buffy y Angel se acababan de despedir, cerrando una fructífera y estimulante era televisiva. Y Wonderfalls llegaba tarde. O visto ahora, puede que demasiado pronto. La serie de Fuller puso en práctica el formato que Expediente X y Buffy popularizaron e implantaron en televisión: una estructura altamente episódica con capítulos autoconclusivos (aquí no teníamos “monster of the week”, sino “objeto inanimado de la semana”) alternada con una gran trama general que cobraba importancia a medida que la temporada avanzaba. Pero la televisión estaba cambiando, y el espectador también. Wonderfalls era 90s en estado puro, y el público quería pasar página.

La extravagante historia de Jaye Tyler (Caroline Dhavernas) no terminó de encontrar su nicho de audiencia quizás porque era un producto en apariencia adolescente, uno que desentonaba fuera de la WB. O quizás porque sus protagonistas eran la antítesis del personaje televisivo por antonomasia. Jaye no era una heroína, sino más bien todo lo contrario. Holgazana, desmotivada, sin un sueño que perseguir. Una fracasada que no mostraba el más mínimo remordimiento por haberse plantado. Precisamente Wonderfalls exploraba cómo una persona así lidiaría con una responsabilidad cósmica, cómo reaccionaría ante la idea de ser una especie de Elegida. No había elemento fantástico propiamente dicho, pero Wonderfalls flirteaba constantemente con una fuerza superior que nunca llegó a desvelar. Las ‘grandes hazañas’ de Jaye eran muy de andar por casa (a pesar del ocasional allanamiento de zoológico, viaje astral navajo o caída en barril por las cataratas del Niágara). Ella luchaba constantemente contra aquello de “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Jaye no quería responsabilidades, no quería compromisos, ni siquiera tenía aspiraciones o metas. Un personaje así en televisión era tan refrescante e interesante como arriesgado. Y afortunadamente, Caroline Dhavernas (rescatada por Fuller para Hannibal) supo sacar el máximo provecho de Jaye, construyendo un personaje brillante y lleno de matices, y demostrando un enorme talento para la comedia física (¡qué prodigio de la expresividad!) Puede que nadie lo sepa, pero sí, Jaye Tyler es uno de los mejores personajes de la historia de la televisión.

Caroline Dhavernas Wonderfalls

Claro que Jaye tenía a su alrededor un reparto excelente. Familia y amigos que proporcionaban estabilidad y locura a partes iguales. Personajes en un principio desdibujados que acaban adquiriendo gran entidad y ganándose con creces el cariño del espectador (mención especial a Sharon, la hermana lesbiana de Jaye). Y por supuesto, Wonderfalls también tenía historia de amor. El componente romántico no era especialmente apasionante, y el príncipe azul de Jaye, Eric (¿Tayron Leitso o el hermano pequeño de Matthew Fox?), era más bien soso, como el Eric de La Sirenita (o sea, que con esa cara daba igual cómo fuera). Pero como el resto de relaciones (amistosas, familiares, románticas) de la serie, la pareja central -y su TNR- estaba tratada con sumo cariño. Es imposible no involucrarse con ellos y desear que acaben juntos. Jaye+Eric 4ever.

Wonderfalls tan solo duró 13 episodios, pero es una de esas series que constituye una obra sólida a pesar de terminar mucho antes de tiempo y quedar interrumpida. En el poco tiempo que tuvo para florecer consiguió realizar episodios absolutamente antológicos e hilarantes (“Crime Dog” o “Cocktail Bunny” son de lo mejorcito que ha dado la tele). Pero son muchas las preguntas que quedan sin responder, principalmente las que tienen que ver con el misterio tras los objetos parlantes. ¿Está Jaye loca y Wonderfalls nos habla de una enfermedad mental o Dios se está comunicando con ella? Los creadores de la serie declararon posteriormente a su cancelación que la idea para la segunda temporada era mandar a Jaye a un manicomio. Lo cierto es que las posibilidades eran infinitas. Los personajes habían crecido mucho en 13 capítulos, los actores se habían hecho con ellos y empezaban a estar enormes, y había material de sobra para que crecieran mucho más (Lee Pace tardó demasiado en ser un personaje visible y pedía a gritos más tiempo en pantalla). Como ocurre con toda serie prematuramente cancelada, Wonderfalls, especialmente vista 10 años después, supone una experiencia tremendamente agridulce. Afortunadamente, la series finale nos proporciona el perfecto cierre sentimental que hace que la recordemos como una pequeña joya de la televisión, en lugar de una (¡otra!) serie incompleta.

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