Crítica: La vida de Adèle

La vida de Adèle

La vida de Adèle marcará un antes y un después para muchos. Exactamente como el primer amor, el que te consume y te cambia para siempre, el que te obsesiona y te descubre mil y una posibilidades, el que cuando se acaba te deja completamente abatido, desorientado, muerto. La vida de Adèle es la película que durante un tiempo te hará olvidar que existen otras películasAbdellatif Kechiche no nos permite otra alternativa más que enamorarnos de su Adèle, y de su vida, con una experiencia apabullantemente intensa y real de más de tres horas que nos deja totalmente exhaustos y aturdidos. Ser abandonados por La vida de Adèle es muy duro, pero es necesario hacer balance de lo vivido y seguir adelante.

Kechiche toma como punto de partida la novela gráfica de Julie MarohLe Bleu est une couleur chaude (en España El azul es un color cálido), pero como indica el cambio de título, la transforma en algo suyo, y en algo de Adèle Exarchopoulos, su jovencísima y bellísima protagonista (pero sobre todo en algo suyo). Compuesto en gran medida a base de primeros y primerísimos primeros planos que facilitan una experiencia inmersiva absoluta, el film nos adentra en el microcosmos de una adolescente en pleno proceso de descubrimiento de su sexualidad, para pasar a continuación a explorar una relación de la manera más exhaustiva posible. Kechiche destaca a la hora de capturar la excitación y el hormigueo del enamoramiento adolescente, y su cámara dibuja con trazo certero la sensación de descubrimiento y de deseo (el plano detalle del pliegue de la axila de Emma siendo observado por Adèle es uno de los más importantes del año).

La vie d'Adèle

La vida de Adèle tiene esa capacidad para afectarnos en lo más profundo porque su protagonista, nuestra Adèle, no es una chica extraordinaria, sino una muy normal, incluso aburrida (“¿Qué música escuchas?” “De todo”) No es un personaje creado para despertar admiración, ni un ideal de nada. Nos afecta porque nos resulta tremendamente familiar y cercana. El proceso de identificación con Adèle es intrincado, pero es totalmente natural, solo amplificado por esa cámara intrusiva que nos sitúa con ella en el centro del relato, nos enseña continuamente sus puntos negros, sus preciosos dientes de conejo, sus imperfecciones, su belleza y su sexo, y nos ayuda a experimentar todo con ella por primera vez. Por eso cuando Adèle se cruza con Emma (Léa Seydoux) en el paso de peatones, el amor a primera vista es compartido por el que observa. ¿Quién no quedaría arrebatado por esa Ramona Flowers francesa de paletas separadas? Emma representa el deseo primordial, la atracción más magnética, el error favorito.

A partir de ahí, La vida de Adèle se apodera del tiempo. Se detiene para siempre durante la primera conversación entre Adèle y Emma. Convierte en una hora 7 minutos de sexo explícito y real, empapado de saliva y sudor (aunque podamos oír en nuestra cabeza a Kechiche dando directrices). Y salta hacia delante sin piedad, a través de ubicuas elipsis, hasta los momentos más decisivos de la relación, identificando sus puntos nodales, abarcándola y exponiéndola plenamente. Al igual que asistimos al nacimiento del amor y vivimos el delirio del deseo, sentimos de primera mano cómo la vida de Adèle se desmorona a medida que las diferencias entre ella y Emma se manifiestan y se intensifican.

La vida de Adele agua

Kechiche se deja de sutilidades (es un decir) y se vuelve más obvio para enseñarnos que las dos habitan mundos distintos (Adèle proviene de una familia de clase media y no tiene aspiraciones más allá de ser profesora de guardería, Emma es artista, con todo lo que ello conlleva), para darnos en las narices con las diferencias entre conservador y liberal, bohemio y ordinario. Y aunque este pasaje de La vida de Adèle incorpora un par de reflexiones valiosísimas sobre la juventud en la situación económica actual (Adèle ha sido práctica y tiene trabajo, pero es juzgada por su falta de ideales y aspiraciones artísticas), y es necesario para desenlazar la historia, pone algo de distancia entre el espectador y el relato.

La agotadora intensidad y vehemencia con la que se retrata el amor se incrementa para destrozarnos con el desamor. Los primeros planos regresan, y atravesamos un mar de lágrimas y mocos para volver a sentir en primera persona lo que siente Adèle. Entregada, temeraria e inconsciente, precipitada al abismo sin paracaídas, Exarchopoulos finaliza su descarnado recital interpretativo, consumida por el personaje, sin piel, hecha trizas, convertida en ella. Si es que en algún momento no fue esa Adèle. Seydoux está magnífica, pero lo de Exarchopoulos es inabarcable. Para cuando esta historia que se nos antoja demasiado real (porque muchos la habrán vivido) toca a su fin, sentimos esa fuerza devastadora que tira de nosotros al caminar cada día, ese dolor que te ha cambiado para siempre. La vida de Adèle posee esa fuerza. Ya no hay nada que hacer, nos hemos enamorado de dos de las sonrisas más bellas de la historia del cine, y dejar de verlas es morir.

Valoración: ★★★★★

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Comentarios (15)

 

  1. Juan Naranjo dice:

    “Emma representa el deseo primordial, la atracción más magnética, el error favorito”.
    <3

  2. Africa dice:

    “Para cuando esta historia que se nos antoja demasiado real (porque muchos la habrán vivido) toca a su fin, sentimos esa fuerza devastadora que tira de nosotros al caminar cada día, ese dolor que te ha cambiado para siempre. La vida de Adèle posee esa fuerza. Ya no hay nada que hacer, nos hemos enamorado de dos de las sonrisas más bellas de la historia del cine, y dejar de verlas es morir.” Que razón tienes por dios. Esta película hace que nazca el deseo irremediable en tí de vivir algo tan pasional e intenso. Y lo peor es que hace que toda historia de amor vivida y que esta viviendo, se desvalorice en comparación a ésta..triste verdad.

  3. Tere dice:

    Yo al ver la película me quedé con la impresión de que esas escenas tan explícitas desvirtúan o desprestigian aquello que considero importante o poseedor de cierta profundidad. Creo que “La vida de Adèle” convierte el sexo en pornografía. Algo que es digno se banaliza y se convierte en mierda. Es indignante que el sexo lésbico haya quedado sólo en puro voyerismo y morbo despreciable de la mano de un director heterosexual sin ningún pudor. Por algo la propia autora del cómic las ha criticado tanto, y con toda la razón.

  4. Lu dice:

    siento mucho herir susceptibilidades…perooo… es una pelicula malisima. SIN ARGUMENTO, SIN UN SCRIPT DECENTE, SIN GUION ADECUADO…Y CON TOMAS MUUY ABURRIDAS DE LA PROTA DURMIENDO. Sin hablar que el paso del tiempo no estaba plasmado en la chica, ERA LA MISMA ADOLESCENTE desde el comienzo al fin. La escena de sexo muy larga, y no representa para nada una relación lesbica, sino que es más el caso de que un director heterosexual se ha puesto a filmar la fantasía de los hombres sin ton, ni son. Asi q para ver sexo real sin argumento ni tomas interesantes,….me veo una porno y listo. VAYA BASURA.

  5. Julia dice:

    Yo me pregunto, y os pregunto: en una gran historia de amor clásica como por ejemplo, pongamos por caso “Los puentes de Madison” o “Casablanca”, ¿habría “necesidad” de mostrar una escena de 10 minutos con Ingrid Bergman a cuatro patas y Humphrey Bogart jadeante encima para “entender” su pasión y su amor? No, ¿verdad? ¿A que no sería necesario ni estaría justificado y nos indignaríamos si nos obligaran a creer lo contrario? ¿Entonces por qué en esta película es así?

    • Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

      A partir de ahora no voy a aprobar ningún comentario que provenga del mismo e-mail o dirección IP que estás usando para participar en esta entrada. Ya has expresado tu opinión, y no es necesario seguir escribiendo comentarios usando otro nombre para decir lo mismo una y otra vez. Respeto tu opinión (aunque no estoy de acuerdo con ella) y te agradezco que la compartas con nosotros, pero lo que estás haciendo adoptando varias identidades para dejar diferentes mensajes con el mismo contenido es spam y no lo toleraré en este blog. Un saludo.

  6. G. dice:

    Creo que estas escenas causan tanta indignación porque en ellas el director está lejos de ser ingenuo o esteta al haberlas rodado, sino morboso. Ni las lesbianas practicamos tan frecuentemente las tijeras (de hecho es una postura poco común y que está más presente en las fantasías heteros que en nuestras prácticas reales) ni desde luego tampoco follamos así la primera vez, como dos actrices porno que ya lo supieran hacer todo. No seamos inocentes, por favor: nuestra indignación radica en el hecho de que la mirada de este director es bastante hipócrita, porque nos quiere vender unas escenas sexuales supuestamente filmadas con realismo, belleza y sensibilidad cuando lo que vemos es pura recreación pornográfica con fines comerciales. El sexo lésbico vende, y eso el director lo sabía y por eso lo ha explotado, por eso todas las justificaciones de estas escenas nos parecen cuentos y engaños bastante perversos. De ahí nuestra indignación. Aunque quizá es difícil de comprender por el colectivo ajeno a las lesbianas… es como si hubieran cogido algo importante o valioso para nosotras y lo hubieran pervertido y convertido en algo barato y ofensivo, algo que sirviera para que el público se excitara y se regodeara vulgarmente. Nuestra indignación viene de que se haya manipulado y ninguneado el sexo lésbico por parte de un director heterosexual, y en esto tengo que darle la razón a la autora del cómic: ¿tanto habría costado contar con la opinión de alguna lesbiana durante el rodaje?

    • Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

      Sabes que tienes un serio problema, ¿verdad? DEJA DE POSTEAR SPAM, EN ESTA Y EN TODAS LAS PÁGINAS QUE HAN PUBLICADO UNA CRÍTICA SOBRE LA VIDA DE ADÈLE. Ya has dejado clara tu opinión. No va a cambiar nada por seguir inundando los blogs con ella. Deja de cambiarte el alias y el mail, vemos tu dirección IP, sabemos que eres la misma siempre. ¿Qué pretendes con todo esto? Hazte un favor y ve al psicólogo, o a un templo budista, adonde quieras, pero déjame tranquilo YA.

  7. EGG dice:

    No entiendo como una escena de sexo pueda provocar tanta polémica. Esa secuencia es tan necesaria como ver a Adèle comiendo un plato de espaguetis o verla en su trabajo.
    Me hace gracia ver a la indignación del colectivo lésbico, sobre la escena. Cuando hombre hace una película de lesbianas (esta o cualquier otra), el colectivo se echa encima creyendo que sólo lo hace para que los heteros se hagan una pajilla, siempre me ha parecido que lo ven como una intromisión. Y sinceramente, me da igual si el director lo que ha volcado ha sido sus deseos más morbosos. Yo, como lesbiana, no me he sentido ofendida en ningún momento. Lo único que deseaba es que la película durara otros 180 minutos más.
    Esta película auténtica, realista como la misma vida, que desgarra. No pude dejar de pensar en la película en varios días. Y sinceramente, mucho mejor que el cómic.
    Gracias Fuertecito por la crítica, después de leerla, incluso me gusta más aún “La Vida de Adele”. 100% de acuerdo contigo.

  8. M. Delatte dice:

    Pues sinceramente, para que se hagan películas lésbicas como ésta prefiero que no se haga ninguna… Mucho decir que visibilizan y normalizan pero parece que nadie ve que en realidad estamos en lo de siempre: las relaciones entre mujeres se convierten en objetos de morbo masculino y en escenitas degradantes de tetas y coños antes que en cualquier otra cosa, y eso es más un retroceso que un avance. Las propias lesbianas somos tan críticas con esta película precisamente porque nos vemos reducidas a una fantasía absurda de un hombre heterosexual, posturas ridículas y una actitud como de “vosotras tocaos hasta la extenuación que yo filmo”. Teniendo una historia tan maravillosa como la que tenía, con un temazo a desarrollar, un punto de partida estupendo en la obra original para trabajarlo y unas actrices entregadas y convincentes para darle vida, Kechiche ha malgastado sus 180 minutos de película en tijeras cunnilingus. A “La Vida de Adèle” le falta verdad y le sobran erecciones. En su cómic, Julie Maroh quiere dar visibilidad a las dificultades con las que se encuentra un adolescente durante el proceso de aceptación de su diversidad sexual, además de presentar una historia de amor excelente, bien cuidada, respetuosa, estética. Pero la prioridad de Abdellatif Kechiche ha sido ejercer de dictador. Él quería sostener la lupa como un voyeur dándose el lujo de exigir todas sus fantasías desde el lugar más privilegiado. No nos extrañe pues que Maroh haya denominado a esta película “pornografía para mentes masculinas”.
    Y conste que en ningún momento se discute sobre no mostrar sexo en la película, de hecho es necesario y está justificado que se muestre, pero no ASÍ. El problema no es con el sexo explícito siempre que esté justificado y bien presentado, como por ejemplo sucede en el cómic. El problema es cuando se ha decidido mostrar una escena sexual larguísima con el único propósito de crear morbo gratuito y polémica. Podía haber sido una escena de sexo rodada con respeto, buen gusto, erotismo y sensibilidad y no quedarse en el puro morbo de un director tiránico que parece regodearse en las tijeras y el cunnilingus mientras filma para después querer tomar al espectador por tonto, hacerse el ingenuo y pretender venderlo como otra cosa. Eso es lo indignante. Más que una relación sincera y realista entre dos mujeres parece una fantasía pornográfica bastante tópica (e incluso ridícula por determinadas posturas) de un hombre heterosexual y obsesivo.
    Por ejemplo, una película como Nymphomaniac es bastante más honesta que ésta en cuanto a propósitos y objetivos, ya que no miente al presentarse a sí misma: “FORGET LOVE” es su frase de presentación y en ningún momento reniega de sus escenas pornográficas o de sexo explícito. Pero Kechiche hace todo lo contrario, muy hipócritamente: rueda escenas claramente pornográficas y de bastante mal gusto y nos las quiere hacer tragar no sólo como necesarias sino como demostración de la pasión más auténtica. Pues por eso yo no paso, lo siento mucho, no quiero que se me tome por idiota. Lo que ha rodado este hombre es porno, se ha recreado en él y en las actrices y ha querido hacerlo así para llenar más salas, crear más audiencia y alimentar más morbo (sobre todo el masculino).
    Si habéis leído el cómic (que os recomiendo para que veais por vosotras mismas la diferencia), comprobaréis que las escenas de sexo no tienen nada que ver. Son explícitas, sí, pero no se recrean injustificadamente ni ofrecen morbo gratuito no resultan tópicas o insultantes. Son naturales, sugerentes y estéticas. En la película no veo más que tetas bamboleantes y posturas ridículas propias de un vídeo de Youporn.

  9. Alicia dice:

    ¿Soy la única que no ve sexo lésbico sino sexo en estas escenas?

    Puestos a criticar, a mí sí hay una escena que no me ha convencido. La del encuentro en la cafetería de Adèle y Emma años después… Me extrañó que se pusieran así en un lugar público y el camarero o los demás clientes no les dieran un toque, yo me lo habría imaginado algo más discreto, aunque no se pudieran aguantar…

  10. VontKant dice:

    Pues por fin he visto la película…

    Y mis sentimientos están enfrentados, porque por un lado entiendo perfectamente la indignación de algunas y por otro, la película tiene cosas maravillosas.

    El sexo es sexo en cine. Si las lesbianas practican una postura u otra, pues mira, dependerá de la lesbiana. Es cuanto puedo decir de las polémicas escenas de sexo.

    Los primeros planos de Adèle durmiendo… mmmmm… en el conjunto no sobran, porque toda le película está basada en planos cortos y prolongados, pero en el momento de verlos, a mí me chirrían… igual porque no me interesa lo más mínimo la postura en la que duerme la chica, me parece mucho más interesante cómo se relaciona con las personas… y, en ese sentido, debo decir que Adèle me cae mal. Lo cual no es culpa de la película, es culpa del personaje: a lo largo de toooooda la película ella son excusas, medias verdades y mentiras. Y celos. Por un lado, la actriz es capaz de mostrar la sensación de desubicación de la protagonista, ese no saber cómo encajar en el mundo, ese deseo de entenderse a sí misma y encontrar lo que busca… La película me estaba gustando mucho (con algunas reservas, dado mi animadversión al personaje) hasta aproximadamente la mitad, en la cena con los padres de Adèle. De hecho, mis escenas favoritas están en esa mitad de la película: las dos con la amiga, en la escalera del instituto y en el baño; el momento en el que se cruza con Emma y el momento con Emma en el bar cuando se conocen.
    Todas las escenas de las clases de literatura en las que nos explican lo que va a sentir Adèle a través de pasajes de libros, me tocan mucho la moral… no necesitas ir de “mira, que pongo pasajes de libros para ejemplificar el estado emocional de mi personaje y que pueda sentirse identificada”… no necesito que me expliques de qué va la cosa, sólo tienes que enseñármelo… déjame a mí hacer el resto del trabajo (si sólo hubiera sido una escena, vale, pero es que han sido varias)…

    Es cierto que, al final, te quedas con sensación de vacío. En mi caso, después de las tres horas de película, me falta conocerla… creo que no llego a conocer a Adèle, a pesar de la infinidad de planos de sus reacciones ante las cosas… conozco su deseo, y sé que es lo más importante para ella… pero es una relación de años en la que ella no crece… no me refiero a físicamente, como he leído, si no a evolución…

    Así que mi resumen es: si, pero no…

    Eso sí, leerte siempre es un gusto y me encanta que hayas disfrutado tanto de la película y seas capaz de transmitirlo con tus palabras =)

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