Crítica: The Bling Ring

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Hace mucho tiempo que los diamantes dejaron de ser los mejores amigos de las chicas (y algunos chicos). Ahora lo son Herve Leger, Dior, Louis Vuitton o Rick Owens. En The Bling Ring, Sofia Coppola reconstruye la historia real de un grupo de adolescentes angelinos que entre 2008 y 2009 allanaron las lujosas moradas de varias celebridades de Hollywood, robando piezas de los mencionados diseñadores (entre otros) por valor de varios millones de dólares. Coppola retoma con su nuevo trabajo, basado en el artículo de Vanity Fair “Los sospechosos llevaban Louboutins”, la obsesión por los niños mimados que desató en la dulcemente anacrónica Maria Antonieta (2006).

Más corrosiva que nunca (aunque no lo parezca a simple vista), la directora de Lost in Translation elabora con The Bling Ring un divertido, descorazonador, y a ratos aterrador tratado sobre el culto a la fama y el lujo a través de un grupo de adolescentes cegados por el destello y la ostentación de las marcas de alta costura. Niñas (y un niño) pertenecientes a familias acomodadas, “educadas” en casa con chándals de Juicy Couture y alfabetizadas gracias a sus manuales de papel couché y revistas de moda de dos kilos y medio. Manteniendo una distancia prudencial con su discurso (que puede confundirse con reivindicación o admiración), y sin querer sacar grandes conclusiones sobre una generación (pero casi haciéndolo), Coppola satiriza sobre el vacío existencial de unos chavales definidos y anulados por sus parafilias.

En The Bling Ring nos encontramos con una directora segurísima de sí misma, despojada por completo de cualquier tipo de restricción o preocupación por el qué dirán. El resultado es una película tan libre como centrada y concisa, en la que la directora fluctúa entre lo superficial y lo trascendental, jugando a despistar y dejando al espectador la labor de emitir (el único posible) juicio moral sobre los actos de estos delincuentes con gafas parabólicas. Algo que además el mundo ya hizo hace unos años. Claro que salta a la vista que Coppola no trata a Rebecca, Nicki, Chloe, Sam y Marc de la misma manera que a otras adolescentes de su obra. Si con las Lisbon o Maria Antonieta la directora buscaba la compasión y la indulgencia del espectador (ser adolescente es una lata), con la pandilla de The Bling Ring nos invita a reírnos de ellos, a pesar de que existe cierta voluntad de explicar y entender su comportamiento.

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Destaca una inmensa Katie Chang como Rebecca, el cerebro (es un decir) de la operación, mientras Israel Broussard, Marc, construye un personaje entre lo patético y lo lastimero (“siempre fui consciente de que no era tan atractivo como los demás”) y Emma Watson se lo pasa en grande (a pesar de sus problemas con el acento) con su caricaturesca Nicki. Chloe (Claire Julien) y Sam (Taissa Farmiga) completan el círculo (sin olvidar a la madre de Nicki y Sam, hilarante Leslie Mann). Junto a ellos nos adentramos en las casas de Paris Hilton, Rachel Bilson o Megan Fox, y mediante una estructura basada en la repetición, filmada con suma elegancia (ese plano secuencia lejano de una de las mansiones mientras los chicos la saquean), vamos descubriendo el hastío que en realidad los rodea y el abismo en el que se precipitan. La película se revela poco a poco como un ejercicio de observación antropológica que nos abre los ojos y nos recuerda lo increíblemente estúpida que es nuestra obsesión por la fama.

A pesar de que se puede aplicar a muchas áreas de la cultura occidental, The Bling Ring es una fábula sobre una fauna muy concreta de Los Ángeles, la generación The Hills, cabezas de chorlito que viven en una parcela separada de la realidad, entre frappucinos, clubs exclusivos y más de mil amigos en Facebook. Con su comportamiento justifican la existencia de los famosos por combustión espontánea, frivolizando el crimen amparados por una sociedad que convierte a maltratadores y asesinos en iconos pop (antes presidiaria que anónima). Bajo una irresistible estética y con ayuda de una excelente banda sonora (como es habitual), Coppola oculta a plena vista un deprimente discurso sobre el desolador vacío cultural que acecha a los jóvenes, a la vez que reflexiona acerca de la presión que los medios ejercen sobre ellos, y sobre todo, de la inmensa fragilidad de la amistad durante la adolescencia.

Valoración: ★★★★

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