Crítica: Grand Piano

Elijah Wood Grand Piano

Para su nueva película, el alicantino Eugenio Mira ha rebajado las dosis de bizarrismo que acompañaban a sus anteriores obras (The Birthday, Agnosia) para firmar un trabajo que, a pesar de mostrar sensibilidad de fantástico, se adscribe fuera de él. Grand Piano sigue emanando ese inconfundible aire a Serie B (de qualité, si me permiten la paradoja) que caracterizaba a sus anteriores películas -y que tanto gusta a su amigo Nacho Vigalondo-, pero apunta más alto con una historia descargada de ornamentos, triquiñuelas y artificios de género, un thriller universal en busca de un público más amplio y una repercusión más intemporal.

La película de Mira se promociona en nuestro país como “lo nuevo de los creadores de Buried“, y aunque esta descripción peca de oportunismo, no viene mal para hacernos una idea de lo que vamos a encontrarnos en Grand Piano. Una historia apabullantemente sencilla, con un reparto muy reducido, que transcurre casi íntegramente en una sola localización. Claro que da mucho más juego que un ataúd el gran teatro donde el afamado y jovencísimo prodigio del piano Tom Selznick (Elijah Wood) regresa después de cinco años de autoexilio tras una infame interpretación de “La Cinquette”, “la pieza imposible”. Entre bambalinas, palcos y camerinos Mira construye una trama hitchcockiana de asesinatos y secretos del pasado cuyo ritmo es marcado las intensas notas del piano de Selznick -es decir, por la excelente partitura de Víctor Reyes.

Poster_Grand_PianoTom Selznick se encuentra en el centro del relato en todo momento y el espectador desenmaraña el misterio al mismo compás que él. Wood nunca ha sido un intérprete extraordinario (eso sí, nos cae genial y nos encanta que se meta en este tipo de proyectos), pero su trabajo en Grand Piano es una de las piezas más importantes del pulido mecanismo que hace que la película funcione. El actor interpreta realmente las partituras de la película (su formación previa y mucha práctica se lo permitieron). Mientras sus dedos se deslizan firmes por el teclado, sus grandes ojos azules reflejan el miedo escénico que ahoga al personaje y la angustia y la impotencia que se van apoderando de él a medida que la amenaza va tomando forma. Sin embargo, Mira se concentra tanto en Wood (no puede ser de otra manera) que descuida al reparto de secundarios, un grupo de personajes bastante artificiales y acartonados que restan verosimilitud y empaque a la propuesta, y nos recuerdan ese simpático pero aquí chirriante deje Serie B.

A pesar de esto, Grand Piano es un elegante y absorbente thriller orquestado con templanza y mano firme que fluye sin dar apenas tregua. Noventa escasos minutos en los que la información se dosifica habilidosamente para mantener el interés, y la tensión no deja de aumentar, hasta un desenlace que desafortunadamente no atina a dar con la nota perfecta. Hay muy pocos elementos en juego y gran parte del metraje consiste en Elijah Wood sentado al piano hablando con el misterioso hombre (John Cusack) que ha amenazado de muerte a su mujer si deja de tocar (como Speed pero con un piano en vez de un autobús). Una premisa a priori limitada que encuentra salida a todas sus posibilidades gracias a un guion medido con precisión, la inventiva y estimulante realización de Mira, que busca incansablemente nuevas perspectivas y puntos de vista, y un montaje quirúrgicoGrand Piano hace de la economía de medios (técnicos y narrativos) su mayor virtud. Y en este caso, cuanto más simple, más sofisticado. Y mejor.

Valoración: ★★★½

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