Crítica: El quinto poder

THE FIFTH ESTATE

La truculenta historia de Julian Assange y su Wikileaks pedía a gritos ser adaptada para el cine, cuanto antes mejor. Lo ideal habría sido que David Fincher se hubiera encargado de El quinto poder (sí, reconozco que después de La red social no imagino a otro director en este tipo de proyectos), pero el elegido para ficcionalizar los hechos reales que agitaron el mundo (¿y lo cambiaron?) hace apenas tres años fue Bill Condon, un director cuya carrera despegó con la interesantísima Dioses y monstruos (1998) y se desvaneció poco a poco entre proyectos sin personalidad. Así hasta llegar a los dos últimos capítulos de la saga Crepúsculo. No deberíamos juzgar a un director por sus errores pasados, pero es inevitable valorar una película según este reincida en ellos. Y el mayor problema de El quinto poder es su falta de identidad. Es descentrada, caótica, carente de propósito definido. Como la carrera de su director. No puede ser casualidad.

Cartel-EL_5_PODER-bPara ser una película basada en acontecimientos muy recientes y querer hablarnos de un nuevo estado o era de la informaciónEl quinto poder desprende un aroma inconfundible a fórmula de toda la vida. Lo que han hecho Condon y Josh Singer (guionista de series como Fringe o El ala oeste de la Casa Blanca) es tomar como referente las novelas Wikileaks: My Time with Julian Assange at the World’s Most Dangerous Website y Wikileaks: Inside Julian Assange’s War on Secrecy para compendiar y tamizar la información más conveniente para ellos y poder realizar así un biopic a la vieja usanza -uno en el que además asoma la sombra de Aaron Sorkin. No importa que se nos bombardee con imágenes de archivo y ensoñaciones cibernéticas en un montaje “moderno”, ni que se reflexione (bastante superficialmente) sobre la llegada de un “nuevo mundo” y las amenazas que esto conlleva, El quinto poder no es más que un thriller corriente y moliente incapaz de transmitir inmediatez o trascendencia.

Sin embargo, Condon cuenta con una baza que eleva de categoría su película: Benedict Cumberbatch. Este admirado actor británico habita realmente su personaje para ofrecernos todo un recital interpretativo (como hace con Sherlock, y como hizo con Khan, de lo mejorcito de Star Trek en la oscuridad). La personalidad de Assange es uno de los aspectos más atractivos de esta historia, y afortunadamente, el personaje está muy bien caracterizado (física y psicológicamente). ¿Héroe o psicópata? ¿Genio o terrorista? Cumberbatch compone con habilidad -y con ayuda de las canas y su inconfundible voz- un personaje complejo e inquietante, un geek misántropo y egocéntrico (como el Mark Zuckerberg de Fincher) que nos despista, nos engaña, y esporádicamente nos fascina. Sin restar mérito al siempre correcto Daniel Brühl, que con su Daniel Domscheit-Berg aporta el contrapunto perfecto a Cumberbatch -además de tensión sexual no resuelta y toneladas de subtexto gay. Por desgracia, el resto de la película no está a la altura del trabajo de Cumberbatch y Brühl y su apasionada historia de amor rivalidad moral.

Valoración: ★★★

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