Crítica: Blue Jasmine

Blue Jasmine Cate Blanchett

Abordar en el cine una enfermedad mental con cierta profundidad y sin caer en tremendismos o afectaciones es una tarea complicada. Convertir el trastorno psicológico en un recurso cómico efectivo sin ofender o traspasar la delgada línea entre el buen gusto y lo políticamente incorrecto requiere aún más maña. Blue Jasmine es extraordinaria porque su director y guionista, Woody Allen, hace todo eso y más. A base de diálogos punzantes (como de costumbre), matices muy sutiles y brutal perspicacia antropológica (como cuando es el mejor Woody Allen que puede ser), el director levanta una complejamente sencilla historia con un claro epicentro: la arrebatadora interpretación de Cate Blanchett.

La Jasmine French de Allen es un personaje inolvidable, antológico ya desde su primera escena. Con las dosis exactas de patetismo, caricatura y compasión, Blanchett da vida a una mujer rota que intenta volver a juntar sus piezas sin que los demás se den cuenta de que se precipita hacia el abismo. Allen salta continuamente del pasado al presente -basándose inconfesamente en Blue Jasmine póster españolel argumento de Un tranvía llamado deseo– para ir añadiendo capas a su relato y aristas al retrato psicológico de Jasmine. A través de esta yuxtaposición de tiempos, conocemos los acontecimientos que culminan en su primera crisis nerviosa y asistimos al intento de borrón y cuenta nueva junto a su hermanastra pobre Ginger -la no menos fantástica Sally Hawkins. Todo a la vez, poco a poco. No cabe duda de que el resultado no habría sido tan brillante si la historia hubiera sido contada de manera lineal.

Allen tiene una habilidad natural para sacar de sus actores las interpretaciones más completas. Propiedad intransferible del actor y valioso vehículo de lucimiento, pero siempre al servicio de los intereses observacionales del director. En Blue Jasmine obtenemos la versión más avezada del autor neoyorquino: esa agudeza con la que estudia las diferencias de clase que caracterizó una de sus mejores obras recientes, Match Point; la puntería con la que diagnostica las relaciones entre hombres y mujeres que ha cimentado su obra; y las dinámicas fraternales que definieron parte de su etapa ochentera. El Woody Allen más inspirado del siglo XXI obtiene de su protagonista una de las interpretaciones más cautivadoras y desarmantes del cine reciente. Blanchett divierte, fascina, y acaba pillando desprevenido con reveladores instantes ahogados en auténtico dolor que nos dejan emocionalmente K.O. Como ese prodigioso plano final que, junto al de Tom Hanks en Capitán Phillips, entra desde ya en la historia del cine.

Valoración: ★★★★

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Comentarios (1)

 

  1. Mara dice:

    Incondicional de W. Allen, la tenía ya en la lista… pero así como la cuentas apetece todavía más.

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