Crítica: Pacto de silencio

_DSC0797.NEF

Robert Redford suena fuerte para llevarse el Oscar el año que viene por su Náufrago particular, Cuando todo está perdido (All Is Lost). Pero antes de ofrecer la que (supuestamente) es una de las mejores interpretaciones de su dilatada carrera, tenía que quitarse de en medio una de las peores. En su nuevo film como director, Pacto de silencio (The Company You Keep, 2012), sobre un ex miembro del grupo radical The Weather Underground cuya identidad secreta es descubierta y comienza una fuga por el país, Redford trata por todos los medios de demostrar que sigue en forma, física y profesionalmente, pero fracasa estrepitosamente.

Como realizador, Redford demuestra temple y oficio, pero su experiencia no es suficiente para sacar adelante una historia tan mustia y genérica como la que cuenta Pacto de silencio, basada en una novela de Neil Gordon. Como actor (también es el protagonista de la cinta), se muestra inexpresivo, limitado en gran medida por la cirugía plástica. Y no ayuda precisamente que se haya exigido a sí mismo un esfuerzo físico muy superior a sus posibilidades. Redford parece utilizar la película como un recordatorio a la industria y al público: “Eh, que puedo seguir haciendo estas cosas, mira cómo salto, mira cómo corro”. Pero desafortunadamente no puede.

Podemos obviar el hecho de que intente pasar por padre de una (insoportable) niña de 10 años -y eso que mantiene con ella una química desastrosa-, pero resulta especialmente triste verlo saltar verjas, escapar corriendo de la policía (con el uniforme de fugitivo oficial: gafas de sol y gorra en interiores) o incluso haciendo jogging. Redford se empeña en que está para esos trotes, y por muy de acuerdo que estemos con eso de que “la edad se lleva en el alma”, también hay que saber aceptar que el tiempo no pasa en balde. Está claro que Redford debería haberse limitado a sus labores tras la cámara.

_DSC5771.NEF

En teoría, Pacto de silencio es un thriller político, pero en la práctica, tiene de político lo que una clase de Ciencias Sociales en el instituto o un post de denuncia en Facebook, y de thriller lo que una tarde (calzados) en el parque. Redford reúne un ecléctico y multigeneracional elenco de talentos interpretativos para infrautilizarlo antológicamente. Convierte a Shia LaBeouf (el típico periodista “que busca la verdad” y nos enseña el lado oscuro de la ética periodística), Julie Christie o Susan Sarandon (hippies que dicen que no son hippies) en meros recipientes de las ideas políticas más simplistas y demagogas, expresadas en diálogos sobre-explicativos que no dejan que el espectador saque sus propias conclusiones.

Este tipo de películas funcionan cuando hay algo de riesgo. Bien manejada, la ambigüedad política y moral de un relato de estas características puede estimular, incitarnos a pensar, a preguntarnos qué nos quieren vender, qué clase de agenda política puede existir detrás de la película, de qué lado estamos, y en última instancia, a descubrir cuál es realmente nuestra postura en el asunto. Si nos dicen qué pensar, si nos explican las metáforas y nos llevan de la mano a través de la película, perdemos el interés y nos aburrimos. Y eso es justo lo que ocurre en Pacto de silencio. Nos aburrimos soberanamente, porque se nos ahoga con clichés y obvias sentencias categóricas que supuestamente desvelan lo podrido que está el sistema, porque nos manipula pero lo hace con las estrategias más evidentes. Y también porque la película no es más que una sucesión de encuentros con personajes que dejan caer torpemente la información necesaria para que la trama “avance”, una eterna y exasperante introducción/contextualización que incorpora personajes nuevos casi hasta el final y no parece arrancar nunca.

Quizás porque estaba ocupado entrenando, o porque realmente no estaba interesado en profundizar, Redford se queda en la superficie de la historia de los Weathermen, utilizándola únicamente para abrirnos los ojos con lecciones de baratillo (“Los políticos y grandes empresarios cometen delitos y están en la calle, y vender marihuana es ilegal”, dice el personaje de Julie Christie) y para señalarnos con el dedo quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Como si no lo supiéramos.

Valoración: ★★

Etiquetas: , , , , , , ,

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas