Crítica: Prisioneros

Prisioneros Hugh Jackman

Ningún hombre, por muy normal, por muy bondadoso que sea, está completamente libre de convertirse en un monstruo ante determinadas circunstancias. Esta es la idea que pone en marcha Prisioneros, la nueva película de Denis Villeneuve (Incendies), un thriller de misterio que da comienzo con el rapto de dos niñas de un barrio residencial. La calma y el silencio en el que desaparecen como si se las hubiera llevado el viento se transforma pronto en una violenta tormenta, y las dos familias se sumen en el caos y la desesperación mientras la policía lleva adelante una investigación para dar con ellas. Sin embargo, uno de los padres, Keller Dover (Hugh Jackman), cree ir un paso por delante y se niega a esperar sentado viendo cómo el transcurso de los días disminuye las esperanzas de encontrar a las niñas con vida.

La insoportable tensión in crescendo y la sobriedad en la realización de Prisioneros nos recuerda indudablemente al David Fincher de Zodiac, película con la que guarda bastantes similitudes formales y temáticas (y con la que comparte a Jake Gyllenhaal). Villeneuve diseña cuidadosamente un rompecabezas (o un laberinto) con el que la desesperación también se apodera de nosotros cuando las piezas no encajan del todo. Mientras, Keller nos conduce en su descenso hacia la deshumanización, a la destrucción casi total de su moralidad, planteando cuestiones que no podremos evitar aplicarnos a nuestras propias (hipotéticas) experiencias. Hugh Jackman personifica el terror y la angustia más insondable con una apabullante y visceral interpretación que nos desvela (una vez más) su enorme versatilidad como actor.

Prisioneros cartel españolPero el resto del reparto (de prisioneros) está a la altura. Jake Gyllenhaal construye uno de los personajes más sólidos de su carrera, un hombre cuyos fantasmas nunca llegan a salir a la luz, a pesar de que podemos verlos asomar en su rostro constantemente gracias a una interpretación llena de matices. Maria Bello, Viola Davis y Terrence Howard representan los distintos grados de desolación e impotencia ante la situación. Son padres que, al contrario que Keller, actúan con normalidad, se sientan a ver el tiempo pasar lentamente, se meten en la cama esperando a que la pesadilla acabe y la policía les devuelva a sus hijas sanas y salvas. Los tres muestran un interesante rango de emociones y reacciones que aportan el contrapunto necesario al personaje de Jackman. Por otro lado tenemos a un sobresaliente Paul Dano dando vida a uno de esos seres extraños que nació para interpretar, y a Melissa Leo, que desafortunadamente es el eslabón más débil de la película.

Prisioneros es un thriller austero y crudo con cierto aire de clásico americano en el que vamos experimentando de primera mano cómo se derrumba todo alrededor de los personajes. Sin embargo, a medida que se va arrojando luz sobre el misterio, y el puzle empieza a completarse, la película se sume irremediablemente en el déjà vuPrisioneros navega constante y peligrosamente entre lo sublime y lo convencional, entre el drama psicológico más absorbente y el whodunnit más predecible. Al final, Villeneuve no puede evitar caer en las redes de lo común, y después de más de dos horas manejando la tensión con gran maestría, procede a desenlazar el relato atando cabos sin fuerza, dejando agujeros destapados a su conveniencia (¿por qué un policía va a todas partes solo durante la investigación a pesar del peligro?) y desvelándonos que, después de todo, quizás lo que estábamos viendo no era tan extraordinario como creíamos.

Valoración: ★★★

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