Crítica: Insidious Capítulo 2

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Al igual que Takashi Shimizu, James Wan se ha especializado en hacer la misma película una y otra vez. Pero a diferencia del perpetrador de la saga Ju-on (La maldición), que fue perdiendo el respeto (si es que alguna vez lo tuvo) a medida que amontonaba entregas, remakes y reboots, Wan ha sumado más éxito en taquilla y reconocimiento con cada uno de sus últimos estrenos. Este mismo año hemos visto Expediente Warren (The Conjuring), una notable variación en clave de clásico setentero de Insidious (2010). Y ahora nos llega Insidious Capítulo 2, película disfrazada de continuación de la que fue su mayor taquillazo desde Saw (2004), cuando no es más que un remake de sus dos películas anteriores, pero desprovistas de la fuerza visual e imaginativa que las caracterizaba.

Aunque parezca una tontería, la elección del título Insidious Capítulo 2 es muy significativa (y de hecho muy honesta). Desde un primer momento se nos deja bien claro que estamos ante la segunda mitad de una historia contada en dos partes. No se trata de un caso de estiramiento o añadido a posteriori, sino que la primera película dejó deliberadamente un gran número de cabos sin atar, además de terminar con un cliff-hanger que ni Perdidos, para ser concluida en el segundo capítulo. Este es el aspecto más (paradójicamente) satisfactorio de una secuela que completa el relato volviéndolo a contar otra vez. Los mejores momentos de Insidious Capítulo 2 son aquellos en los que se nos obliga a recordar detalles aparentemente azarosos para encajarlos en el hueco adecuado y obtener la visión completa.

De esta manera, el segundo capítulo se centra en las dos grandes cuestiones sin resolver del primero: el don de Josh Lambert (Patrick Wilson) y el pasado traumático de los fantasmas con asuntos pendientes que amenazan a su familia. Insidious Capítulo 2 retoma la historia en el punto justo donde la dejó (no sin antes introducir la película con un flashback a modo de prólogo), y la continúa añadiendo información a la vez que repite -sin intención de disimular el autoplagio- el esquema narrativo en dos partes: los fantasmas asustan a los habitantes de una casa encantada + viaje a la dimensión desconocida. Y a partir de ahí, con un descaro absoluto, incide en los mismos sobresaltos tramposos (basados en un golpe atronador de música que antecede al susto en sí, para que no te libres de él aunque te tapes los ojos), los mismos armarios, ventanas y pasillos por los que se cruzan ánimas que cantan nanas y se ríen de ti (esto parece un capítulo de Scooby Doo), las mismas revelaciones “sorprendentes” tras las mismas preguntas de los personajes (que a ratos parece que no acaban de vivir exactamente lo mismo). Todo cubierto por un halo de inconsciencia que impide ver a sus autores que sus trucos provocan más risa que miedo. O eso, o se lo están pasando genial insultando nuestra inteligencia.

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Lo que hacía que la primera Insidious destacase dentro del género era su cuidadísima estética (basada en tonos fríos y preciosos planos de vértigo) y una imaginería fantástico-onírica que la alejaba del terror más normativo. Aunque en el Capítulo 2 regresamos al Más Allá (la idea consiste en enseñarnos lo que está ocurriendo al otro lado mientras los vivos gritan “ve hacia la luz”), parece que se ha agotado la creatividad. Echamos de menos al demonio de cara roja que tenía secuestrado a Dalton (Ty Simpkins) en The Further, una dimensión espectral que recordaba al reino de Lord Darkness en Legend. En su lugar nos quedan un par de motivos incónicos esparcidos en un escenario más sobrio y desnudo- quizás porque lo vemos desde los ojos del adulto, en lugar del niño. En cualquier modo, al ver Insidious Capítulo 2 tenemos la sensación de que se ha rodado el mismo guion (“No es la casa, es Josh”), solo que con menos presupuesto y ganas, algo decepcionante teniendo en cuenta que repite el tándem Wan-Leigh Whannell.

Una vez desvelados todos los misterios que rodean a la familia Lambert y a los espíritus de feria de pueblo que están obsesionados con ellos (y sí, todos los secretos son exactamente como os imagináis, porque están sacados del Manual universal de clichés del terror), solo queda allanar el terreno para las inevitables secuelas. Lo que hacen Wan y Whannell con Insidious Capítulo 2 es dar cierre total a los Lambert y utilizar su historia como “episodio piloto” de una posible franquicia protagonizada por el dúo de cazafantasmas geeks Specs y Tucker y la médium Elise (Lin Shaye). Ahora que Wan se pasa a la acción con Fast & Furious 7 (ha declarado que ya no va a hacer más películas de terror) delegará en otros esta Supernatural cinematográfica en potencia.

Valoración: ★★

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