Breaking Bad: Consecuencias

Breaking Bad 1

Breaking Bad es la mejor serie de la historia de la televisión”. Durante estos dos últimos meses ha sido imposible no encontrarse con esta aseveración en todos los medios, en conversaciones, en redes sociales. Lo que está claro es que la recta final de la serie creada por Vince Gilligan ha marcado el pulso seriéfilo este año. No sé si será realmente la mejor serie de la historia (y no creo que debamos preocuparnos demasiado por esta cuestión que no nos va a llevar a ninguna parte), pero lo que sí podemos asegurar es que Breaking Bad ha supuesto el perfeccionamiento del formato serial televisivo. Que no es lo mismo, pero casi.

Lo que ha contribuido en mayor medida a que Breaking Bad se gane su merecido lugar en el panteón de la televisión es que se ha marchado en su punto más álgido. Es algo de lo que la mitad de las series se vanaglorian al concluir su emisión, pero que casi nunca es cierto. La última temporada de Breaking Bad (dividida en dos tandas que se han emitido en 2012 y 2013) ha sido la culminación de un impresionante trabajo de planificación narrativa de cinco años, un desenlace perfecto (quizás el adjetivo que más leeréis en relación a ella) para una serie que empezó de manera discreta y ha acabado consumiéndonos por completo. La audiencia ha demostrado su pasión por la serie pulverizando semana tras semana todos los récords de audiencia. Y no es que Breaking Bad haya sabido cuándo parar antes de que fuera demasiado tarde, es que Gilligan y su equipo han tenido localizado en todo momento su final, demostrando que lo que los ha movido todo el tiempo ha sido única y exclusivamente la historia.

Breaking Bad 3

Como The Wire (David Simon, HBO), Breaking Bad es mucho más que una serie, es un macrorrelato que aprovecha el formato por entregas para contar de la manera más exhaustiva posible una historia compleja, sin perder de vista en ningún momento la visión de conjunto, el big picture que dirían los angloparlantes. A pesar de las ramificaciones, Breaking Bad siempre ha sido la historia de Walter White, el truculento viaje de un hombre normal y corriente que se convierte en capo de la droga, el retrato de una deshumanización progresiva, del nacimiento y crecimiento de un monstruo en el que Gilligan ha proyectado todos nuestros males. Hemos visto pocas cosas en televisión tan centradas, tan capaces de involucrar emocionalmente a la audiencia de esta manera.

Si algo salta a la vista es que Breaking Bad está hecha con pasión. La atención al detalle, la cuidada fotografía, la selección musical, los juegos cromáticos, la incansable búsqueda de nuevos y originales puntos de vista. Cada uno de los planos de esta serie rezuma amor, no solo por la historia que se está contando, y sus personajes, sino también por el medio televisivo -algo que no nos debe extrañar viniendo de uno de los responsables de otro gran ejercicio de pasión de/por la tele, Expediente X. Es obvio que Gilligan se ha asegurado por todos los medios de que su serie deje huella en la cultura y la memoria colectiva. El icónico atuendo y apariencia física de Heisenberg, la importancia de los objetos (la caravana, el oso de peluche, los monos de trabajo amarillo y las máscaras de gas, el cigarrillo), y las frases célebres (“I am the one who knocks”, “I am the danger”, “Say my name”, “yo, bitch”) manifiestan este deseo por perdurar en la historia. Dentro de unos años comprobaremos si lo ha conseguido, y hasta dónde alcanzará su legado.

Breaking Bad 2

Breaking Bad ha sido una serie arriesgada, y aunque la experimentación no siempre ha dado los mejores resultados (a veces cuesta justificar el vicio videoclipero de Gilligan), se la ha jugado, y ha salido victoriosa. Como Mad Men, otra serie de AMC, Breaking Bad puede alardear de haber prosperado en todo momento, de haber sabido cambiar. Ha esquivado el mal del “progreso estancado” que afecta a todas las series, sin miedo a avanzar, a tirarse a la piscina, transcendiendo así los límites del formato serial. En definitiva, Breaking Bad ha supuesto un in crescendo de cinco temporadas que ha demostrado a los ejecutivos de la tele que la clave del éxito no reside en ofrecer siempre lo mismo, sino en saber evolucionar.

Breaking Bad también se caracteriza por su capacidad para afectar a su audiencia a niveles físicos. Gilligan ha establecido una férrea conexión con sus espectadores, a los que ha tenido atados de pies y manos durante años. Cuando llegan capítulos como “Ozymandias” (5.14) ya no podemos (ni queremos) escapar. Llevamos a Walter y a todas sus víctimas muy dentro, y el dolor es inevitable. Con esa inolvidable hora de televisión estalla un clímax emocional y psicológicamente agotador que culmina en “Felina” (anagrama de finale). Con magnífico temple y tensión contenida, todos los frentes en la historia de Walter White encuentran su cierre. Y todo, absolutamente todo, se reduce a dos frases dirigidas a su mujer, Skyler, durante su último encuentro con ella: “Lo hice por mí” y “Estaba vivo”. La confesión de Walter nos descarga a todos de esa insoportable presión en el pecho que llevábamos mucho tiempo sintiendo. No cabe duda, Breaking Bad ha terminado.

Breaking Bad 4

Breaking Bad nos ha hablado sobre todo de decisiones y consecuencias, así como de la naturaleza misma del bien y del mal, a través de un hombre cuyo diagnóstico de cáncer lo libera del yugo de la cotidianeidad para desatar en última instancia a un monstruo que destruye todo lo que le rodea. Y paralelamente, de un joven mártir que representa la esperanza de que ese monstruo no resida aletargado en todos nosotros. Así, la fascinante relación entre estos dos personajes (y la constante colisión de esos dos conceptos) engloba la esencia de Breaking Bad. Pero esto no es todo, por supuesto. Son demasiadas las implicaciones morales y los vericuetos psicológicos en los que se ha adentrado esta serie junto a estos personajes tan excelentemente caracterizados. Claro que estos no habrían adquirido tal profundidad y repercusión si no fuera por unos actores que han correspondido la enorme pasión por la obra de su creador con encarnizadas y magistrales interpretaciones (nunca habrá suficientes elogios para Bryan Cranston, Aaron Paul y Anna Gunn). Ellos forman parte esencial del enorme poder icónico de una serie que será recordada no solo por la transformación de sus personajes, sino por haber supuesto una pieza clave en la transformación misma de la televisión. Esa es la mayor consecuencia de Breaking Bad.

Etiquetas: , , , , ,

Comentarios (1)

 

  1. Pablo dice:

    Sí a todo.

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas