Modern Family: A favor y en contra

Modern Family Season 5

Modern Family es una de las sitcoms más aclamadas de los últimos años. Se ha llevado el Emmy a Mejor Serie de Comedia cuatro veces consecutivas, sus actores se han convertido en estrellas con sueldos estratosféricos y es un monstruo en las audiencias (la única serie de ABC que logra cifras comparables a las de las comedias de CBS). Sin embargo, los más de cuatro años que Modern Family lleva en antena también han servido para que cada vez salten más a la vista sus problemas y limitaciones. Con tan solo cinco episodios emitidos de su temporada más reciente (la quinta) Modern Family muestra los habituales síntomas de agotamiento que toda serie longeva experimenta al rondar su capítulo número 100. Nos sigue divirtiendo, sus personajes siguen siendo fantásticos, y la serie, incluso en sus horas más bajas (que coinciden con las horas bajas del mockumentary televisivo), está muy por encima de la media. Pero la sensación no es la misma. La fórmula comienza a agotarse y es necesario cambiar algo.

A continuación voy a repasar lo que funciona y lo que falla de Modern Family según mi propio criterio, empezando por lo que no me convence de ella, para terminar con sus puntos fuertes.

Modern Family Norman Rockwell

EN CONTRA

Lo mismo una y otra vez. Modern Family es una sitcom altamente formulaica. Esto quiere decir que todas las semanas sigue el mismo patrón: tres tramas que se intercalan y se basan siempre en un malentendido (la típica nota que se coge por error, la conversación que se oye a medias, y todas sus variantes) o una mentira que se intenta esconder por todos los medios, hasta que, cuando sale a la luz, todos los personajes aprenden que no es necesario mentir u ocultar sus defectos, porque se querrán y se aceptarán incondicionalmente. Todo para resetear la serie completamente de una semana a otra y que sus personajes vuelvan a la tabula rasa para poder aprender la misma lección una y otra vez. Modern Family es una comedia de situación de los 50 actualizada según la sensibilidad moderna, pero igualmente básica y repetitiva. Esto no es necesariamente malo, al menos no siempre. Las situaciones son universales y el alto contenido episódico frente a la casi total audiencia de elemento serial la convierten en un valor (de reposición) seguro, una de esas series que engloban la esencia más inalterable de la televisión, para ver a la hora de comer o siempre que nos encontremos con ella. Por desgracia, es inevitable cansarse de vez en cuando de ver el mismo episodio hecho de distintas maneras, por muy buenos que sean los chistes y los diálogos (que normalmente lo son).

De “moderna” más bien poco. Modern Family está protagonizada por tres núcleos de la misma gran familia. Tres modelos diferentes: una familia tradicional con padre, madre y tres hijos, un divorciado sesentón con una mujer mucho más joven que él y un hijastro pequeño, y dos padres homosexuales con una niña adoptada. Sin embargo, Modern Family no está realmente interesada en hablar de alternativas a la familia tradicional (los Dunphy), sino de distintas maneras de convertirse en ella. En el episodio “Tableau Vivant” (3.23) nos lo dejan bastante claro. Los protagonistas recrean el famoso cuadro de Norman Rockwell Freedom from Want (la cena de Acción de Gracias), confirmando que Modern Family representa en todo momento los valores norteamericanos de la tradición y la abundancia. Es una manera de decirnos que no importa su estructura o los miembros que la formen, todas tienen derecho a ser una familia Rockwell. Un mensaje tan loable como limitado. El cartel promocional de la quinta temporada se permite jugar con esta idea de lo moderno y lo conservador, con el inteligente eslogan “modern classic”.

El doble rasero con los gays. En relación con el punto anterior, Modern Family alardea de pareja homosexual como símbolo y síntoma de su modernidad. Está claro que gracias a Cam y Mitchell, la serie desempeña una gran labor de visibilización del matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción, pero se zambulle constantemente los peligros de la heternormatividad. El microcosmos de Cam y Mitchell está en todo momento planteado desde la perspectiva heterosexual. Claro que Eric Stonestreet y Jesse Tyler Ferguson están absolutamente sensacionales en sus papeles, y esto hace que pasemos por alto el hecho de que sean “gays-for-straights”, es decir, personajes homosexuales estereotipados y usados como recurso humorístico desde un punto de vista eminentemente hetero, incluso un poco carca (hombre homosexual=mujer). Es decir, desde el punto de vista de Jay. Que no se besen casi nunca dice bastante. Y no me vale con que se barra debajo de la alfombra con excusas que forman parte del carácter de los personajes. No deja de ser una opción cobarde.

Modern-Family

A FAVOR

El mejor reparto coral. No cabe duda de que el punto fuerte de Modern Family son sus personajes, y los actores que los interpretan. El casting es un sueño hecho realidad, tanto para el equipo (por lo unidos que están los actores en la vida real) como para el espectador, que puede disfrutar de la química más apabullantemente natural y efectiva que recordamos en muchísimo tiempo. Del más grande a la más pequeña, los actores de Modern Family habitan sus personajes, otorgando nuevo sentido a la expresión “dar vida”. Sus perennes nominaciones a los premios de la Academia son solo uno de los indicios del nivel interpretativo y el talento a raudales de este numeroso reparto. Gracias a Modern Family podemos disfrutar de valores cómicos excepcionales como los de Ty Burrell, Julie Bowen, los mencionados Stonestreet y Ferguson, o el torbellino Sofía Vergara, que no deja indiferente a nadie. Sus personajes pasan fácilmente de la buena caracterización a la caricatura, pero ellos están siempre magníficos.

¡Los niños no son insoportables! Es más, son geniales. El gran talento de los actores adultos tiene correspondencia en el reparto infantil. Vamos, que los niños de Modern Family no tienen nada que envidiar a los adultos. Aunque no todos están a la misma altura (por ejemplo, a mí a veces me cuesta aguantar a Manny), sí se desenvuelven con la misma naturalidad y profesionalidad que sus progenitores en la ficción, contribuyendo a esa increíble sinergia que caracteriza a la serie. Los niños de Modern Family pueden dividirse en dos grupos: los naturales y los ficcionales. Los Dunphy forman parte del primero, y Lily y Manny del segundo. No recuerdo ningunos hermanos en la ficción tan creíbles como Haley (la gema oculta de la serie, y ya no tan niña), Alex y Luke. Sus diálogos -ya sean peleas o momentos tiernos- suelen conformar los pasajes más agudos de la serie, aunque muchas veces pasen desapercibidos (quizás por eso son tan buenos). Y no solo eso, sino que las relaciones paterno-filiales brillan por su introspección y perspicacia (no hay nada mejor que el dúo Phil-Luke en las primeras temporadas). Por otro lado, Manny y Lily son de esa casta catódica de niños sabelotodo que hablan como adultos guionizados. Nos chirría especialmente de Lily, porque con 4 años tiene más insolencia, descaro y repertorio ácido que Joan Rivers. Pero no importa, la diminuta Aubrey Anderson-Emmons es un auténtico prodigio y hace que nos olvidemos de que ya no estamos en los 90, y las hermanas Olsen tienen 30 años.

No sé cómo lo hacen pero siempre nos tocan la fibra. Y aquí está la otra clave del éxito de Modern Family. Los últimos dos minutos de cada episodio son el elixir de la felicidad, un nomeolvides que nos emociona y nos reconcilia con la serie en caso de no estar del todo satisfecho con lo que hemos visto (que será raro de todos modos). Esa última secuencia, el montaje con voz en off de uno de los personajes hablando de “las cosas que importan” es lo que da sentido a la serie, y lo que justifica que sigamos viéndola y disfrutándola a pesar de sus defectos. Hay pocas series en antena que sean capaces de pasar con esa pasmosa facilidad de la risa a la emoción más incontenible. Perdón, se me ha metido algo en el ojo.

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Modern Family ingresa en periodo de revaluación, pero todavía no ha bajado tanto el listón como para que nos preocupemos demasiado. Sin embargo, debería estar alerta, porque corre el inminente peligro de estancarse y perder su magia. De momento hemos presenciado varios intentos de renovación en el arranque de la nueva temporada. Hemos visto a los Dunphy en clase (por fin), y a los adultos en sus respectivos lugares de trabajo, escenarios que deberían explorarse más a menudo para al menos generar la ilusión de cambio y evolución sin la que Modern Family no será capaz de sobrevivir mucho tiempo más.

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Comentarios (4)

 

  1. Juan Naranjo dice:

    Amén a todo.

  2. David Sancho dice:

    Estoy de acuerdo con los contras pero no tanto con los pros.

    De los actores, Ferguson y Vergara me cansan muchísimo, y a la mayoría de los niños “I would put them into the system”, como suelen decir por allí.

    Con respecto al último pro, reconozco que a mi es complicado tocarme la fibra sensible, pero es que Modern family se queda siempre a años luz de hacerlo.

    Por otro lado voy a reconocer un par de cosas:

    1. Ty Burrell me parece muy bueno y me suelo echar unas risas con él.
    2. Le tengo odio mayor al merecido por haber ganado tantos premios mientras que mi favorita, Community, no estaba ni entres las nominadas.

    • Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

      David, entiendo que se le coja manía por ser la favorita casi por defecto, habiendo otras comedias mucho más inteligentes (Community, Parks) que ni se les pasa por la cabeza premiar porque está esta.

  3. Ahá dice:

    Lo de que no se besen a mí también me chirría sobremanera!

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