Crítica: Las brujas de Zugarramurdi

Hugo Silva Mario Casas Las brujas de Zugarramurdi

Después de confraternizar con el Diablo en El día de la bestia, Álex de la Iglesia perdió el contacto con él. Lo recupera (bueno, más bien a algunas miembras de su familia) para Las brujas de Zugarramurdi, la nueva chifladura de uno de los directores más personales e intransferibles de nuestro cine. De nuevo junto a sus musas Carmen Maura (con la que hizo la que sigue siendo la mejor película de su filmografía, La comunidad), Terele Pávez y Carolina Bang, De la Iglesia nos propone un viaje alucinante a la España profunda salpicado de vísceras, fluidos corporales y mucha mala leche. Las brujas de Zugarramurdi es una comedia de terror infecta y excesiva, como debe ser.

Acompañamos a Hugo Silva y Mario Casas, dos ladrones de poca monta, desde el mismísimo corazón de Madrid, la Puerta del Sol -con su laísmo, sus Bob Esponjas y Mickey Mouses falsos y sus “compro oro” a cada dos pasos- hasta el pueblo de Zugarramurdi, donde viven las brujas. Un recorrido que documenta las miserias de nuestra absurda y precaria realidad, y que nos conduce a una España estancada en el VHS y Jose Luis Moreno, un destino final donde todo está podrido, lleno de telarañas y manchas secas de heces, un agujero negro de progreso en el que solo una criatura es capaz de prosperar: la mujer. Porque “la mujer fue hecha a imagen y semejanza de Dios”, y el trío lalalá formado por Maura, Pávez y Bang son las brujas que se comen todo y a todos con tal de recuperar el lugar que les pertenece en el mundo.

Las brujas de Zugarramurdi Carmen Maura

Las brujas de Zugarramurdi está dividida en tres secciones algo irregulares entre sí. De la primera parte destaca el excelente dúo cómico formado por Silva y Casas (del que sobresale Casas), responsables de los mejores diálogos de la cinta (problemas de vocalización aparte). El arranque de la película es toda una declaración de intenciones (un Jesucristo plateado y un soldado de juguete atracando una casa de empeños). A partir de ahí, los acontecimientos se suceden sin pausa hasta que nos adentramos en la mansión de las brujas y asumimos que todo es posible. La comedia de De la Iglesia es dinámica, explosiva, y nos depara los mejores Las brujas de Zugarramurdi cartelmomentos cuando Maura aparece para reclamar su trono. Pávez está sensacional, como siempre (Marutxi, te quiero, adóptame). Bang está todo lo explosiva que no fue capaz de estar en Balada triste de trompeta. Pero Maura es mucha Maura. Solo con ver a esta matriarca adoradora de la Venus de Willendorf caminando por el techo, dándonos un sublime monólogo de la súper-vagina o imitando el grito de guerra de Xena la princesa guerrera merece la pena la experiencia.

Por desgracia, Las brujas de Zugarramurdi no logra aguantar el tipo hasta el final. A pesar del apoteósico (y asquerosísimo) clímax, un aquelarre/botellón medieval en el que salta a la vista el desorbitado presupuesto y donde se nota la afición del director por cosas como Los Goonies o Jurassic Park (impresionantemente bueno el CGI de la Venus), De la Iglesia acaba perdiendo el norte del relato y no tiene ni idea de cómo cerrarlo. Pero bueno, se lo permitimos porque hacía tiempo que no nos divertía tanto, que no nos contaba una historia con la demencia y el gusto de antaño por la guarrería y la costra. Las brujas de Zugarramurdi nos devuelve al De la Iglesia que más nos gusta, y además llega en el momento más adecuado, cuando nuestra increíblemente surrealista y arcaica realidad pide a gritos un gran aquelarre que acabe con todo y con todos e instaure un nuevo régimen: el de Carmen Maura.

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Comentarios (2)

 

  1. Juan Pazos dice:

    Aparentemente todo el mundo cree que estoy mal de la cabeza pero esta película me parece tremendamente misógina, de manera explícita y consciente y yo a eso no le veo la gracia. En cualquier caso aunque no fuese así la última media hora me parece de vergüenza ajena, mal remate que acaba de hundirse en ese epílogo infumable que no tiene más explicación que “y ahora cómo salimos de esta, Jorge Guerricaechevarría? Pues de cualquier manera, Álex, de cualquier manera. Ah, pues venga” Fatal sin redención.

  2. sallylastradesolteradraper dice:

    Es una maravilla recuperar a De la Iglesia. Divertidísima y PARA NADA misógina.

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