Crítica: Don Jon

Don Jon

En su largo de debut como realizador, Don JonJoseph Gordon-Levitt reescribe el mito de Don Juan en clave cani, firmando una fábula creativa, enérgica y anabolizada sobre un veinteañero de Nueva Jersey que, a pesar de ser un seductor nato, prefiere el porno en Internet al contacto carnal verdadero.

A sus 32 años, Gordon-Levitt se ha labrado una imagen unánimemente respetada como intérprete, gracias a una mezcla de sentido común y riesgo en los papeles que escoge. El siguiente paso natural de un actor de naturaleza inquieta como él era saltar tras las cámaras y convertirse en autor. Con Don Jon, Gordon-Levitt incurre en un par de vicios de principiante, como ese montaje epiléptico deudor del Darren Aronofsky temprano (por mucho que nos gustase en su momento, Requiem por un sueño ha hecho demasiado daño), pero en general se muestra resoluto, firme y sorprendentemente centrado en su nuevo puesto, orquestando una ópera prima sobre excesos sin echar mano de ellos.

Si acaso se le puede achacar algo a Gordon-Levitt es no haber transgredido demasiado lo políticamente correcto (no parece que fuera su intención en cualquier caso), a pesar de que el material lo pedía a gritos. Por el contrario, el director se queda a medio camino en su representación del sexo, quizás para no herir sensibilidades. Para ser una película sobre un hombre adicto al porno que ostenta el récord de 10 masturbaciones diarias, Don Jon es una cinta bastante pulcra, aséptica y luminosa. Claro que esto responde al hecho de que, a pesar de retratar una parafilia bastante seria, Don Jon no es más que una comedia romántica, en fondo y forma.

DON JON

En Don Jonel gamberrismo y la provocación acaban cediendo por completo al buen rollo y el romanticismo hollywoodiense. Pero Gordon-Levitt no pierde en ningún momento el sentido de la orientación, teniendo siempre claro el objetivo al que se dirige su historia y el uso que quiere dar a la patología de su protagonista (encontrarse a sí mismo, y después, el amor). Además, su sentido de la comedia es impresionante para un director primerizo, y la perspicacia con la que retrata a sus personajes (con un poso de melancolía muy bien medido) contribuye a que el tono amable y buenrollista encaje a la perfección con el relato. Gordon-Levitt conduce su película hacia lo trascendental, llegando a conmovernos en su recta final gracias a una refrescante mezcla de idealismo y sinceridad.

Don Jon no ofrece descanso en sus escasos pero bien aprovechados 90 minutos de metraje. Las risas y los acertados momentos de introspección son entrelazados con la habilidad de un realizador con experiencia contando historias. Pero más que como narrador, Gordon-Levitt destaca sobre todo como director de actoresTony Danza está sorprendentemente genial. Julianne Moore para comérsela. Y ni Woody Allen, ni Sofia Coppola, ni Christopher Nolan, sino su coetáneo, el pequeño Tommy Solomon, es el que saca de Scarlett Johansson la mejor interpretación de su carrera hasta la fecha. Su Barbara es una choni divertida, complejamente simple, exasperante, exuberante, simplemente gloriosa. Y junto a Gordon-Levitt (también magnífico en el apartado interpretativo, por cierto) estalla por los aires y nos da los momentos más inspirados de la película.

Valoración: ★★★★

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